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    Tuvo una doble vertiente, por un lado la aceptación de algunos cultivos originarios del continente americano, que contribuyeron a mejorar la alimentación no solo de los españoles, sino también de los europeos, y, por otro, las consecuencias económicas que tuvo para España el intenso comercio con América y la llegada de metales preciosos de cantidades notables.

    En lo que respecta al primer aspecto, de América fueron progresivamente introducidos el maíz, la patata, el tomate o el tabaco. Especialmente el maíz y la patata sirvieron para paliar el hambre de zonas donde los cereales de zonas templadas como el trigo o la cebada no se daban.

    Respecto al segundo aspecto, toda Europa estaba pendiente de la llegada de las flotas procedentes de América. Tras el descubrimiento de América, el centro de las rutas comerciales europeas, localizado en el Mediterráneo, se trasladó al Atlántico, donde los puertos de Sevilla, Lisboa y Amberes concentraron la actividad comercial mundial. Por otra parte, las necesidades del mercado americano, que España por sí sola no podía abastecer, estimularon el desarrollo de la industria naval y textil en Europa, contribuyendo a la llamada

    , tesis planteada por Hamilton, según la cual, la afluencia de metales preciosos produjo la elevación de los precios, que se cuadruplicaron en un siglo, comenzando en España y causando su colapso durante el reinado de Felipe II.

    : Fue creada por los Reyes Católicos en 1503 y residió en Sevilla, hasta que en el siglo XVIII fue trasladada a Cádiz. Se trataba de una institución mercantil monopolística que organizaba y controlaba todo el comercio con América. Estaba regida por un administrador, un tesorero, un contador y algunos letrados. Se convirtió, además, en un centro científico, que contaba con un piloto mayor que enseñaba el arte de la navegación, y con un cosmógrafo que confeccionaba mapas e instrumentos náuticos.

    : En un principio los asuntos de América dependieron del Consejo de Castilla, hasta que en 1524 Carlos V creo el Consejo Real y Supremo de las Indias. Era superior a la Casa de Contratación, y además de organismo administrativo era el tribunal supremo para los asuntos de América y ejercía funciones legislativas. Estaba regido por un presidente y por consejeros formados en las universidades. No tenía residencia fija y se trasladaba con la Corte hasta que Felipe II fijó la capital en Madrid. Con los Borbones, el Consejo de Indias perdió importancia, siendo suprimido en las Cortes de Cádiz de 1812

    : Cuando Carlos V creó los Virreinatos de Nueva España y del Perú, no hizo sino trasladar a América una institución que ya existía desde los Reyes Católicos. En América, el virrey era el representante directo de la autoridad absoluta del monarca. Los virreyes pertenecían a la nobleza, su mandato no era vitalicio, y tenían atribuciones de Gobernador, Capitán General y Presidente de la Audiencia. Al final de su mandato estaban sometidos al juicio de residencia, que examinaba su actuación en el cargo. En el siglo XVIII se crearon dos nuevos virreinatos: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata.

    eran designados por el rey para gobernar las provincias por periodos de tres a ocho años, siendo sus atribuciones de carácter administrativo, judicial, e incluso legislativo, previa confirmación real. El gobernador recibía también el título de Capitán general, ejerciendo funciones militares en la provincia. Posteriormente este título se reservó a las provincias fronterizas en peligro, denominadas Capitanías Generales.

    : Era un organismo dotado de atribuciones administrativas y judiciales, y, aunque inferior al virreinato, estaba llamado a ser el fundamento de la administración en Indias y la garantía del poder absoluto de los reyes en América. La primera Audiencia fue la de Santo Domingo, creada en 1511, en 1527 se fundó la de Nueva España para limitar los poderes de Hernán Cortés. En el siglo XVIII fueron catorce las audiencias que funcionaron en la América hispana

    eran distritos más pequeños que los virreinatos y las gobernaciones. Los corregidores o alcaldes presidían los cabildos o ayuntamientos. Como sucedía en España estas instituciones estaban controladas por las oligarquías locales integradas por españoles y sus descendientes.

    A la muerte de Fernando el Católico, solo el Caribe había sido colonizado y explotado, provocando la práctica desaparición de la población indígena y el agotamiento de sus recursos económicos. El paso siguiente fue la exploración y conquista del continente. El primero en atravesarlo fue Vasco Núñez de Balboa que, en 1513, llegó a la mar del Sur (océano Pacífico), confirmando que América era en realidad un continente separado de Asia por miles de kilómetros.

    , un hidalgo extremeño; luego quiso retirarle los poderes, pero Cortés se hizo elegir jefe por sus soldados, convertidos en vecinos de un municipio sobre el papel, que luego fue Veracruz. Desde aquí penetró hacia el interior con 400 hombres, 32 caballos y algunos cañones. En el camino hacia Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, se le fueron sumando guerreros tlaxcaltecas, deseos de combatir a los opresores aztecas. Moctezuma, el emperador de tan vasto imperio, los acogió con hospitalidad. Pero los españoles, sintiéndose asediados, hicieron una salida a la desesperada (Noche Triste, 30 de junio de 1520), rehaciéndose con refuerzos llegados de Cuba y derrotando a los aztecas en la decisiva batalla de Otumba (14 de julio de 1520), lo que le facilitó la conquista de Tenochtitlán, causando gran destrucción. Envió a Carlos V una fuerte cantidad de oro y plata, quien le reconoció como gobernador de las tierras conquistadas, nombrándole marqués del Valle.

    Durante varios años, Cortés ejerció una autoridad sin límite sobre el territorio al que se denominó Nueva España. Reconstruyó la capital, llamándola Méjico (México), y desde allí envió exploraciones al sur, para someter la América Central y otras hacia el norte, por la costa del Pacífico, hasta California. Su mandato terminó en 1537 cuando fue nombrado un virrey para el nuevo territorio. Cortés se retiró a Cajamarca.

    fue casi el único que siguió su ejemplo al adentrarse en el Imperio Inca con tan solo 180 hombres. Con un golpe de sorpresa se apoderó del Inca Atahualpa (15 de noviembre de 1532), causando el desconcierto en el imperio que se derrumbó al ser el poder de carácter centralista. Para su rescate, el Inca entregó para su rescate 6.000 kilos de oro y 12.000 kilos de plata, sin embargo Pizarro hizo ejecutar al Inca. El reparto de esta enorme cantidad está detrás de las guerras civiles que estallaron a continuación y que causaron la muerte de la mayoría de los jefes de la expedición, como Almagro o el propio Pizarro.

    Estos éxitos suscitaron muchas otras empresas, pero ninguna tan brillante como las dos anteriores. Gonzalo Jiménez de Quesada exploró y conquistó Colombia (Nueva Granada). Orellana, persiguiendo el mito de Eldorado, recorrió el Amazonas. Pedro de Valdivia conquistó Chile en 1541. Desde Perú los españoles llegaron a la llanura del Chaco (Bolivia) y se inició la exploración del Río de la Plata, fundándose en 1580 Buenos Aires.

    , que acumulaban los metales preciosos para enviarlos a España. Posteriormente comenzó la explotación de las minas de oro, pero debido a los altos costes, los reyes tuvieron que acudir a la iniciativa privada, favoreciéndose la creación de sociedades comerciales. Finalmente, se produjo el paso de la factoría comercial al

    Las tierras que pertenecían a los reyes por derecho de conquista, comenzaron a ser repartidas entre los conquistadores con carácter hereditario, pero no se permitía que se implantase el régimen señorial. Aunque los reyes trataron de mantener la mediana propiedad, no pudieron evitar que con el paso del tiempo se formaran grandes latifundios, que para transmitirlo a los herederos utilizaron la institución del

    Aunque en un principio Colón tuvo la pretensión de esclavizar a los indios, en 1500 los Reyes Católicos prohibieron esclavizar a los indios, obligando a devolver a América a los que aquí estaban. Carlos V volvería en 1530 a prohibir esclavizar a los indios, aunque ante las protestas de los colonizadores tuvo que revocar esta prohibición. Sin embargo, en 1542, las

    , como consecuencia de la falta de mano de obra que obligo a los españoles a servirse del trabajo indígena. A los colonos se les adjudicaba unas tierras para que las explotase, llegando a abusar de los indios, provocando enérgicas protestas como la del dominico Antonio de Montesinos. Las

    de 1512, establecieron los deberes de los encomenderos: enseñar a los indios la religión, alfabetizarlos, alimentarlos, reglamentar su trabajo y defender al indio contra los vicios. Pero los abusos continuaron, pese a las enérgicas protestas del padre Bartolomé de Las Casas. La encomienda se mantuvo hasta el siglo XVIII, cuando fue abolida.

    del Perú estaban integradas por indios nómadas que fueron adjudicados a los conquistadores como sirvientes. A pesar del carácter libre y voluntario, en la práctica los yanaconas se convirtieron en siervos unidos a la propiedad y con carácter hereditario.

    fueron establecidas por los conquistadores, imitando las que ya existían entre los indígenas. Consistían en el trabajo temporal de los indios en la explotación de las minas. Se reguló el trabajo, se reglamentó la jornada laboral y se estableció un salario fijo. A pesar de todo, este trabajo se hizo muy penoso para los indios, que vivían en condiciones tan desfavorables que la mortandad fue muy elevada, produciéndose la despoblación del altiplano peruano. Fueron dadas muchas reales órdenes para suprimir las mitas, pero la oposición de los colonizadores hizo que se mantuvieran hasta 1812, cuando fueron abolidas.

    Natural de Génova, apenas conocemos su biografía antes de su llegada a Portugal. En este reino casó y perfeccionó sus conocimientos sobre la esfericidad del planeta. Sus cartas con el sabio Toscanelli le permitieron establecer mediciones incorrectas que facilitaron el descubrimiento, pues calculó el diámetro máximo en 10.000 km menos del real. Expuso a Juan II, rey de Portugal, su idea de llegar a la India navegando hacia el oeste. Su rechazo provocó la marcha de Colón a Castilla. La primera entrevista con los Reyes Católicos tuvo lugar en 1476. Tras diversas juntas técnicas (que rechazaron también el proyecto), pero apoyado en miembros influyentes de la corte castellana, consiguió que los Reyes aceptaran el proyecto, firmándose en abril de 1492 las

    que a cambio de todas las tierras que descubriera, recibió el título de almirante de la mar océana, el de Virrey y gobernador de las nuevas tierras, la décima parte de los beneficios que obtuviera y el derecho a aportar la octava parte del capital necesario para la expedición, recibiendo además una octava parte de los beneficios.

    Firmadas las Capitulaciones, se buscó el capital necesario: La reina aportó 1.140.000 maravedíes, prestados por Luís de Santángel y garantizados con los fondos de la Santa Hermandad, con ellos se pagaban los sueldos, incluido el de Colón y se dotaba a la nao Santa María; Colón aportó 500.000 maravedíes prestados. Los vecinos de Palos de la Frontera pusieron, en concepto de multa, dos carabelas y el resto fue aportado por banqueros y mercaderes italianos. La Santa María, propiedad de Juan de la Cosa era la nao capitana y su piloto fue el mismo Juan de la Cosa. La Pinta era propiedad de Cristóbal Montero, su capitán fue Martín Alonso Pinzón, siendo su piloto su hermano Francisco Martín Pinzón; mientras que la Niña, propiedad de Juan Niño, llevaba como capitán a Vicente Yáñez Pinzón y como piloto a Pedro Alonso Niño.

    La expedición salió el 3 de agosto del puerto de Palos; llegó a Gran Canaria el día 9; después de un mes aprovisionándose y reparando desperfectos en la Pinta y la Niña, salieron de San Sebastián de la Gomera el 6 de septiembre. 36 días después, el 12 de octubre de 1492 llegan a la isla de Guanahani (San Salvador) en el archipiélago de las Lucayas (Bahamas, hoy isla Watling) Después recorrió la isla de Cuba y la Española. Las ocupó en nombre de los Reyes Católicos y regresó tras perder a la nao Santa María en Haiti y dejar una pequeña guarnición al mando de Diego de Arana. Separadas la Pinta y la Niña llegaron al puerto de Palos con una diferencia de horas el 15 de marzo de 1493.

    La información dada por Colón al rey portugués tras su arribo a Lisboa, abrió el debate sobre las estipulaciones del tratado de Alcaçovas. Mientras tenían lugar las negociaciones con Portugal los reyes organizaron una

    favorecía a Castilla. Un nuevo Tratado, el de Tordesillas (1494) permitió a los portugueses colonizar Brasil. En el segundo viaje Colón descubrió las Pequeñas Antillas, Puerto Rico y Jamaica, regresando en julio de 1496. Los reyes no volverían a patrocinar ningún viaje más.

    . Descubre la isla Trinidad y las bocas del Orinoco, recorrió también las islas del Golfo, la península de Paria y la isla Margarita, tocando el continente. Sus escasas dotes como gobernante provocaron la llegada de un comisionado real, Francisco Bobadilla que devolvió encadenados a España a Colón y a su hermano Bartolomé. Los reyes lo liberaron cuando llegó a España.

    En líneas generales, los Reyes Católicos siguieron la orientación mediterránea y antifrancesa de la corona de Aragón por un lado y, por otro, las aspiraciones norteafricanas y atlánticas de la corona de Castilla.

    Italia, en el siglo XV es un territorio dividido y débil, que se convierte en el escenario del deseo expansionista de Francia y Aragón. Para Francia suponía la supervivencia política en el Mediterráneo, asediada como estaba por la corona de Aragón, para ésta en cambio era vital su control para el comercio mediterráneo.

    tendrá lugar cuando Carlos VIII, rey de Francia, tras conseguir la neutralidad de Fernando el Católico devolviéndole los condados del Rosellón y La Cerdaña, invada Nápoles. Sin embargo, en el tratado firmado (Barcelona, 1493), Fernando dejó una cláusula confusa por la cual el rey francés debía abstenerse de invadir ningún territorio del Papado. Como Nápoles era feudo del Papa, Fernando alegó la cláusula anterior para formar una Liga con todos los estados italianos (Papado, Nápoles, Génova, Milán y Venecia), Inglaterra y el Imperio alemán y se enfrentó a Francia. Carlos VIII no tuvo más remedio que retirarse, dejando que el anterior monarca napolitano, Ferrante, ocupara de nuevo el trono. Para reforzar la alianza con Inglaterra y el Imperio los Reyes Católicos casaron a dos de sus hijos, Juan y Juana con los del emperador Maximiliano (Margarita y Felipe) y Catalina con Arturo, príncipe de Gales, a cuya muerte, volvió a casarse esta vez con el futuro Enrique VIII.

    también surge como consecuencia de un tratado, el de Granada (1500), por el que el nuevo rey Luis XII se dividía Nápoles con el rey aragonés. Una vez conquistado el reino, las disputas por los límites entre ambos territorios, volverá a enfrentarlos. Los recién creados tercios del Gran Capitán derrotaron a los franceses en Seminara, Ceriñola y Garellano (1503). Después de la toma de Gaetta, se produce la rendición de los franceses y Nápoles queda bajo dominio hispano, reconocido en el Tratado de Blois (1505), firmado con motivo de la boda de Fernando el Católica con Germana de Foix, sobrina del rey francés.

    Sus intereses norteafricanos chocaban con los de Portugal, presente en Ceuta desde 1415. El Tratado de Tordesillas (1494) firmado entre ambas naciones dejó las manos libres a Castilla para expansionarse por el norte de África a excepción de Ceuta. En 1497, Pedro de Estupiñán, con naves del duque de Medina Sidonia ocupó Melilla. En 1508 una flota castellana se apoderó del Peñón de Vélez de la Gomera.

    Un nuevo tratado, el de Sintra (1509) entregaba a Castilla el territorio situado 6 leguas al este de dicho Peñón. En 1509, una expedición enviada por el Cardenal Cisneros ocupó Orán; en 1510 conquistarían Bugía y Trípoli, sometiéndose a vasallaje a los reinos de Tremecén, Argel y Túnez.

    La unión personal entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (V de Castilla) se convirtió en una unión política que planteaba tres objetivos comunes para los dos coronas: el dominio peninsular, la unidad religiosa de sus súbditos y la centralización del poder, procurando reducir la influencia de los nobles, protagonistas de revueltas en los reinados anteriores contra la autoridad real.

    Pero el acuerdo no supuso la unidad territorial e institucional de ambas coronas, que mantuvieron sus instituciones políticas, su sistema de recaudación de impuestos, sus monedas, sus lenguas, sus leyes, sus aduanas y sus costumbres. Legalmente, los súbditos de una corona eran considerados extranjeros en la otra.

    , las Cortes castellanas, constituidas por representantes de la nobleza, del clero y de algunas ciudades, perdieron importancia y fueron convocadas en escasas ocasiones. Para aumentar el control sobre el reino se crearon los

    , que tenían funciones legislativas y judiciales, estaban integrados por letrados y dependían directamente de la corona, como el Consejo Real de Vastilla, creado en 1480 como órgano central de gobierno del reino; el Consejo de la Santa y Suprema Inquisición o Santo Oficio (1483), el Consejo de las Órdenes Militares (1498) y los Consejos de la Cruzada (para recabar fondos que emplear en la guerra de Granada) y de la Santa Hermandad (creado este último para perseguir el bandidaje). Para hacer más eficaz la recaudación de impuestos se reforzó la

    , creado en 1494 como un organismo consultivo para el gobierno de la corona y, en algunos reinos, actuaba también como tribunal supremo de justicia. En el gobierno de las ciudades, Fernando II introdujo el sistema de la insaculación o sorteo para la elección de los cargos municipales, pretendiendo así limitar el poder de las oligarquías urbanas.

    o Santo Oficio, que era un tribunal eclesiástico encargado de velar por la ortodoxia de la fe católica. Con el tiempo, la Inquisición actuaría muchas veces más como instrumento político de la monarquía que como tribunal religioso.

    Buena parte de la población aborigen murió o fue vendida como esclava. Reemplazada por castellanos, extremeños, andaluces, gallegos, catalanes, portugueses o genoveses más algunos esclavos negros o musulmanes, pronto se inició un intenso mestizaje, de tal modo que 30 años después de la conquista apenas había unos 6.000 guanches puros.

    La tierra fue repartida en plena propiedad entre los inmigrantes y los nativos que habían colaborado con la corona. Se cultivaron productos de subsistencia (cereales, viñedos) y otros dedicados a la exportación, especialmente la caña de azúcar. También floreció el comercio tanto hacia la Península como hacia América

    En las islas de realengo se nombró un Gobernador General con autoridad en Gran Canaria y un Adelan-tado en Tenerife y La Palma. La organización territorial se ajustó al modelo de los concejos castellanos, regidos por las oligarquías locales. En las islas de señorío era el señor quien ejercía todas las funciones gubernativas y las judiciales hasta que les fueron retiradas, cuando en 1526 se creó la Audiencia con competencias para todo el archipiélago.

    Con la idea de normalizar las relaciones con Portugal tras el enfrentamiento habido durante la guerra de sucesión a la corona de Castilla, los Reyes Católicos iniciaron un acercamiento tras el tratado de Alcaçovas, pensando en un largo periodo de paz con Portugal. A su hija mayor Isabel la prometieron en matrimonio al príncipe Alfonso, muerto éste, se concertó su matrimonio con el nuevo heredero, Manuel, que se hizo efectivo en 1496; al año siguiente Isabel fue nombrada heredera de Castilla por la muerte de su hermano Juan. Pero ese mismo año Isabel muere de sobreparto y su hijo, el príncipe Miguel, fue proclamado heredero de Castilla, Aragón y Portugal. Sólo vivió dos años y, entonces, su padre, el viudo rey Manuel se casó con María, otra hija de los Reyes Católicos, en 1500. De este matrimonio nacería la futura emperatriz Isabel, esposa de Carlos V y madre de Felipe II, a quien otorgó el posible derecho sucesorio a la corona portuguesa.

    el recelo portugués que alegaba el tratado de Alcaçovas para adjudicársela. Castilla que alegaba que dicho tratado sólo se refería a África, solicitó el arbitraje del papa Alejandro VI. La bula

    dividía verticalmente el planeta a partir de una línea situada a 100 millas al oeste de las islas Azores. Como Portugal siguiera protestando, un nuevo tratado, el de Tordesillas (1494), fijó la línea de ambas influencias a 270 leguas al oeste, lo que permitiría a los portugueses la colonización de Brasil.

    a) Medieval (1481/1484). Comienza con la ocupación de Zahara por el rey nazarí Abul Hassan. El peso de la guerra lo llevan los nobles: como respuesta a la agresión granadina, el marqués de Cádiz ocupa Alhama (El fracaso de Abul Hassan al intentar recuperar Alhama le llevará a perder el trono de Granada que pasa a su hijo Boabdil), pero los nobles cristianos serán derrotados en Loja y en la Axarquía.

    b) Moderna (1484/1491). Los Reyes Católicos deciden intervenir utilizando la infantería apoyada por la artillería. En 1484 cae Alora (Málaga) y en 1485 Ronda y Marbella. En 1487 comienza el avance desde Murcia sobre Almería. En 1489 ocupan Baza, Almería capital y Guadix. Comienza el asedio de Granada con la construcción del fuerte de Santa Fe, al que se trasladan los reyes.

    c) Fin de la guerra (1492). El 2 de enero de 1492 Boabdil entrega la ciudad. Es de destacar en las dos últimas fases de la guerra la actuación de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) al frente de las tropas castellanas.

    En 1512, el rey Fernando el Católico, en continuo conflicto con Francia por Italia, el Rosellón y La Cerdaña, decide intervenir en Navarra, aprovechándose de la división interna que había en este reino. Su posición, al este de Aragón y al norte de Castilla, suponía una amenaza para sus reinos en caso de que los franceses quisieran utilizar Navarra como paso para sus ejércitos. Por ese motivo, envía al duque de Alba a conquistarla. La ocupación de su capital, Pamplona supone la anexión de Navarra al reino de Castilla y la expulsión de los Albret, partidarios de la unión a Francia. Navarra conservaría su autonomía legislativa, económica e institucional.

    En Castilla, Enrique IV (1454/1474) está enfrentado a la nobleza, apoyada por los infantes de Aragón. Tras la “Farsa de Ávila” (1465) por la que los nobles sublevados habían proclamado rey a su hermanastro Alfonso, que entonces tenía 11 años, se inicia una guerra civil. Tres años después, muere Alfonso y la nobleza, dividida, proclama herederas del reino a Juana, la hija del rey y a Isabel, hermana de Alfonso y, por tanto, hermanastra de Enrique. Ante lo debilitada de su posición y las acusaciones de que Juana no es hija suya, Enrique firma con los partidarios de Isabel el Tratado de los Toros de Guisando (1468) por el que Isabel es nombrada heredera del trono de Castilla. Un año después, Isabel se casa en secreto con Fernando, el heredero de la corona de Aragón, provocando el rechazo de Enrique IV, que vuelve a nombrar heredera a su hija Juana.

    En Aragón, Juan II, por su matrimonio con Blanca de Navarra, fue proclamado rey de Navarra. A la muerte de su mujer no entregó el reino al legítimo heredero, su hijo Carlos de Viana, iniciándose una guerra civil, que acabó con la derrota de los partidarios de su hijo, los beaumonteses. A la muerte de su hermano, Alfonso V, Juan II se convierte en rey de la corona de Aragón.

    Los catalanes se sublevan y nombran a Carlos de Viana conde de Barcelona y Príncipe de Cataluña, a la vez que prohíben a Juan la entrada en el Principado. A la muerte de Carlos en Barcelona, comienza una guerra civil que coincide en el tiempo con la revuelta de los payeses de remensa. Tras intentar entregar los catalanes el Principado a Enrique IV, Pedro de Portugal y Renato de Anjou, en 1478 Juan II entra en Barcelona (capitulaciones de Pedralbes). Durante la guerra civil, Juan II había cedido a Luis XI de Francia, el Rosellón y La Cerdeña por su ayuda. A su muerte, en 1479, dejó Navarra a su hija Leonor y Aragón a su hijo Fernando.

    En 1474 muere Enrique IV y estalla la guerra civil entre Juana la Beltraneja, apoyada por Francia, Portugal y una facción nobiliaria encabezada por el marqués de Villena y el arzobispo de Toledo, e Isabel, sostenida por la gran nobleza, las ciudades y Aragón. En 1475, Fernando e Isabel sellan la Concordia de Segovia por la que ambas reinarán en Castilla y Aragón. Las victorias isabelinas de Toro (1476) y Albuera, suponen el fin de la guerra, quedando Isabel como reina de Castilla (Tratado de Alcaçovas, 1479)

    En las elecciones de octubre de 1982, el PSOE obtuvo 202 escaños (mayoría absoluta), lo que le permitió afrontar la transformación de la sociedad tal y como había prometido durante la campaña electoral.

    El acceso al poder del PSOE coincidió cuando la recesión económica, iniciada en 1973, llegaba a su fin, si bien España estaba todavía en plena crisis, pues no se había hecho el ajuste necesario. Entre 1983 y 1985, con Boyer en Economía y Solchaga en Industria, se puso en práctica una política de ajuste de carácter socio-liberal:

    dirigida sobre todo a las empresas del INI claramente deficitarias. Se crean los Fondos de Promoción de Empleo y las Zonas de Urgente Reindustrialización para paliar el cierre de Altos Hornos del Mediterráneo, la reestructuración de ENSIDESA, la reducción de un 50% del sector naval y la venta de SEAT a Volkswagen, entre otras actuaciones igual de drásticas. En este contexto tuvo lugar la expropiación del holding RUMASA en febrero de 1983.

    para intentar combatir las altas tasas de paro (16% de la población activa, de las más altas de Europa): se flexibilizó el mercado laboral, aumentando los contratos temporales, pero apenas se consiguió reducir el paro por la llegada a la edad laboral de los nacidos en los 60 y la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa.

    La negativa del gobierno a aceptar las reivindicaciones sindicales supuso la primera crisis del PSOE en el gobierno: la huelga general de 14 de diciembre de 1988, que supuso la ruptura con el sindicato hermano UGT, dirigido por Nicolás Redondo.

    Durante esta primera década los gobiernos socialistas buscaron el acuerdo con los interlocutores sociales en asuntos como la legalización del aborto (evitando su total despenalización, para no romper con los sectores conservadores) o la reforma de la educación para acercarla a la europea (Ley de Reforma Universitaria de 1983, la LODE de 1985 y la LOGSE de 1990), no sin cierta contestación de estudiantes y profesores y la sustitución de Maravall por Javier Solana.

    También tuvieron como objetivo la consecución del Estado del Bienestar, aumentando el gasto público en 4,1 puntos del PIB, empleado en la ampliación de la cobertura sanitaria (ley General de Sanidad, 1986) a todos los ciudadanos; se universalizó el cobro de las pensiones con el fin de reducir la desigualdad social (Ley de Pensiones Contributivas de 1990); se extendió la enseñanza obligatoria hasta los 16 años y se reestructuró la titulación universitaria y se aumentó en un 50% la inversión en obras públicas: duplicación de la red de autopistas y mejora de las infraestructuras de Barcelona y Sevilla con ocasión de los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal de 1992.

    En política terrorista no se consiguió acabar con la capacidad operativa de ETA, pero se sentaron las bases con el Pacto de Ajuria Enea (1988), firmado por todas las fuerzas políticas vascas a excepción de HB, para aislar a los terroristas. No obstante, se intentaron todos los medios para acabar con el problema: reinserción de etarras, conversaciones de Argel, solicitud de colaboración de Francia… Entre 1983 y 1987 actuaron los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que asesinaron a personas vinculadas con ETA.

    En 1977, Suárez había presentado la solicitud de adhesión a la CEE (Comunidad Económica Europea), iniciándose las negociaciones que estuvieron estancadas dos años por las reticencias francesas hacia la agricultura española. Tras la victoria socialista, en 1985 se alcanzaron los acuerdos definitivos y España, al tiempo que Portugal, pasó a ser miembro de la CEE (luego Unión Europea tras el Tratado de Maastricht de 1992) el 1 de enero de 1986.

    En cuanto a la OTAN, cuando en 1981 se tuvieron que revisar los acuerdos bilaterales con EE.UU. UCD y AP creyeron conveniente integrar a España en la OTAN (Organización para el Tratado del Atlántico Norte). Tanto el PSOE como el resto de partidos de izquierdas se opusieron. Calvo Sotelo decidió la incorporación para estabilizar la situación interna del ejército español y para acercarse a la CEE. En marzo de 1982, las Cortes aprobaron la entrada, pero en la campaña electoral subsiguiente, los socialistas prometieron someter a referéndum tan decisión.

    1992 fue el año de la plenitud del socialismo en el gobierno, merced a los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, que permitieron a la nueva España democrática obtener un amplio reconocimiento internacional.

    Iniciada en 1991, hasta 1994 se perdieron casi un millón de empleos, alcanzando la tasa de paro cerca del 25%. Por otro lado, la incorporación al Sistema Monetario Europeo hizo que la peseta tuviera que devaluarse en un tercio respecto al marco alemán.

    Se intentó paliar la situación con un aumento del gasto público (el 47,5% del PIB en 1993), pero pronto, el reto de convergencia económica de Maastricht, le hizo reducirlo, entrando en contradicción con las necesidades de la enorme cantidad de parados que había en aquel momento.

    El primero en ver la luz fue el del hermano del vicepresidente Alfonso Guerra, Juan, en 1990. En 1991 se hace público el caso FILESA, una entidad destinada a financiar ilegalmente al partido. En 1992, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, fue acusado de fraude fiscal y de ofrecer información confidencial a diversas personalidades sobre determinados valores bursátiles.

    En 1993 Mario Conde fue destituido de la presidencia de BANESTO por malversación de fondos. En 1994, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, se fuga del país tras descubrirse la apropiación de los fondos reservados y el cobro de comisiones ilegales. Ese mismo año se retomó el caso GAL, surgiendo evidencias del papel del ministro del Interior, José Barrionuevo y otros altos cargos, en la dirección de la guerra sucia contra ETA, paralelamente salieron a la luz los papeles del CESID y el asunto de las escuchas ilegales a políticos, periodistas, empresarios y al propio rey.

    Alianza Popular, que había recogido los elementos residuales del franquismo, recibió una buena parte de los sectores democristianos y liberales al desaparecer UCD. Posteriormente, la sustitución de su fundador, Manuel Fraga, por Hernández Mancha, al frente del partido y el cambio en la denominación a Partido Popular en 1989, culminó en el IIº Congreso del nuevo partido (1990) con el nombramiento de José María Aznar como nuevo líder del partido.

    A la izquierda del PSOE, tras el fracasado liderazgo de Santiago Carrillo en el PCE, ya en 1986 se forma una coalición electoral, Izquierda Unida, que integra sectores alternativos de izquierdas junto al movimiento ecologista. El nuevo líder será el nuevo secretario del PCE, Julio Anguita, que entre 1988 y 1998 mantuvo junto al PP una pinza tenaz contra la política socioeconómica del PSOE.

    El PSOE recibió durísimos ataques de algunos medios de comunicación, ajenos a la órbita socialista, y enfrentados, política y personalmente, con algunos de los líderes socialistas. La difusión de los escándalos de corrupción dio crédito a determinados periódicos (Diario 16, luego El Mundo) y cadenas de radio (COPE, Antena 3) que, en algún caso, acabaron vinculando sus denuncias a los intereses del exbanquero Mario Conde. Su acción se desarrolló en sintonía con la oposición parlamentaria, como si se tratara de una planificada “estrategia de crispación”, tendente a crear un clima que obligara a los socialistas a abandonar el poder.

    Las elecciones de 1994 supusieron la cuarta victoria consecutiva del PSOE, pero sin mayoría absoluta, con el 38,7% de los votos, frente al 34,7% del PP. Felipe González, para asegurar la gobernabilidad del país, hubo de pactar con los nacionalistas vascos y catalanes diversos aspectos, sobre todo en materia económica para entrar en Maastricht, aplicando medidas de control del gasto público, si bien, para amortiguar las protestas de los trabajadores, se firmó el Pacto de Toledo (1995) que garantizaba la estabilidad de las pensiones.

    A cambio del apoyo político, los nacionalistas catalanes obtuvieron concesiones, como la cesión del 15% del IRPF y una mayor profundización del proceso de descentralización autonómica, resultando un factor más, el supuesto agravio a la solidaridad interregional y a la integridad territorial de España, de malestar contra el PSOE.

    En esos años de descomposición del gobierno de Felipe González, el PP venció en las elecciones europeas de 1994 con el 40% de los votos y en las municipales de 1995, con el 35%. Por fin, en las elecciones generales de marzo de 1996, superó al PSOE por tan solo 300.000 votos (38,8% por el 37,4%). Ante esta situación, el nuevo presidente del gobierno, José María Aznar, reconsideró su actitud beligerante y crítica contra los nacionalistas al tener que apoyarse en el PNV y CiU para conseguir la investidura.

    Aznar comenzó su legislatura concediendo el 30% del IRPF a las comunidades autónomas y un amplio programa de privatizaciones de las empresas públicas (REPSOL, ENDESA, TELEFÓNICA, TABACALERA…, en las cuales el gobierno se reservó la “acción de oro”, manteniendo la posibilidad de influir en los consejos de administración) y poniendo fin a los monopolios aún existentes (CAMPSA, TELEFÓNICA, TABACALERA), con el objetivo fijado por Bruselas (sede de la CEE) para lograr acceder a la moneda única que pedía un déficit público inferior al 3% y reducir la inflación.

    Sintiéndose fuerte, Aznar mantuvo conversaciones de paz con ETA entre 1998 y 1999, que no concluyeron por la enorme distancia existente entre los modelos propuestos por uno y por otro. A partir de ese momento, el gobierno del PP inició una política de acoso a la izquierda abertzale, apuntando al desmantelamiento político, social y económico de las bases de ETA.

    En 2.000 el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta gracias al impulso de la evidente mejora económica y la desorganización del PSOE que tras elegir a Borrell en sustitución de Felipe González, al final presentó a Almunia en las elecciones, con un mal resultado. La victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en las primarias socialistas frente a Bono, le permitió conseguir un candidato sólido y respaldado con vistas a la cita electoral de 2.004.

    1996) y el envejecimiento progresivo de la población, el acceso al divorcio o al aborto (en determinadas condiciones), la reforma del ejército (encaminado a su definitiva profesionalización), la positiva modernización de las infraestructuras (autovías, autopistas, AVE), la creciente demanda de educación y sanidad, la flexibilización laboral, el predominio del sector terciario y el aumento de las clases medias. Como aspectos negativos, la corrupción, la llamada “cultura del pelotazo”, la desaparición del empleo estable, el mantenimiento de elevadas tasas de paro y, sobre todo, la falta de cambios estructurales en profundidad en el ámbito económico, cuyo crecimiento se basó casi exclusivamente en el turismo y la construcción.

    el cambio más importante, sin lugar a dudas, fue la “liberalización de la economía” que afectó negativamente a tres sectores tradicionales como la siderometalurgia (con la práctica desaparición de los altos hornos españoles), el textil (las industrias de este sector están deslocalizadas en zonas de mano de obra más barata) y la industria agroalimentaria (buena parte en manos de multinacionales extranjeras, especialmente el sector olivarero). En segundo lugar habría que mencionar el desmantelamiento de las empresas públicas y el fin aparente de algunos monopolios (en la práctica, tanto RENFE como TABACALERA siguen siendo monopolios). En tercer lugar la reforma fiscal, con el objetivo de aumentar la eficacia de la recaudación de impuestos (IRPF, IVA…) y acabar con el fraude. Y, finalmente, en cuarto lugar, la reforma financiera, empezando por la agrupación de las diferentes entidades bancarias estatales (Banco Exterior de España, Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Caja Postal e Instituto de Crédito Oficial) en un gran banco público, ARGENTARIA. A rebufo de esta actuación el Banco Central y el Hispano se fusionan y así, con la realizada en 1988 por los bancos de Bilbao y Vizcaya, se consolidan tres grandes grupos bancarios: BBV, ARGENTARIA y BCH (Central-Hispano), manteniéndose dos medianos, BANESTO y Santander y otros más pequeños, pero saneados como el Popular. En 1996, el nuevo gobierno del Partido Popular privatiza Argentaria, que se uniría al BBV y el Santander haría lo mismo con el BCH, absorbiendo más adelante a Banesto tras la intervención del Banco de España por el asunto Mario Conde. De forma paralela se inicia una reconversión tímida de las cajas de ahorro.

    En el campo educativo, la escolaridad obligatoria pasó de los 14 a los 16 años, eliminándose el desfase entre la edad escolar anterior (14 años) y la edad laboral (16 años) a través de dos leyes, la LODE y la LOGSE. El salto universitario se acortó: si en 1977 el 15% de la población cursaba estudios medios o superiores, veinte años después superaba el 50%.

    Por otro lado, el acceso a la sociedad del bienestar acentuó el consumismo y la llamada “cultura del ocio”, sin embargo y, como contraste, se produjeron bolsas de miseria (Cuarto Mundo) con jubilados de pensiones bajas, parados de larga duración e inmigrantes.

    La escolarización obligatoria vino acompañada de un programa de igualdad entre los sexos, elevándose los porcentajes de población escolar y laboral femenina, aunque no se ha logrado superar del todo la desigualdad (salarios más bajos, escasa presencia de la mujer en altos cargos, dificultades para acceder al mundo laboral).

    Paralelamente y, como expresa la Constitución, la sociedad se secularizó progresivamente, dejando de ser la religiosidad una imposición social al pasar al ámbito privado. También ha crecido el interés hacia los problemas globales como la convivencia interracial, la solidaridad con los países en conflicto del Tercer Mundo, los constantes intercambios culturales, la inmigración y las consecuencias del desarrollo económico no sostenible (ecologismo).

    En el ámbito cultural, merece destacarse el papel realizado por los sectores intelectuales en el impulso democrático en todos los ámbitos: manifestaciones, exposiciones, obras literarias y cinematográficas. La expansión económica vino acompañada de un fenómeno de acceso de masas a la cultura a través de la construcción o remodelación de grandes centros como el Reina Sofía, El Prado, el Guggenheim y la puesta en marcha de exposiciones antológicas, alcanzando al resto de países del entorno.

    16.1. LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA. LA CONSTITUCIÓN DE 1978. PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DESARROLLO INSTITUCIONAL. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Y SU EVOLUCIÓN (HASTA OCTUBRE DE 1982; PRIMER GOBIERNO SOCIALISTA)

    Los poderes debían pasar a las Cortes y al Presidente del Gobierno, y el rey no tenía los poderes que tuvo Franco, por lo que la monarquía, aunque no fuera parlamentaria, estaba sujeta a unas leyes, resultando en la práctica un régimen nuevo.

    En un principio, se mantuvo como Presidente de gobierno a Arias Navarro, aunque don Juan Carlos tuvo la habilidad de situar a su antiguo preceptor, Torcuato Fernández Miranda, al frente de las Cortes y del Consejo del Reino. En el nuevo gobierno entraron ministros reformistas como Areilza, Fraga, Osorio y Garrigues Walker.

    Pronto se vio que Arias Navarro no iba a ser capaz de conducir la transformación del régimen. El aumento de las huelgas, los sucesos de Vitoria (3.III.1976), el enfrentamiento entre carlistas en Montejurra (9.V.1976) y la unión de la oposición en una Coordinadora Democrática, conocida como Platajunta, facilitó la decisión del rey de hacer dimitir al Presidente el 1 de julio de 1976.

    Para dar credibilidad a sus intenciones reformistas, Suárez, de acuerdo con el rey, concedió una amplia amnistía (30.VII.1976) y comenzó una serie de contactos con la oposición para llevar a cabo su estrategia de reforma pactada, que concluiría en una ruptura real. A primeros de septiembre, expuso su proyecto a los jefes militares del ejército y nombró vicepresidente al general Gutiérrez Mellado.

    El siguiente paso fue presentar un proyecto de Ley para la Reforma Política a las Cortes franquistas, que fue finalmente aceptado con 425 votos a favor, 19 en contra y 13 abstenciones. A continuación convocó el 15 de diciembre de 1976 un referéndum para que el pueblo español se pronunciara sobre la nueva Ley, que resultó aprobada por abrumadora mayoría.

    Antes de la convocatoria de elecciones a lo que obligaba la nueva Ley de Reforma Política, era necesario legalizar los partidos políticos. El 10 de febrero de 1977 un decreto-ley, previamente pactado con la oposición, regulaba el Derecho de Asociación Política, presentándose para su legalización 150 partidos políticos.

    El 23 de marzo se regulaban las normas electorales, estableciéndose para el Congreso de Diputados una representación proporcional basada en la ley d´Hont, en candidaturas provinciales, con listas cerradas. Para el Senado, candidaturas individuales o personales.

    El 9 de abril, sábado santo, por sorpresa, Suárez legaliza el Partido Comunista Español, ante las protestas de las fuerzas armadas y la dimisión del ministro de Marina. Luego disolvió el Tribunal de Orden Público, el sindicato vertical y el Movimiento Nacional, amplió la amnistía, legalizó la ikurriña, las centrales sindicales, se restauraron las Juntas Generales de Vizcaya y Guipúzcoa y la Generalitat de Cataluña. El 15 de abril convocaba elecciones para el 15 de junio.

    El resultado de las elecciones apoyó la estabilidad de los que habían iniciado la reforma. UCD, el partido creado por Suárez, obtuvo una mayoría relativa (166 escaños), el PSOE 118, y tanto el PCE como Alianza Popular, el partido conservador de Fraga, sufrieron un gran descalabro. Los grupos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco consiguieron un resultado que pronosticaba su futuro protagonismo.

    Había que atajar la situación de paro creciente y de inflación sin medida. El 25 de mayo de 1977 se firman los Pactos de la Moncloa entre todas las fuerzas políticas y sindicales, aunque en las negociaciones económicas y laborales posteriores solo intervinieron el gobierno correspondiente, los sindicatos y la patronal. Se consiguió frenar la tendencia negativa de la economía y reducir la inflación y el déficit exterior, pero no se detuvo el incremento del paro. Además, se realizó una reforma fiscal que puso fin al obsoleto sistema tributario del franquismo, se aprobó una ley que reestructuraba la Seguridad Social y se creó el INEM.

    El proyecto fue redactado por una comisión integrada por 3 representantes de UCD (Miguel Herrero, Jose P. Pérez Llorca, Gabriel Cisneros), uno del PSOE (Gregorio Peces Barba), uno del PCE (Jordi Solé Tura), uno de CiU (Miguel Roca) y uno de AP (Manuel Fraga). Tras 16 meses de discusiones se redactó una Constitución que recogía las aspiraciones más importantes de todos los grupos políticos. Aprobada por ambas cámaras y sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978, fue sancionada por el rey y entró en vigor el 29 de diciembre de 1978.

    La Constitución define a España como un Estado social y democrático y de derecho. Se garantiza la participación de los ciudadanos a través de representantes libremente elegidos. Se afirma la obligación del Estado a

    En el Título primero se da una amplia declaración de derechos y libertades individuales: abolición de la pena de muerte, derecho a la integridad física, derecho a la seguridad, a la educación, a la Seguridad Social, libertad religiosa, de expresión, de pensamiento, de reunión y manifestación y deber de mantener el Estado.

    Se definía el sistema político como una monarquía parlamentaria en la que el rey, como Jefe del Estado, Arbitra entre las diferentes instituciones, pero carece de poder ejecutivo. El cargo es vitalicio y hereditario. Sanciona las leyes aprobadas en las Cortes y tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

    En octubre de 1979 fueron aprobados los estatutos vasco y catalán. En las elecciones a los parlamentos autónomos vencieron los partidos nacionalistas: Garaicoechea fue investido Lehendakari en el País Vasco y Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat en Cataluña.

    La organización territorial autonómica supuso el fin del centralismo histórico. La principal consecuencia fue la aparición de múltiples centros de poder, pues la Constitución propugna que España está integrada por diversas nacionalidades y regiones, con capacidad para tomar decisiones políticas.

    En los respectivos estatutos de autonomía se especifica la organización de cada una y se definen las instituciones de autogobierno: Asamblea legislativa, Consejo de Gobierno, Presidencia de la Comunidad y Tribunal Superior de Justicia. También se regulan las materias y competencias del gobierno central y autonómico, reservándose el primero los asuntos internacionales, la defensa del territorio, el sistema fiscal y la ordenación general de la economía. El resto de áreas competenciales, incluso la policía (mossos d’esquadra y ertzaintza), recae en las comunidades autónomas.

    Las autonomías disponen de sus propios recursos procedentes de los impuestos cedidos por el Estado central. En la actualidad existen 17 autonomías y 2 ciudades autónomas. Para salvaguardar el principio de solidaridad, la Constitución establece un Fondo de Compensación económica destinado a corregir y neutralizar lazs desigualdades regionales.

    La escalada terrorista. ETA intensificó su actividad para que el gobierno aceptara el programa para la independencia de Euskadi, elaborado por KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista), complementado por la acción política de Herri Batasuna, que obtuvo en 1980 más del 15% de los votos en las elecciones autonómicas vascas. A ETA se sumarían el FRAP, que desaparecería al final de la década y el GRAPO, de poco claros principios de actuación.

    La amenaza de golpismo en las Fuerzas Armadas. La vía reformista hacia la democracia no había prevista ninguna depuración de la administración, ni de las fuerzas de orden público ni del ejército, por ello los sectores nostálgicos del franquismo creían que conservaban el control de los aparatos del Estado. Por otro lado, la jerarquía militar, que se había sentido traicionada por Suárez cuando legalizó el Partido Comunista, había impedido que se concediera amnistía a los militares de la UMD y presionado para que no se quitara la pena de muerte del Código de Justicia Militar, entre otras cosas. Suárez había nombrado vicepresidente para asuntos de la defensa a Gutiérrez Mellado para controlar el descontento militar. Sin embargo, los rumores de golpe militar continuaron. En noviembre de 1978 fue desarticulada la Operación Galaxia, que pretendía secuestrar al gobierno en el palacio de la Moncloa y colocar en su lugar una Junta Militar.

    Desde el primer momento Suárez estuvo sometido a un fuerte desgaste, incrementado por el proceso autonómico. A principios de 1980 ralentizó la descentralización del país y acordó proponer la vía del artículo 143 de la Constitución como vía lenta de acceso a la autonomía, dejando el artículo 151, la vía rápida solo para las comunidades históricas, suscitando el recelo del resto.

    Por si esto fuera poco, Suárez debió de hacer frente a la progresiva desintegración de su propio partido en el que la falta de unidad quedó de manifiesto cuando se abordaron algunos asuntos controvertidos como el divorcio, la reforma fiscal y el autonomismo. Su liderazgo fue puesto en entredicho por los llamados barones: Fernández Ordóñez (socialdemócrata), Álvarez de Miranda (democristiano) y Garrigues Walker (liberal).

    A finales de enero de 1981 Suárez presenta la dimisión. Poco después, los reyes son increpados por Batasuna en su visita a la Casa de Juntas de Guernika. Ante estos hechos, los golpistas reaccionan. El 23 de febrero de 1981, mientras tenía lugar el debate de investidura del sucesor de Suárez, Calvo Sotelo, el teniente coronel Tejero ocupa el Congreso y secuestra a los diputados. Milans del Bosch decreta en Valencia el estado de excepción y se vive una situación de máxima tensión en todos los cuarteles. La intervención del rey fue decisiva para que, durante la madrugada, se volviera paulatinamente a la normalidad.

    El fracaso del golpe revitalizó la democracia. Dos días después se celebraban multitudinarias manifestaciones en defensa del orden constitucional y Leopoldo Calvo Sotelo era investido como nuevo Presidente de Gobierno. Se recobra el consenso, pactándose el Acuerdo Nacional de Empleo (junio de 1981) y la LOAPA (Ley Orgánica de la Armonización del Proceso Autonómico).

    La situación de Calvo Sotelo se hizo insostenible cuando se inicia la desintegración de UCD: Fernández Ordóñez y su grupo abandonan el partido, Landelino Lavilla reemplaza a Calvo Sotelo en la Presidencia de UCD y Suárez lo abandona para fundar el CDS.

    Tras varias remodelaciones de gobierno, Calvo Sotelo disuelve las Cortes en agosto de 1982 y convocó elecciones anticipadas para octubre de ese mismo año, en las que el PSOE obtuvo mayoría absoluta, dando lugar a una fase de normalidad en la democracia española.

    A los pocos días de la victoria de la derecha, la CNT desencadenó una insurrección armada, que causó 89 muertos y 163 heridos, siendo encarcelados 700 insurgentes y cerrados los locales y periódicos anarquistas.

    El 18 de diciembre Lerroux forma un gobierno de radicales con el apoyo parlamentario de la CEDA. La gestión de los primeros nueve meses fue difícil y conflictiva, en parte por la poca unión del propio gobierno y, en parte, por la presión cedista. Sus principales

    . Mientras la izquierda obrera se radicaliza: el PSOE, liderado por Prieto y Largo Caballero, impone la preparación de una revolución en el caso de que la CEDA llegue al gobierno y se hacen con el control de UGT. Las

    Ante la serie de medidas adoptadas contra la reforma agraria, la UGT convoca una huelga general de campesinos, que duró 12 días y se extendió por 38 provincias, que acabó en fracaso por la dura represión del gobierno: 13 muertos y 7.000 detenidos, cierre de las Casas del Pueblo y periódicos socialistas. El movimiento campesino tardó meses en recuperarse.

    El clima de violencia y de tensión política generó una situación explosiva que llevó a los dirigentes obreros a preparar una insurrección armada ante el temor de que la CEDA entrase en el gobierno. El 4 de octubre entran en él 3 cedistas. Esa misma tarde los dirigentes socialistas dan la orden de huelga. El día 5 el paro es general en todas las ciudades, pero no en el campo.

    . Todos los obreros están en armas, organizados y preparados. En 2 días controlan los principales núcleos urbanos y conquistan, enfrentándose al Ejército, la propia capital. Pero el movimiento fracasó en Madrid, cuando el gobierno ordenó el acuartelamiento de las tropas y la detención de los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Cataluña, su presidente Companys mantuvo la esperanza de triunfo hasta que el general Goded ordenó el bombardeo de la Generalitat.

    Hacia el día 12 la insurrección estaba sofocada en todas partes menos en Asturias. Pero la intervención del ejército fue aquí decisiva. Francisco Franco, con plenos poderes, entregó el mando de las operaciones al general López Ochoa que el día 19 conseguía la rendición de los obreros. El balance fue brutal: 1.051 muertos y el doble de heridos entre los insurrectos y 284 muertos y 900 heridos entre las fuerzas del orden y el ejército. Además, 30.000 detenidos. Tras esto, izquierdas y derechas se ven abocadas al enfrentamiento que cristalizará en la formación de las dos grandes coaliciones que se enfrentarán en las elecciones de febrero de 1936.

    • El enfrentamiento ante las represalias por la revolución de octubre entre los partidarios de llevarla hasta el fin, ejecuciones incluidas y quienes reclamaban una amnistía. A finales de marzo, Lerroux firmó los indultos de los principales dirigentes de la insurrección, provocando el abandono del gobierno por los cedistas, aunque más tarde volverían a entrar, con Gil Robles en Guerra.

    , formado por sectores monárquicos y oligárquicos, encabezado por Calvo Sotelo, Goicoechea y Alba, y con personajes como Maeztu, Saínz Rodríguez o Rodezno, de ideología ultraconservadora. Defendían un estado autoritario y corporativo, similar al fascista. Será la alternativa a la CEDA porque Falange es un partido con escasa repercusión popular. A lo largo del año tanto Calvo Sotelo como Gil Robles contactan con diversos generales para prever la posibilidad de un golpe de Estado.

    • El acercamiento entre todas las fuerzas de la izquierda, burguesa y obrera. Exigen amnistía y reclaman la disolución de las Cortes y nuevas elecciones. Azaña se convertirá en el líder. Mientras el PSOE impone la línea dura y favorable al entendimiento con los comunistas.

    La situación del gobierno era muy inestable al tener que verse arropado por el extremismo de la CEDA y la actitud de Alcalá Zamora, cada vez más crítico con el gobierno por su alejamiento de la Constitución. El nombramiento de Franco como jefe del Estado Mayor y a Banjul, Goded y Mola, proclives al golpe de Estado, en los principales mandos del ejército, fue también una fuente de recelos de la izquierda y del propio Presidente de la República.

    (autoriza-ción de los principales altos cargos radicales, a cambio de sobornos, a un fabricante holandés, Strauss, para introducir en los casinos españoles una máquina de juego), que hunde a Lerroux. Después de varios intentos de gobiernos de concentración, el 30 de diciembre, Portela Valladares, formó un gobierno con el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.

    basado en un programa mínimo, de orientación más bien de izquierda republicana burguesa: poner en marcha las reformas del primer bienio, decretar una amnistía y anular todas las represalias por la revolución de octubre y restablecer las garantías constitucionales. Al pacto se unieron Izquierda Republicana, Unión Republicana, el PSOE, el PCE y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de tendencia trotskista) La CNT no entró, pero no pidió la abstención.

    La otra gran coalición se formó en la derecha, entre el Bloque Nacional y la CEDA, aunque esta última llegó a acuerdos parciales en algunas circunscripciones con radicales y partidos republicanos, lo que provocó confusión al presentarse dos candidaturas de derecha en muchas provincias. Tampoco tuvo un programa firme y coherente, tan sólo les unía el rechazo a la revolución, al marxismo y la amenaza de la victoria del Frente Popular. Tanto Falange como el PNV se mantuvieron al margen de la coalición de derechas.

    Las elecciones se celebraron sorprendentemente con bastante orden. El 72% acudió a votar. La izquierda triunfó en las grandes ciudades, en las provincias del sur y en la periferia, mientras que las derechas se impusieron en el norte y en el interior. La victoria de las izquierdas fue notable: 263 escaños frente a 210.

    En los días siguientes, sin esperar a una segunda amnistía ni a la proclamación de los resultados, se abrieron las cárceles. El 19, Portela Valladares dimitió, siendo sustituido por Azaña, que formó un gobierno con republicanos de izquierda, sin el PSOE..

    Rápidamente se puso en marcha de forma acelerada su programa: amplia amnistía, reposición en el puesto de los funcionarios expulsados tras octubre de 1934 y comenzó a restablecer la legislación del primer bienio. También alejó de Madrid a los generales sospechosos de conspiración: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona.

    Los sindicatos agrarios comenzaron a ocupar fincas y a ponerlas en explotación. El 20 de marzo, un decreto autorizaba al IRA a expropiar cualquier finca, reteniendo el propietario la propiedad hasta que se resolviera la indemnización. La resistencia de los terratenientes provocó el enfrentamiento entre campesinos y guardia civil. Desde febrero al 17 de julio se expropiaron más de medio millón de hectáreas y se asentó a 108.000 familias.

    Pero el gobierno se encontraba entre dos frentes, entre una derecha que inicia la conspiración que llevó al levantamiento militar de julio y una izquierda obrera radicalizada que no le apoyó en ningún momento. Poco a poco se perdió el control de las calles, produciéndose algaradas, provocaciones y asesinatos.

    Nada más constituirse las Cortes y tras amplio debate Alcalá Zamora fue destituido pues había disuelto las Cortes en dos ocasiones y las nuevas estimaron improcedentes la disolución de la anterior. La decisión respondió, al parecer, a un acuerdo entre Azaña y Prieto para asumir respectivamente la presidencia y la jefatura del gobierno, resucitándose la coalición republicano-socialista del primer bienio.

    Azaña fue elegido Presidente de la República, pero Prieto no consiguió formar gobierno al no contar con la aprobación de su partido, al imponerse las tesis radicales de Largo Caballero sobre las centristas de colaboración con la izquierda burguesa que proponía Prieto. Azaña optó entonces por encargar formar gobierno a Casares Quiroga, que los hizo con miembros de Izquierda Republicana y Unión Republicana.

    • El restablecimiento de la legislación progresista del primer bienio y la tramitación de los Estatutos de Autonomía vaso y gallego. El primero tuvo que esperar a octubre, con la guerra iniciada, a ser aprobado y, el segundo, se aprobará en junio tras plebiscito.

    • Enfrentamientos entre grupos radicales que no pudo atajar el gobierno. El 16 de junio en áspero debate parlamentario, Gil Robles da las siguientes cifras: 269 homicidios, 1.287 heridos, 170 iglesias quemadas, 133 huelgas generales y 216 parciales en cuatro meses, acusando al gobierno de ser el responsable único. Pero las cifras son exageradas. En el mismo debate se produce un enfrentamiento entre Calvo Sotelo, que insinúa la posibilidad de un golpe militar y Casares Quiroga le responde que,

    • La conspiración militar, que ya venía desde diciembre de 1934 con los primeros contactos entre Fanjul, Varela y Gil Robles. Pero desde el mismo momento de las elecciones la derecha llega a la conclusión de que sólo un golpe militar puede ser capaz de acabar con la inminente revolución socialista. Se unieron los principales líderes políticos de la derecha (Gil Robles, Calvo Sotelo, Goicoechea, Saín Rodríguez, que negoció con Mussolini la ayuda material y económica para el golpe; el carlista Fal Conde, y el mismo Jose Antonio Primo de Rivera, detenido en Alicante por tenencia ilícita de armas), los representantes de la oligarquía económica (Gamazo, Juan March) y los generales antirrepublicanos (Mola, Varela, Goded, Banjul, Franco y Saliquet). Un primer intento para el 20 de abril fracaso y, entonces, Mola, toma el mando de la conspiración bajo el nombre de

    El golpe se acelera a raíz del asesinato el 12 de julio de un oficial de la guardia de asalto, el teniente Castillo, que fue respondido de madrugada por sus compañeros con el asesinato y secuestro del José Calvo Sotelo. Al parecer este hecho es el que decide a Franco a participar en la sublevación, que se inicia el 17 de julio por la tarde en Marruecos ante la inoperancia de un gobierno que siguió creyendo durante muchas horas que se trataba de un intento limitado y condenado al fracaso. Dos días después, la guerra civil era un hecho.

    El crack de 1929 y la Gran Depresión subsiguiente (1929-1932) acabaron con el periodo de prosperidad de los años 20, provocando enfrentamientos e intolerancia en la sociedad occidental, causante de la crisis de las democracias europeas.

    La población se radicalizó políticamente, polarizándose en un totalitarismo estalinista antifascista y en uno de derechas anticomunista, que tuvo como modelo el fascismo italiano de Mussolini, que triunfará en Portugal con Oliveira Salazar y en Alemania con Hitler (1933). Ambos totalitarismo influyeron en los países europeos. Mientras algunos sectores de la derecha van a fascistizarse, otros de la izquierda se bolchevizarán.

    Por otro lado, el capitalismo, por efectos de la depresión, entra en crisis, teniendo los Estados que intervenir en la economía, creando empresas públicas que serán destinadas a fines muy diversos. En Italia y Alemania a producir un armamento cada vez más letal que será ensayado en la Guerra Civil española.

    Para 1931, España es un país atrasado económicamente y con enormes diferencias de clase. Tenía una población de 23,5 millones de habitantes, la mayoría campesinos (el 45,5% de la población activa), por lo que seguía siendo predominantemente rural, con unas estructuras arcaicas y una propiedad mal repartida: unas 10.000 familias poseían más de la mitad de las tierras y de ellas dependían 2 millones de jornaleros.

    El proteccionismo generalizado producido por el crack de 1929, frenó el comercio exterior español. La peseta se devaluó, la Bolsa se derrumbó, la minería asturiana y la siderurgia vasca se estancaron. Por otra parte, la llegada de la República originó una fuga de empresarios y capitales hacia el extranjero (Palafox estima en 1.000 millones de pesetas los que dejaron de invertirse en la industria y en el campo). En consecuencia, aumentó el paro y las huelgas, siendo 1933 el peor año de la crisis con 600.000 parados (el 60% campesinos).

    Vino motivado por el fracaso de la Dictadura de Primo de Rivera y su alianza con el trono, que fortaleció las tesis republicanas con la formación de la Alianza Republicana (radicales de Lerroux, Acción Republicana de Azaña y radicales-socialista de Marcelino Domingo), que junto al PSOE y los nacionalistas catalanes firmarán en 1930 el Pacto de San Sebastián, para implantar la República y dar un estatuto a Cataluña. Por otro lado, la aceptación de Alfonso XIII de la Dictadura, hizo que muchos monárquicos repudiaran la monarquía. El 12 de abril vencen los republicanos en las elecciones municipales, el 13 la posición del rey es insostenible, el 14 de madrugada marcha al exilio, por la mañana se proclama la Segunda República y se nombra un gobierno provisional.

    . Azaña promulga su ley en 1931 con dos objetivos básicos: reducir el gasto militar y hacer más operativo al ejército. Permitió que pasaran a la reserva los jefes y oficiales que lo desearan, conservando el sueldo íntegro (84 generales, 8.650 oficiales y 1.866 mandos menores, cerca del 50% del total). Al resto le exigió fidelidad a la República. Eliminó los cargos de capitán general y de teniente general, cerró la Academia Militar de Zaragoza y suprimió los ascensos por méritos. Subió los salarios de la Guardia Civil, de los Carabineros y creo la Guardia de Asalto.

    . Para atajar el alto índice de analfabetismo. Se construyeron 6.750 escuelas, se crearon 7.000 plazas de maestro a los que se subió el sueldo y se proporcionaron cursos nocturnos para adultos en las Universidades Populares.

    . Desde el ministerio de Trabajo, Largo Caballero promulgó una serie de leyes que establecieron la jornada laboral de 8 horas, la obligatoriedad a los patronos de contratar a los jornaleros del término municipal, fijó el salario mínimo, prohibió desahuciar a los arrendatarios por falta de pago y decretó el laboreo forzoso de aquellas tierras que debiendo estar cultivadas no lo estaban.

    . Perderá las subvenciones del Estado, siendo la enseñanza de la religión no obligatoria. También se les apartó de la enseñanza y de otras actividades económicas no relacionadas con su profesión. El creciente anticlericalismo incontrolado supuso la quema entre el 11 y el 12 de mayo de un centenar de iglesias y conventos en Madrid y otras ciudades. Ante estos hechos, la Iglesia y los católicos se opusieron frontalmente a la República casi desde el primer momento.

    El 28 de junio de 1931 se celebraron las primeras elecciones generales para Cortes Constituyentes. Cuatro millones y medio de españoles votaron (70% del censo). El partido más votado fue el PSOE (116 escaños), seguido del Radical de Lerroux (90 escaños) y del radical-Socialista (57). El partido de Azaña tuvo 26 diputados, Esquerra Republicana, 36, la ORGA de Casares Quiroga, 15 y el PNV, 14. 90 diputados obtuvieron las derechas republicanas y 30 los monárquicos. Las nuevas Cortes elaboraron una Constitución que fue aprobada el 9 de diciembre de 1931.

    Se trata de una Constitución democrática que recoge las ideas socialistas y republicanas con el objetivo de cambiar radicalmente las estructuras del Estado. Definía España como una República de trabajadores (artículo 1). Reconoce la libertad de cultos, de expresión, de reunión y de asociación, suprimía la censura previa. Se protegen los derechos de los trabajadores (seguros de desempleo y de enfermedad), la posibilidad de que a mujer ocupe cargos públicos y el matrimonio civil y el divorcio.

    Fue muy discutida la cuestión religiosa. Finalmente, a pesar de los deseos de expulsar a todas las órdenes religiosas y la confiscación de sus bienes, solo se aplicó a los jesuitas. En el plazo de dos años la Iglesia dejaría de percibir subvenciones del Estado y se le prohibiría ejercer la enseñanza.

    Tras la aprobación de la Constitución el Congreso nombró Presidente de la República a Alcalá Zamora, que encarga a Manuel Azaña formar gobierno, del que quedarían excluidos los radicales de Lerroux, que se volverán hacia la derecha.

    Durante estos dos años se llevaron a cabo múltiples reformas, saliendo adelante la secularización de los cementerios, el divorcio y el matrimonio civil, la ley de Congregaciones religiosas, expulsándose a los jesuitas, leyes de Orden público y de Defensa de la República, pero hubo un gran debate en torno a la Ley de Bases de la Reforma Agraria y a la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña.

    Pese a lo desorganizado de la oposición, el Partido Radical y los Agrarios de Gil Robles sumaron sus críticas a los monárquicos y asociaciones patronales. El Estatuto Catalán fue mal visto por algunos militares, como Sanjurjo y Goded, intelectuales, como Ortega y Unamuno y periódicos como el ABC o el Imparcial, por considerarlo separatista.

    Por otro lado, el campo también estaba revuelto. Los jornaleros andaluces y extremeños al comprobar que no se producía el tan deseado reparto de tierras, comenzaron a movilizarse. El 31 de diciembre de 1931, la Guardia Civil, al disolver una manifestación, mató a un campesino, sus compañeros, enfurecidos, atacaron a los guardias, matando a cuatro de ellos. La situación se agravó cuando, en Arnedo (La Rioja), la Guardia Civil mató a cuatro mujeres y a un niño e hirió a 28 personas para disolver otra manifestación. El gobierno destituyó al general Sanjurjo, Director general de la Guardia Civil, al considerarle responsable de los hechos.

    Para mayo la situación es muy grave, el ejército está dividido, los anarquistas siguen poniendo bombas, las huelgas se generalizan. El 10 de agosto se subleva el general Sanjurjo en Sevilla, pero fracasa, será detenido y condenado a muerte, aunque le será conmutada por la pena de cadena perpetua.

    En estas circunstancias tan difíciles, en marzo de 1932 se presenta a las Cortes el primer proyecto de Reforma Agraria. Con él, el ministro del ramo, Marcelino Domingo, quería cumplir dos objetivos: remediar el paro, instalando campesinos en las tierras expropiadas a los latifundistas y redistribuir la tierra, entregándosela a los campesinos de Andalucía, Extremadura, Ciudad Real, Toledo, Albacete y Salamanca, junto con créditos para que pudiesen modernizar la explotación. Aquellos propietarios que hubiesen apoyado a Sanjurjo serían expropiados sin indemnización, y aquellos que tuvieran más de la sexta parte de las tierras de un municipio o no las cultivaran serían expropiados con indemnización.

    Finalmente, la reforma que se aprobó fue tan compleja que apenas se materializó pues requería enormes recursos humanos y económicos. Si sumamos la oposición de la derecha y de los terratenientes, tendremos los motivos de su fracaso. Hasta 1933 solo se instalaron a unas 9.000 familias en menos de 100.000 hectáreas, cuando sólo en Andalucía se debían ocupar 2,4 millones de hectáreas.

    Por su parte, el Estatuto de Cataluña, refrendado en agosto por el 98% de los catalanes, fue rectificado y aprobado por las Cortes en septiembre de 1932, aunque se eliminó la declaración del catalán como lengua única y las alusiones al derecho de autodeterminación y de incorporación de otros territorios. A partir de ese momento, Cataluña tendrá un gobierno autónomo, la Generalitat, siendo su primer presidente Francesc Maciá, un Parlamento con poder legislativo y un Consell como poder ejecutivo, policía propia y el catalán y el castellano como lenguas oficiales.

    Gallegos y vascos también intentaron lograr un estatuto parecido. En 1933, el Estatuto Vasco fue aprobado en referéndum por los vascos, pero al presentarlo ante las Cortes, fue paralizado por el nuevo gobierno de centro-derecha presidido por Lerroux.

    Los jornaleros que habían recibido la aprobación de la Ley de Reforma Agraria con ilusión, pronto se desesperaron por la lentitud con las que se hacía el reparto de tierras, comenzando los levantamientos, normalmente de cariz anarquista, siendo especialmente grave el de Casas Viejas (Cádiz) en enero de 1933, donde murieron 20 campesinos. La prensa, el Parlamento y los sindicatos exigieron responsabilidades (14 de los muertos fueron fusilados por la Guardia Civil). En abril, el gobierno pierde las elecciones municipales. En septiembre de 1933, el presidente, Alcalá Zamora, decide cesar al jefe de gobierno, Manuel Azaña y el 1 de octubre disuelve las Cortes y convoca elecciones generales para el 19 de noviembre.

    Durante la campaña se verá que la izquierda se divide (socialistas y partidos republicanos no se ponen de acuerdo para concurrir juntos), los anarquistas piden la abstención a sus afiliados y simpatizantes, las mujeres pueden votar (algunas serán muy influidas por la postura antirrepublicana de la Iglesia), la derecha se fortalece (la CEDA une a todos los partidos conservadores, los monárquicos se agruparán en torno a la Renovación Española de Calvo Sotelo, aparecerá Falange Española, dirigida por José Antonio Primo de Rivera, el hijo del antiguo dictador) y el Partido Radical girará hacia el centro, siendo el más votado en las elecciones municipales de abril de 1933.

    En 1885, cuando muere Alfonso XII gobierna el partido conservador, siguiendo la lógica del turnismo: 1875-1880, partido conservador; 1881-1884, partido liberal. Con la firma del Pacto de El Pardo entre Cánovas y Sagasta se aleja la posible crisis que supone la pérdida del rey al entregar la Regencia a su esposa, María Cristina de Habsburgo, que está esperando un hijo (el futuro Alfonso XIII) y la cesión del gobierno a los liberales para dar confianza a la nación.

    Comienza así el llamado ·gobierno largo” liberal (1885-1890) que introdujo en el sistema canovista importantes reformas: aprobación de los Códigos Civil y de Comercio, Ley de procedimiento administrativo, ampliación de libertades (Ley del Jurado, de Asociaciones, amplia libertad de expresión, de cátedra, libertad de imprenta, amnistía), culminadas con el sufragio universal masculino de 1890.

    Tuvieron que enfrentarse al problema de Cuba, que estalló en 1895, paralizando toda acción de gobierno (el intento de reforma de Antonio Maura de 1892 no cuajó), Su práctica inactividad impidió realizar reformas en profundidad en Hacienda que incrementasen los recursos del Estado y permitieran su mejor distribución, apenas se preocuparon por la situación de la clase trabajadora o por dar un impulso a la estructura industrial y renovar la agricultura.

    Durante el último quinquenio del siglo, el régimen de Cánovas comenzó a resquebrajarse, en parte por su muerte en 1897 a manos del anarquista Angiolillo, en parte, por el conflicto cubano y la intervención en el mismo de los Estados Unidos y, especialmente, por la mayor actividad de los grupos de oposición: carlistas, republicanos, movimiento obrero, regionalismos y nacionalismos., que provocaron en 1898 su colapso.

    , derrotado definitivamente en 1876, quedo reducido a la organización estructurada por Nocedal que, entre 1890 y 1923 participó en las elecciones obteniendo entre 7 y 13 diputados en el Congreso. Muy conservadores, perdieron fuerza en Guipúzcoa y Vizcaya, pero la mantuvieron en Navarra y Álava. Al llegar la crisis de 1898 hubo algunas conspiraciones e insurrecciones infructuosas en Cataluña y Levante.

    fueron legalizados en 1881 y, a partir de las elecciones por sufragio universal de 1890, pudieron acceder a los Ayuntamientos y formar parte de las Cortes. Su escisión en tres tendencias y su escasa incidencia en las reformas sociales les hicieron tener poca repercusión en las masas trabajadoras, siendo su base electoral las clases medias urbanas de Cataluña, Valencia o Madrid. De las tres tendencias, la de Castelar, llamada histórica o posibilista, aceptó la colaboración con el sistema canovista y acabó integrándose en el Partido Liberal de Sagasta. En una posición central se encontraban Salmerón y Ruiz Zorrilla, defensores a ultranza de la Constitución de 1869. Y en la izquierda, los federalistas de Pi y Margall y Figueras, los más preocupados por los problemas sociales y que tuvieron una gran implantación electoral entre el proletariado catalán.

    se había afincado en el área agraria de Andalucía y en la industrial de Cataluña. Su éxito se basó en su oposición al capitalismo y al centralismo estatal, destructor de los sistemas tradicionales de cooperativismo, comunalismo y autonomía municipal. Durante el último tercio del siglo XIX se crearon numerosas agrupaciones locales, pero pocas federaciones nacionales, como la Federación Regional Española (1870) o la Federación de Trabajadores de la Región Española (1883). Muy reprimidas por su vinculación con la Mano Negra (1883), acusadas de terrorismo por el gobierno.. Desde 1882 utilizaron dos estrategias: la huelga general revolucionaria, arraigada principalmente en Cataluña, y el empleo de la violencia, que tuvo más penetración en Andalucía.

    Durante la década de los 90 predominó la acción violenta, con episodios como los levantamientos de Jerez de 1882, reprimida con energía, y respondida con el atentado de Paulino Pallás contra Martínez Campos en 1893, su ejecución llevó a la colocación de la bomba del Liceo. La represión subsiguiente

    motivaron nuevas acciones anarquistas, como las bombas lanzadas en la procesión del Corpus, que supuso el arresto de 400 anarquistas, que a su vez provocó el asesinato de Cánovas a manos del anarquista Angiolillo en 1897. Esta estrategia continuó en los primeros años del siglo XX con los atentados a Maura y al propio rey Alfonso XIII el día de su boda.

    no se constituye como partido político hasta 1879, fecha de la fundación del PSOE en Madrid. En 1888 se constituye en Barcelona la UGT, sindicato ligado a la II Internacional, de orientación moderada y reformista. Su estrategia partía de una ideología autoritaria y centralista, partidaria de la dictadura del proletariado, la abolición de la propiedad privada, la huelga revolucionaria y la lucha política. Tanto el PSOE como la UGT tuvieron una fuerte implantación en el País Vasco, Asturias, Madrid y zonas mineras como Río Tinto, Puerto Llano y Linares. No obstante, su expansión fue lenta y solo comenzó a tener relevancia en la primera década del siglo XX, cuando Pablo Iglesias obtuvo en 1910 su escaño como diputado por Madrid.

    La creación del Estado Liberal, en su afán de centralización y uniformismo administrativo, no fue capaz de integrar la diversidad de territorios con lengua propia, cultura e instituciones propias (Navarra, País Vasco) o con un pasado histórico muy arraigado (Cataluña). Durante la Restauración se reafirmó el centralismo al tiempo que se incrementaba el despegue económico e industrial de Cataluña y País Vasco. Ambos factores son determinantes para la formación del nacionalismo en estos dos ámbitos.

    de carácter cultural (1850-1860). Durante el Sexenio Catalula afirma su personalidad a través del republicanismo federal, aspirando a tener instituciones políticas y administrativas propias. Al llegar la Restauración, y frustradas sus aspiraciones federalistas, surgieron grupos, personalidades y asociaciones como el antiguo federalista Valentí Almirall y su Diari Catalá de 1879, que fueron la base del Centre Catalá de 1885, del que saldrá el “Memorial en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña” que se enviaría a Alfonso XII. Entre los sectores conservadores y burgueses destacan Joan Mañé i Flaquet, Prat de la Riba, Durán i Ventosa, Puig i Cadafalch de los que saldrán asociaciones como la Lliga de Cataluña de 1887 y la Unió Catalanista de 1891. Esta última redactará las Bases de Manresa en 1892. Todos estos grupos aún tenían un carácter regionalista pero reivindicando un poder político para Cataluña dentro del Estado español.

    El desastre de 1898 convirtió el regionalismo en nacionalismo, adquiriendo el catalanismo fuerza política, pretendiendo regenerar desde la periferia el desastre español. La burguesía catalana se alía con los defensores del catalanismo en una coalición que triunfa en las elecciones de 1901 y que será el núcleo del primer partido catalán conservador, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó y Prat de la Riba.

    conservó sus fueros hasta 1839: Juntas generales, leyes propias, hacienda propia, aduanas, impuestos y privilegios en las contribuciones. Algunos de estos derechos no se perdieron tras el Convenio de Vergara, manteniéndose hasta 1876 (fin de la Tercera guerra carlista). La pérdida de los fueros, salvo el llamado “concierto económico”, generó un sentimiento de rechazo hacia el gobierno de Madrid. Estimulado por el ejemplo catalán, el nacionalismo vasco parte del carlismo y se aceleró por el crecimiento económico del último tercio del siglo XIX y se plasmó en una variedad de grupos, personalidades y asociaciones, destacando el de Vizcaya, el más radical, dirigido por Sabino Arana. Este escritor de filiación carlista comenzó a actuar hacia 1893 con el periódico “Bizkaitarra y la asociación “Euskaldun Batzookija” (1894). Luego se creó el “Bizkai-Buru-Batzar” (1895) origen del Partido nacionalista Vasco (PNV), que desde ese mismo año comenzó a participar en las elecciones municipales, a la Diputación y al Congreso. Su ideología era de carácter confesional, racista, anti-industrial y anti-socialista.

    parte del “Rexurdimento” cultural gallego, cuyas figuras principales fueron Rosalía de Castro y Manuel Condal, apoyados por Pardo Bazán. Su conciencia política comienza con la república federal (1873) y continuó con escritores federalistas como Moreno barcia y su proyecto de constitución galaica de 1887. Hacia finales de siglo el galleguismo se consolida entre las clases medias de abogados, médicos y funcionarios. Alfredo Brañas publica en 1889 “El regionalismo”, de pensamiento conservador y descentralizador, contra el caciquismo y a favor de la redención de los foros. En 1891 Manuel Martínez Murguía crea la Asociación Regionalista Gallega, y en 1897 la Liga Gallega.

    nace del fenómeno cultural de la Renaixença con nombres como Teodoro Llorente, Constanti Lombart, Féliz Pizcuela y Vicente Querol. El primero, conservador, defenderá la unidad de España y se liga a los Jocs Florals de 1879. Llombart se preocupa por la proyección política valencianista y sigue con fidelidad los logros catalanistas. Solo algunos escritores se identifican con el resurgir de la identidad valenciana (Lluis Tramoyens o Fausti Barbaerá i Martí). Solo a principios del siglo XX aparecen algunas entidades de carácter regionalista, aunque minoritarias como “Valencia Nova” (1904), que organizó la 1ª Asamblea Regionalista Valenciana.

    , grupos de intelectuales interesados por las nuevas corrientes ideológicas. Destacan Juan de Cabriada, Crisóstomo Martínez, el astrónomo José de Zaragoza, el matemático Tomás Vicente Josa y el humanista Juan Camaruel.

    El reinado de Carlos III (1758-1788). Es el de la plenitud de la Ilustración y del Despotismo Ilustrado en lo que hace referencia a realizaciones prácticas. Es la época de Campomanes, Floridablanca y Jovellanos.

    4.- El reinado de Carlos IV (1788-1808). Retroceso ilustrado debido a la ofensiva antiilustrada procedente de grupos conservadores, alarmados por el socavamiento del orden social y política que imputaban a la Ilustración. Entre los ilustrados de este periodo merecen destacarse: Juan Meléndez Valdés, Leandro Fernández Moratín, José Marchena y el propio Goya.

    Todos ellos programaron combinar el interés general con el particular y hacer rendir al máximo el sistema feudal tardío sin tocar sus bases sociopolíticas. Pero, tamaña empresa requería la creación de un entorno cultural que acogiese tales proyectos. Esto obligó a los gobiernos reformistas a emplear unos instrumentos adecuados que lo hicieran posible.

    que permitía realizar reformas significativas sin provocar cambios sociales traumáticos. El estado en que se encontraba era desolador, con métodos y materias anticuados. Pero el intento por reformar la Universidad acabó en un rotundo fracaso debido a la falta de recursos, al desinterés estudiantil y a la escasa preparación pedagógica y académica de la mayoría de los profesores. Ante esta situación, tanto el propio Estado como la iniciativa privada buscaron nuevas vías:

    (1765), surgió a partir de la tertulia de Azcoitia que comenzó a reunirse en 1748. En 1774, Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, ordenó la fundación en España de sociedades de las mismas características. En 1804 había en España 73 Sociedades de Amigos del País. Destacaron por sus publicaciones las de Madrid, Sevilla, Zaragoza (que fundó la primera cátedra de Economía en 1784), Valencia, Segovia y Palma, además de la Vasca. Barcelona no contó con sociedad alguna hasta 1835 porque tenía desde 1758 la Junta de Comercio, foco a la vez económico y cultural. A su ejemplo se crearon el Consulado de Málaga (1785) y el Consulado de Santander (1796). Además también se extendieron Sociedades de Agricultura, como la Academia de Agricultura del Reino de Galicia (1765) o la Real Sociedad Cantábrica (1791)

    La propagación del pensamiento de la Ilustración a través de los libros o del teatro era insuficiente, debido al reducido público al que podían llegar. La prensa fue el medio más eficaz para divulgar las nuevas ideas para un país que debía ser modernizado. Entre otros, merecen mención periódicos como

    . El regimiento sustituyó a los tercios y se dotó a la infantería con fusiles con bayoneta. Tanto la caballería como la artillería también se acomodaron a los nuevos tiempos. Con Carlos III la industria militar recibe un notable impulso: maestranzas de Barcelona, Sevilla y Liérganes. La

    como la unificación de los pesos y medidas fue un fracaso. En cambio, la reforma monetaria si constituyó un éxito: el real de plata quedó fijado en 68 maravedíes, el real de a dos en cuatro reales de vellón y el peso o real de a ocho en diez reales de vellón. Al real de a dos, por influencia catalana probablemente, empezó a llamársele

    , siendo el más importante la creación de una red radial que puso en contacto Madrid con la periferia a través de la construcción de puertos de montaña que por primera vez permitieron el paso de carretas y mercancías por Guadarrama, Reinosa, Orduña, Somosierra o Despeñaperros.

    también fue un objetivo prioritario, pero se alcanzaron escasos objetivos: creación de una red de fábricas reales y protección de las industrias consideradas de interés: cerámicas de Alcora o paños de Alcoy. Se trajeron técnicos extranjeros cualificados.

    también fue un objetivo prioritario, pero poco se podía hacer sin cambiar los privilegios. No obstante algo se consigue: prohibición de expulsar a los arrendatarios de las tierras señoriales, restricción para el establecimiento de mayorazgos, permiso para roturar tierras en contra de la Mesta y se comienza a estudiar la posibilidad de desamortizar tierras de la Iglesia y de los municipios. En el mismo orden de éxitos parciales merece mencionarse el proyecto de Olavide para repoblar Sierra Morena.

    hubo decretos para compatibilizar el trabajo o los negocios con la hidalguía, para restringir el poder de los gremios y para dar honorabilidad al trabajo en general: creación de la Orden de Carlos III.

    afectó a numerosos ámbitos científicos realizándose notables avances, especialmente en las ciencias naturales con estudios sobre la flora y fauna de América llevados a cabo por Celestino Mutis y las expediciones patrocinadas por la Corona como las de Jorge Juan, Antonio Ulloa o Malaspina. El mismo Antonio Ulloa realizó experimentos con el platino, Andrés Manuel del Río descubre el vanadio, los hermanos Elhuyar, el wolframio. Salvá realiza los primeros ensayos de telegrafía eléctrica, Clavijo desarrolla una bomba de vapor para desagüe…

    Sin embargo y, como conclusión, la Ilustración española nunca salió del patrocinio del Estado. Sometida a la censura estatal y restringida a los funcionarios públicos, resultó impotente ante el radicalismo de la Revolución Francesa y su ímpetu inicial quedó abortado al ser sobrepasada por los elementos reaccionarios. Nunca produjo una burguesía a imagen y semejanza de la francesa, al estar restringida a elementos clericales y a funcionarios con escasa influencia social. La Ilustración española proyectó numerosas reformas pero pocas se llevaron a cabo e insuficientes para transformar las estructura socioeconómica del país.

    El cambio dinástico apenas produjo modificaciones en las Indias. El monopolio de la Casa de Contratación (ubicada ahora en Cádiz) seguía siendo efectivo y el comercio se regía por los mismos principios: envíos de plata a cambio de productos procedentes de la Península: cereales, vino, aceite y manufacturas españolas y europeas.

    Desde mediados del siglo la política borbónica comenzó a cambiar bajo los mismos principios ilustrados que se introdujeron en España, con el objetivo de hacer más eficaz la explotación del territorio y recaudar más dinero.

    La política borbónica provocó las protestas tanto de los criollos como de los trabajadores que eran quienes soportaban el aumento de impuestos. Los criollos se veían fuera de la administración y del comercio y se les incapacitaba para comerciar con otro estado que no fuera el español. En 1780/81 se produce una sublevación en Perú y Nueva Granada, iniciada por los criollos, pero que pronto se convirtió en una rebelión indígena (Tupac Amaru) que fue sofocada tras fuerte resistencia. Pero no se logró acabar con el sentimiento de autonomía ni con la conciencia de sentirse postergados por la metrópoli.

    . Urgido por su segunda mujer, Isabel de Farnesio, que pretendía estados italianos para sus hijos, dejó que el cardenal Alberoni dirigiera la política internacional hasta 1719. La invasión de Cerdeña y Sicilia motivó la creación de la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Francia, Holanda y Austria) que, para evitar una nueva guerra, ofreció el trono de los ducados de Parma, Plasencia y Toscana para el infante don Carlos. La derrota naval ante Inglaterra obligó a abandonar Cerdeña y Sicilia y motivó la destitución del cardenal Alberoni en 1719.

    . Aislado en Europa, Felipe V entró en la Cuádruple Alianza e inició un acercamiento a Francia que cristalizó en el tratado de 1721. En enero de 1724 se produjo la inesperada abdicación en su hijo Luis I, pero a la muerte de éste unos meses después le obligó a recuperar el trono, pero sus crisis de melancolía dejaron en manos de Isabel de Farnesio la política española.

    . Patiño, ahora al frente de la diplomacia española, se propuso buscar la paz para reconstruir España. En 1729 firmó con Francia el Tratado de Sevilla y se abandonó la aproximación a Austria. En 1731 se reconocía al príncipe Carlos como soberano de los ducados italianos. Por el

    que implicó la entrada de España en la Guerra de Sucesión del Imperio Austríaco en la que se reconocía como soberano de los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla al infante don Felipe, segundo hijo de la Farnesio.

    , aunque los compromisos del Segundo Pacto de Familia obligaran a continuar la guerra heredada de su padre. La Paz de Aquisgrán (1748) aunque no resultara favorable para España si consolidó al infante don Felipe como soberano de Parma, Plasencia y Guastalla con la promesa de que volverían a Austria si éste dejaba de gobernarlos. Se impuso la paz y durante el resto del reinado de Fernando VI (1746-1759) España no participó en guerra alguna, lo que le permitió reconstruir la flota gracias a los desvelos del marqués de la Ensenada

    , lo que le llevó a participar en la fase final de la Guerra de los Siete Años en el bando perdedor. España invadió el norte de Portugal y la colonia portuguesa de Sacramento, mientras que los ingleses ocuparon Manila y La Habana en 1762. La

    (1763) puso fin a la guerra y confirmó el predominio inglés como potencia marítima mundial. Canadá pasó a ser colonia británica. España tuvo que evacuar Portugal y devolver la colonia de Sacramento, cedió a Inglaterra la Florida y la Bahía de Pensacola; en compensación recibió de Francia la Luisiana y recuperó Manila y La Habana. El balance fue negativo para España.

    Dirigida la política exterior por Floridablanca, éste se alejó de la política dinástica y se centró más en los intereses exclusivos de España. Tras su derrota Inglaterra devolvió a España las dos Floridas, recuperó Menorca y varias posesiones en el golfo de México; pero Inglaterra retuvo Gibraltar.

    El Despotismo Ilustrado fue la concepción teórica y la práctica gubernamental que adoptó la monarquía absoluta en casi todos los Estados europeos durante la segunda mitad del siglo XVIII. Su lema:

    , indicaba que los monarcas ilustrados no renunciaban a su soberanía absoluta. Los déspotas ilustrados consideraban que la finalidad esencial de la monarquía era lograr la felicidad de sus súbditos a través del

    . Para ello tomaron como base ideológica el pensamiento ilustrado, especialmente de Voltaire, y se propusieron llevar a cabo las reformas que proporcionarían un mundo más justo, más racional. Su objetivo era desarrollar la economía en todos sus ámbitos, hacer más eficaz el gobierno, racionalizar la administración y fomentar la cultura, extendiendo la educación, y limitando la influencia de la Iglesia. Pero nunca se propusieron alterar las bases sociales del Antiguo Régimen, ni limitar el poder del monarca ni eliminar los privilegios estamentales.

    (Felipe V y Fernando VI) llegó a su máxima expresión con este rey. Cuando sucedió a su hermanastro Fernando, tenía 44 años y llevaba 25 como rey de Nápoles y Sicilia. Dejó el trono de este reino a su tercer hijo y nombró príncipe de Asturias al futuro Carlos IV. Hombre prudente y asumida su misión como déspota ilustrado de procurar el bienestar de sus súbditos empleó sus esfuerzos a ello. Mantuvo a la mayor parte de los cargos de la administración existentes, nombró al napolitano, marqués de Esquilache, para la secretaría de Hacienda y comenzó a rodearse, como lo habían hecho sus antecesores, de personas eficaces provenientes de la baja nobleza, el clero medio y la burguesía.

    (1766). Las clases privilegiadas aprovechando una situación de fuerte carestía de los alimentos echó al pueblo a la calle produciéndose alborotos y disturbios violentos contra las autoridades locales y contra los ministros extranjeros, en especial Esqulache. Cuando la situación se normalizó el rey intensificó su programa de reformas en tres frentes principales:

    , consciente de que el 70% de la población era campesina y de que los precios habían ido subiendo por el aumento de la demanda, se hacía imprescindible mejorar la producción. Se analizaron varios proyectos de

    de Jovellanos. En ellos se exponía la necesidad de ampliar la superficie cultivable y crear una clase media de campesinos propietarios que mejorasen sus técnicas agrícolas. No hubo Ley Agraria pero sí soluciones parciales:

    tierras de propios y baldíos que no eran cultivables. Se planteó que los ayuntamientos las arrendasen a los campesinos sin tierra. En 1766 se aplicó esta medida a Extremadura y luego se extendió a toda España.

    Pero no se consiguió lo esperado. No se creo la clase media de campesinos y el aumento de producción se debió a la extensión de los cultivos, pero no a las mejoras técnicas que seguían siendo arcaicas.

    también hubo propuestas que tropezaron desde el principio con una serie de problemas de base: la inexistencia de un mercado nacional, los bajos niveles de renta de la población y la persistencia de los gremios que frenaba la competencia y la iniciativa privada. Ante la falta de capitales privados que pudieran invertir en la industria el Estado llevó la iniciativa:

    superior al taller artesanal pero que no llegaba a ser una fábrica. Destacaron la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro y la Real Fábrica de Cristal de la Granja de San Ildefonso. Nunca tuvieron beneficios.

    • Por iniciativa de Campomanes se intentó llevar la pequeña industria a áreas rurales, buscando elevar las rentas campesinas y fomentar el comercio regional. Se encargó del proyecto a las Sociedades Económicas de Amigos del País, pero no tuvo demasiado éxito.

    se mejoraron las infraestructuras interiores para agilizar los intercambios entre regiones, se construyó una flota para proteger el comercio con América, se acabó con el monopolio de la Casa de Contratación situado ahora en Cádiz (1765, 1778) favoreciendo el desarrollo de las zonas litorales; se intentó proteger la producción interior con medidas proteccionistas. En 1778 se creó la Superintendencia de Correos y Postas, Caminos y Posadas. Pero aún así los avances sólo fueron parciales.

    tuvo su principal reflejo en las actuaciones que se hicieron en Madrid: reformas urbanas (limpieza, alumbrado, numeración de casas y manzanas, adoquinado de calles…), se proyectó el eje del Prado para que sirviera de esparcimiento a los madrileños, se construyeron fuentes con temas mitológicos: Apolo, Neptuno, Cibeles; la puerta de Alcalá y tres edificios dedicados al fomento de las ciencias experimentales: El Gabinete de Ciencias Naturales (actual Museo del Prado), el Jardín Botánico y el Real Observatorio Astronómico de Madrid, todos en las proximidades del Retiro.

    Con Felipe V se implanta en España el modelo absolutista de gobierno Rey = Estado. El monarca era el único depositario de la soberanía, de origen divino, concentrando en su persona los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. El nuevo modelo suponía la reforma de las instituciones para que la autoridad real pudiera llegar a todos los rincones de su Estado. El principal objetivo: centralizar el poder e implantar la uniformidad legal e institucional en todos los reinos que componían la Corona española, sin transformar la estructura social del Antiguo Régimen.

    • Se suprimieron los privilegios fiscales y se implantó un nuevo impuesto global fijado por el rey y distribuido por el intendente real entre los corregimientos, ciudades y pueblos. El nuevo impuesto (denominado equivalente en Valencia, talla en Mallorca, contribución única en Aragón y catastro en Cataluña) equiparaba la contribución a la hacienda pública a la de Castilla

    • Un capitán general sustituyó al antiguo virrey, con amplias atribuciones administrativas, judiciales y militares. A su lado una audiencia, con magistrados nombrados por el rey, que debían utilizar exclusivamente el castellano.

    Por el auto acordado de 10 de mayo de 1713 instituía el derecho preferente al trono de España de todos los varones de estirpe real; únicamente en caso de no haber ningún heredero varón, en la línea directa ni en las colaterales, las mujeres podrían acceder al trono. El heredero sería nombrado

    (consejo privado) formado por el embajador francés, algunos miembros de la nobleza y los presidentes del Consejo de Castilla y de Aragón. Su segundo matrimonio con Isabel de Farnesio, en 175 terminó con la influencia francesa. La reina gozó de gran influencia e introdujo al abate Alberoni como personaje de confianza hasta su caída en 1719, siendo sustituido por otros, miembros de la baja nobleza ilustrada que se encargaban del funcionamiento de la burocracia estatal, por delegación real.

    , origen de los actuales ministerios, fueron creadas por Felipe V, según el modelo francés. A lo largo del siglo XVIII se crearían las de Estado y Asuntos Extranjeros, Asuntos Eclesiásticos y Justicia, Guerra y Marina, Hacienda e Indias. El rey nombraba directamente a los secretarios, eligiendo personas de reconocida capacidad y eficacia y con formación jurídica. La reunión de todos los secretarios era como una especie de consejo de ministros que dirigían una burocracia estatal cada vez más amplia y organizada, aumentando la eficacia administrativa.

    siguieron existiendo, pero con menor influencia política y con menos consejeros, reduciendo su papel a la resolución de expedientes ordinarios y de sentencias. Asumían la supervisión de la administración provincial y actuaban como tribunal supremo de justicia. De todos ellos sólo el

    , creados en 1718, eran altos funcionarios a cargo de una provincia o reino; además, eran corregidores de la capital provincial donde debían residir. Se encargaban de la recaudación de tributos, el reclutamiento de tropas, el orden público, la vigilancia de las autoridades locales, las obras públicas y el fomento de la producción agrícola e industrial. Fueron la pieza clave de la administración borbónica.

    ) y además se reclutó de forma forzosa a vagabundos, vagos y ociosos. Los regimientos sustituyeron a los antiguos tercios. Se reformó la artillería y la caballería, se modernizó el armamento, introduciendo el fusil con bayoneta, nuevos cañones y bombas. Se creó el cuerpo de ingenieros y la guardia real.

    era esencial para defender el comercio con las Indias. Se fundaron tres departamentos marítimos (Cartagena, Cádiz y El Ferrol) donde se construyeron astilleros y arsenales. Se abrieron nuevos puertos y se construyeron navíos modernos empleando a ingenieros extranjeros. El cuerpo de oficiales se reorganizó. Se creó la Escuela de Guardamarinas (1717). Se reorganizó el reclutamiento de la marinería (la matrícula de mar) para formar tripulaciones disciplinadas y numerosas. Los pescadores rehuyeron el servicio porque era duro y estaba mal pagado. En tiempos de guerra se recurrió a la recluta forzosa de vagabundos.

    monarca hubo de hacer frente a la deuda arrastrada desde el siglo anterior. Era necesario equilibrar el presupuesto reorganizando la Hacienda pública. Se plantearon varios proyectos, que siempre chocaron con las tradicionales exenciones fiscales de los grupos privilegiados, los nobles y el clero. Nadie, de los que acometieron la reforma fiscal quiso alterar las bases socio-económicas del Antiguo Régimen ni suprimir los privilegios. No obstante las reformas que se acometieron consiguieron equilibrar el presupuesto al aumentar los ingresos:

    • Se aumento la contribución de los antiguos reinos de la Corona de Aragón, igualándolos a los de Castilla. Las nuevas contribuciones eran proporcionales a la riqueza de las personas, aunque respetaron las exenciones fiscales de nobleza y clero.

    • Aunque se aumentó levemente la presión fiscal sobre el campesinado, el mayor peso recayó en los habitantes de las ciudades. Todas la ventas de mercancías pagaban impuestos: la alcabala, millones y los cientos. Los derechos aduaneros gravaban el paso de mercancías.

    Hubo una mayor preocupación por mejorar la situación material y cultural de sus súbditos. Ya a finales del reinado de Felipe V se introdujo la Ilustración a través de las obras de sus principales autores. Siguiendo sus propuestas se crearon nuevas instituciones, motor de la renovación cultural:

    Las Academias estatales pretendían conseguir unos niveles de calidad aceptables en las ciencias y en las artes, oponiéndose a la estructura gremial que muchos oficios mantenían. La Real Academia Española fue fundada en 1713 con la finalidad de

    El incendio del antiguo Alcázar de los Austrias, en 1734, planteó la necesidad de construir un nuevo palacio real en Madrid, sobre el solar del anterior. El nuevo palacio en el que trabajaron los arquitectos italianos Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti, en estilo barroco clasicista, debía convertirse en el emblema de la nueva dinastía.

    Desechados los consejeros franceses e italianos de sus primeros años de reinado, comienza a confiar en los ministros españoles como Patiño, especialmente cuando ve que sus aspiraciones al trono francés se ven truncadas. En 1724 abdica en su hijo Luis I, pero la muerte repentina de éste, le hace recuperar el trono, que no dejará hasta 1746, año en que le sucede Fernando VI, el primogénito de su segunda mujer Isabel de Farnesio.

    El nuevo rey mantiene la política interior de su padre, pero se mantendrá neutral en el exterior, pues su mayor preocupación fue la recuperación económica de España, bien aconsejado por los ministros Carvajal o Ensenada.

    Su muerte, el día 1 de noviembre de 1700, desencadenó una guerra que las intrigas realizadas por Luis XIV de Francia y Leopoldo de Austria habían preparado. La dinastía de los Habsburgo todavía gobernaba el mayor estado territorial, con sus dominios europeos y americanos. Los dos contendientes se preparaban para repartírselo y de paso garantizarse la hegemonía en Europa, con lo que se podía romper el equilibrio defendido por Inglaterra y Holanda.

    Los candidatos a ocupar el trono eran Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto de Luis XIV y segundo hijo del Delfín (el heredero francés) de Francia, y el archiduque Carlos, segundo hijo del emperador Leopoldo I de Austria. Para evitar la rivalidad Carlos II hizo testamento a favor de José Fernando de Baviera, pero su repentina muerte en 1699 volvió a plantear el dilema. El 2 de octubre de 1700 Carlos II se decidió por Felipe de Borbón con la promesa de no repartir la Corona y renunciar al trono francés, para evitar una posible futura unión de España y Francia.

    Luis XIV aceptó el testamento de inmediato y el 16 de noviembre Felipe fue reconocido como rey de España en Versalles con el nombre de Felipe V. Leopoldo I rechazó la nuevo rey y rompió relaciones diplomática con Francia.

    La llegada del joven rey fue recibida con entusiasmo pues tras él se encontraba el estado europeo más poderoso del momento y se tenía la esperanza de solucionar los graves problemas del país y frenar su decadencia. Pero Luis XIV tomó una serie de decisiones que precipitarían la guerra:

    La guerra se dirimió en dos frentes: Europa y España. En Europa, Luis XIV hubo de hacer frente a la coalición con sus fuerzas, se dirimía la hegemonía europea. En España la guerra adquirió tintes de guerra civil entre los partidarios de continuar con el Estado pactista de la monarquía de los Habsburgo y los defensores de implantar el estado centralista de los Borbones, según el modelo francés.

    Los primeros enfrentamientos se produjeros en Italia (1701) entre franceses y austriacos. El desembarco del contingente inglés del duque de Marlsborough en Holanda dio a la guerra una dimensión continental. Saboya y Portugal se unieron a la alianza antifrancesa en 1703. En 1704, una flota aliada, tras intentar tomar Cádiz, ocupó Gibraltar en nombre del archiduque Carlos, quedando hasta ahora bajo dominio inglés.

    Los ejércitos aliados realizaron ofensivas desde Portugal para tratar de ocupar Madrid y desde el Mediterráneo apoyaron la sublevación de la Corona de Aragón. Desembarcado el Lisboa, el archiduque Carlos se puso al frente del ejército aliado. Ante la amenaza procedente desde Portugal y Aragón, Felipe V abandona Madrid (1706) que fue ocupada por el archiduque, siendo proclamado rey como Carlos III. Felipe la recuperó gracias al apoyo castellano y Carlos se refugió en Valencia. La victoria de Almansa, conseguida gracias al apoyo del ejército francés destacado en España, permitió al Borbón controlar Aragón y Valencia, decretando la abolición de sus fueros (junio de 1707).

    La situación en Europa no podía ser peor para Luis XIV y empezó a pedir la paz, pero las condiciones que le presentaron resultaron inaceptables (expulsión de su nieto del trono español) y continuó la guerra. En 1710, la retirada de las tropas francesas permitió una nueva ofensiva aliada desde Cataluña hasta Madrid, donde nuevamente se instaló el archiduque. Una ofensiva de Felipe V sobre Madrid, venciendo en Brihuega y Villaviciosa, le permitió recuperar la capital, volviéndose luego contra Cataluña. Pero en 1711 un acontecimiento inesperado resultó decisivo: la muerte del emperador José I de Austria y el ascenso al trono de su hermano el archiduque Carlos. Holanda e Inglaterra, temerosos de una reedición del imperio de Carlos V, cambiaron de bando y aceptaron a Felipe V como rey de España. Comenzaron las negociaciones de paz, aunque en España proseguía la guerra. Cataluña, abandonada por los aliados, resistió hasta la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Mallorca e Ibiza capitularon en junio de 1715.

    lo abarcara todo, dando lugar a una religiosidad exacerbada, más preocupada de la apariencia que de la esencia de la misma. Frente al racionalismo religioso de la reforma protestante, la Iglesia católica opuso sentimiento. Y sólo en este contexto pueden entenderse las manifestaciones sociales que han llegado hasta casi nuestros días: fervor a determinadas imágenes, procesiones cercanas a la superstición, extensión de los milagros y acumulación de santos. Se perseguía al hereje reformista sin criterio racional alguno y se consideraba judaizante a todo aquel que no comiera carne de cerdo o no asistiera a misa los domingos. Las prácticas de la medicina alternativa se consideraban brujería. En este contesto se impuso la

    se convirtieron en el espejo en que mirarse el resto de los grupos sociales, de esta manera los trabajos manuales fueron rechazados por innobles, afectando negativamente a la economía y al incipiente desarrollo de la burguesía inversora.

    brillara por su ausencia. El acceso a la cultura siguió limitado a las oligarquías urbanas y a la nobleza, mientras las cátedras y el modelo de enseñanza seguían en manos de la Iglesia. Los reinos hispánicos quedaron al margen de la revolución científica que se estaba dando en Europa, favorecida por el racionalismo reformista, por el temor a que afectase a los supuestos religiosos.

    destacaron Góngora y Quevedo, que la abordaron desde estilos opuestos. Góngora fue el poeta del culteranismo, una lírica arcaizante y musical, de estilo deliberadamente difícil. Quevedo representó al conceptismo, donde la dificultad se expresaba a través del ingenio de los juegos de palabras, los dobles y triples sentidos y la sátira mordaz. El

    fue el género más popular y de mayor proyección social. Por todos sitios surgieron corrales de comedias y el teatro se convirtió en el espectáculo por excelencia. Destacaron especialmente Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca.

    no solo designa un estilo artístico, también define un movimiento cultural que, en los reinos hispánicos, se extiende desde las últimas décadas del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII. Difundido desde Italia, su centro principal se encontraba en Roma, sede del papado.

    , arte muy costoso y por ello afectado por la crisis económica, tuvo sólo el mecenazgo de la Iglesia y la Corona. El Madrid cortesano se convirtió, por ello, en un gran centro artístico para la exaltación del poder monárquico, aunque seguían predominando los edificios religiosos. Durante los dos primeros tercios del XVII, el estilo arquitectónico fue contrarreformista y herreriano (por influjo de la obra de Juan de Herrera, arquitecto del monasterio de El Escorial). El principal autor fue

    , a la clientela religiosa se unió el mecenazgo de la corte. El barroco español se caracterizó por su naturalismo, expresado en el bodegón; por su empleo de la luz, el movimiento y el color para lograr efectos dramáticos y ópticos, perspectivas engañosas; y por su interés en mostrar lo efímero de la vida terrenal. Los temas religiosos son predominantes. También hubo dos escuelas: las de Sevilla y Madrid. En la primera trabajaron

    durante su primera etapa. La especialidad de Zurbarán fue la pintura religiosa, en la que representó series de frailes por encargo de diversos conventos y monasterios (Guadalupe). Murillo es el pintor de los temas amables. Destacaron su serie de Inmaculadas y de escenas infantiles llenas de ternura. En la etapa madrileña, trabajando como pintor de cámara de Felipe IV Velázquez desarrollo la pintura figurativa hasta sus últimas consecuencias. Su trabajo en la corte le permitió alejarse de los temas exclusivamente religiosos y desarrollar otros muy diversos: retratos (Felipe III, Felipe IV, el papa Inocencio X), temas mitológicos (La fragua de Vulcano, Las hilanderas, Los borrachos), escenas al aire libre (Los jardines de los Médicis, La rendición de Breda), destacando por encima de todos sus maravillosa obra

    que provocaron hambrunas y debilitaron a la población, el incremento de la emigración a las Indias, la escasez de matrimonios y el aumento progresivo del número de clérigos atraídos no por vocación religiosa sino como forma de subsistencia.

    . Aunque se había iniciado ya en el siglo XVI, se fue acentuando a lo largo del XVII. Al deterioro de la situación contribuyó la disminución del volumen de metales preciosos procedentes de América. Olivares quiso resolver tan delicada situación emprendiendo profundas reformas, pero las dificultades y los imperativos militares obligaron a buscar con urgencia otras fuentes de ingresos:

    No obstante, todos estos recursos sólo sirvieron para poder afrontar las necesidades inmediatas de la Corona (gastos de guerra y pago de intereses), pero no atajaron el creciente endeudamiento de la Real Hacienda.

    , debida en gran parte a la disminución de la mano de obra campesina por el descenso demográfico. También se produjo un cambio de cultivos. El trigo dejó paso en numerosos lugares a la cebada y el centeno (como alimento del ganado) y a la vid. En el norte peninsular se paliaron los efectos de la crisis gracias al cultivo del maíz, especialmente en Galicia.

    Hacia 1680 se puede dar por concluida la crisis demográfica y económica. Antes incluso se advierte un aumento de la natalidad, sobre todo en las regiones litorales, con lo que la tradicional relación entre el centro y la periferia se invirtió a favor de esta última. También se recuperan desde esa fecha la producción y el comercio, actuando de impulso la reforma monetaria que acercó el valor real al valor legal. La expansión económica que se observará en el siglo XVIII tuvo sus momentos iniciales en el último cuarto del XVII.

    aumentó debido fundamentalmente a la venta de títulos nobiliarios. Pero disminuyeron las rentas señoriales por el descenso de la mano de obra y la crisis agraria, que obligaron a la nobleza a endeudarse para poder mantener su elevado nivel de vida.

    , en especial en Castilla, fue el sector más afectado por la crisis económica al aumentar sobre ellos la presión fiscal. Muchos pequeños campesinos se veían forzados a endeudarse tras una mala cosecha y, con frecuencia, no podían devolver los préstamos, perdiendo así sus tierras y viéndose forzados a emigrar a las ciudades que se llenaron de pobres, mendigos y vagabundos, contribuyendo a que el clima social fuera cada vez más inestable.

    obligó a restringir el alcance de la política exterior. Las necesidades de financiación incrementaron la presión fiscal en todos los reinos y, debido a la guerra y al asalto a las posesiones americanas y a las flotas de Indias, disminuyeron las remesas de plata americana.

    fruto de la crisis demográfica que afectó a todos los reinos. Cada vez era más difícil encontrar voluntarios y hubo que recurrir a las impopulares levas forzosas, provocando desinterés y falta de preparación. La situación se agravó en la segunda mitad del siglo, produciéndose continuas derrotas militares.

    atacaron las posesiones ultramarinas de Castilla y Portugal, estableciéndose en la Guayana y en algunas islas del Caribe. España reaccionó aumentando la protección de la flota de Indias, defendiendo el istmo de Panamá y fortificando las ciudades estratégicas, empleando unos recursos económicos que hubo de distraer de la Península y de Europa.

    reanudó la guerra contra los Países Bajos (Provincias Unidas) en 1621 con el propósito de recuperar el prestigio perdido. También estrecho lazos con los Habsburgo de Viena, a los que se consideraba aliados imprescindibles para defender las posesiones de Italia y Flandes. Ello le llevó a involucrarse desde el principio en la

    (1618-1648) que enfrentó a los católicos Habsburgo con los príncipes protestantes alemanes y sus aliados (primero Dinamarca y después Suecia). En 1635 cuando la situación parecía estabilizada a favor de los Habsburgo, Francia decide entrar en guerra. Agobiada por las sublevaciones de Cataluña y Portugal y multiplicados los rivales en Europa (Países Bajos, Francia, los príncipes protestantes alemanes, Inglaterra) los tercios españoles serían derrotados, siendo Rocroi (1643) la primera de ellas.

    en la que los Habsburgo reconocen la derrota. España aceptaba la independencia de las Provincias Unidas y Francia se convierte en la potencia hegemónica europea. No obstante España seguía en guerra con Francia y Portugal y Cataluña continuaban con sus afanes independentistas. En 1659 Felipe IV firma con Francia la Paz de los Pirineos, cediendo varias plazas de Flandes, el Rosellón y la Cerdaña. Con Portugal se firma la paz en 1668 (Tratado de Lisboa): se reconoce la independencia lusa y, en este contexto, Ceuta que pertenecía a Portugal quedó como plaza española. El acoso de Francia continuó con el nuevo rey francés Luis XIV, produciéndose cuatro guerras en las que España perdió buena parte del Flandes español y la totalidad del Franco Condado. Aunque la ausencia de guerras favoreció la recuperación interna, la situación exterior era precaria. Para 1700 el Imperio español se convirtió en el objetivo del resto de potencias europeas. Con motivo de la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1700-1713) el reparto del mismo sería una realidad.

    un descontento porque el rey quiso exigir a la Diputación General un impuesto extraordinario y ésta se negó alegando que tenía que ser aprobado previamente por las Cortes. La situación se endureció con motivo de la estrategia del Conde-duque de Olivares al que, comenzada la guerra con Francia en 1635, se le ocurrió crear un segundo frente en la frontera catalana que obligara a Richelieu a disminuir la presión sobre Flandes. Obligó a Cataluña a poner en pie un ejército con sus propios medios y como se la veía incapaz de sostener por sí sola la lucha contra Francia, envió a los tercios, en su mayor parte italianos poco disciplinados, que cometieron numerosos abusos. El día 12 de junio de 1640, día del Corpus, entraron en Barcelona 3.000 segadores y atacaron a los tercios. El Virrey, conde de Santa Coloma, fue asesinado y la situación se repitió en otras ciudades catalanas. La respuesta de Madrid fue el castigo y la de Cataluña la secesión, constituyéndose en República bajo la protección de Luis XIII de Francia. Olivares puso en marcha de forma apresurada un ejército que fracasó ante Lérida. Al año siguiente cayó el valido, siendo sustituido por su sobrino Luis de Haro. Finalmente, tras 12 años de guerra, las tropas de Felipe IV entraron en Barcelona (1652) poniendo fin al intento secesionista catalán.

    . La gota que colmó el vaso fue la recluta ordenada por Olivares para la guerra de Cataluña. El 1 de diciembre de 1640 los portugueses deponen a la Virreina y el duque de Braganza es proclamado rey con el nombre de Juan IV. De inmediato, Inglaterra, Francia y los Países Bajos reconocieron al nuevo rey. Debido al esfuerzo que los Austrias estaban realizando en Europa no pudo enviar tropas a Portugal hasta 1660, cuando ya era demasiado tarde. En 1668 la corona española reconocía la independencia del reino portugués.

    marqués de Ayamonte y sobre todo el duque de Medina Sidonia pretendieron formar un reino independiente inspirándose en el modelo portugués (1641) El de Ayamonte fue decapitado y Medina Sidonia fue desterrado. En

    se habló de asesinar al rey y proclamar como soberano al duque de Híjar (1648). Los cabecillas del movimiento fueron ejecutados y el duque de Híjar encarcelado. También hubo tumultos en Valencia y en Navarra, Iturbide intentó también la secesión (1648). En

    la sublevación fue sofocada en 1648 por don Juan José de Austria tras abolir los impopulares impuestos con que habían gravado al país para hacer frente a los ingentes gastos de guerra en tiempos de Olivares.

    . Felipe III tuvo dos, primero el ineficaz y corrupto duque de Lerma y después su hijo el duque de Uceda. Felipe IV otros dos, el ambicioso y capaz Conde-duque de Olivares y el más equilibrado y realista Luis de Haro. Finalmente, Carlos II contó con el padre Nithard, el advenedizo Fernando de Valenzuela, don Juan José de Austria, el duque de Medinaceli, el conde de Oropesa y, finalmente, una camarilla incompetente.

    En todos los casos sustituyeron a reyes con muy poco interés por las tareas de gobierno y con notable debilidad de carácter. Felipe III abrió el camino a la entrada de estos validos y, a lo largo del siglo XVII, se convirtió en una costumbre aceptada por todos los grupos de poder, cuya máxima aspiración era alcanzar la confianza del rey y gobernar en su propio beneficio. Ello condujo durante algunos periodos al desgobierno, especialmente durante los valimientos del duque de Lerma, el padre Nithard y Fernando de Valenzuela.

    La mayor parte de los validos intentaron gobernar al margen de los Consejos, a través de Juntas reducidas integradas por personas de su confianza, con el fin de agilizar la administración y así evitar el control de los Consejos. Desde el poder apartaban a sus enemigos y colocaban en los puestos más importantes a hombres de su confianza. La corrupción aumentó y los más atrevidos aprovecharon el apoyo o desinterés del rey para controlar concesión de cargos, pensiones y mercedes de todo tipo, que canalizaron hacia sus propios familiares.

    La oposición a los validos la encabezaron los letrados, que formaban los Consejos, y los miembros de la aristocracia que eran apartados de la Corte por formar parte de facciones enfrentadas al valido de turno.

    • La expulsión de los moriscos (1609). Medida popular tomada para evitar una posible alianza de los moriscos con los piratas berberiscos, cuyas acciones de saqueo de la costa levantina y andaluza fueron continuas durante el primer tercio del siglo. Durante el valimiento del duque de Uceda se ocuparon Larache y Mámora en la costa atlántica africana, como medida de protección frente a la piratería turca. El número de expulsados se puede ver en el cuadro adjunto. Los nobles aragoneses y va-

    Reformas administrativas para acabar con la corrupción. Creación de 16 juntas de reforma que fracasaron por la oposición de los estamentos privilegiados y por multiplicar los gastos burocráticos en un 50 %.

    Protección del comercio, sobre todo del sector textil, prohibiendo el comercio con Inglaterra, Holanda, Francia y diversos estados alemanes. Lejos de mejorar la industria textil española por la carencia de capitales y de personal cualificado supuso la ruina del comercio exterior.

    ). En la práctica suponía aumentar la presión fiscal sobre los reinos no castellanos que debían contribuir en la misma medida que Castilla al sostenimiento del Imperio español. El resultado fue el amotinamiento y sublevación de Cataluña, Portugal, Andalucía, Aragón, Navarra, Nápoles y Sicilia, que llevaron a la monarquía al colapso en un momento en que mayor esfuerzo bélico se estaba realizando en el exterior (1640-1648)

    En el siglo XVI la cultura escrita era patrimonio de una minoría. El bajísimo grado de alfabetización se corresponde con la existencia de una notable cultura popular, vinculada con la cultura oficial o académica, ya que la mayoría de los temas de la cultura popular, expresados en canciones, romances, refranes… están inspirados en la cultura escrita o contaminados por ella.

    La causa fundamental del analfabetismo era económico: las familias pobres no podían prescindir del trabajo infantil. En las ciudades se establecían maestros de primeras letras, con licencia del ayuntamiento y del obispo y se mantenían con las cuotas de sus alumnos/as. En los pueblos, la existencia de un maestro, dependía de que el ayuntamiento quisiera concederle alguna subvención. Para tener un preceptor de gramática, considerada como estudios medios, se necesitaba un número mínimo de vecinos. Solía haber fundaciones privadas o públicas que lo proporcionaban, como la escuela de López de Hoyos donde estudió Cervantes. La irrupción de los jesuitas proporcionó una enseñanza más moderna y variada y con una moderada dosis de humanismo.

    Las universidades crecieron en número y alumnado, con un claro objetivo: proporcionar alto personal a la Iglesia y al Estado. Había también una modesta demanda de médicos, pero ninguna de científicos. La facultad de Artes era de carácter preparatorio, desde allí se accedía a una de las cuatro facultades mayores: Teología, Cánones (formación de eclesiásticos), Leyes y Medicina. Sin embargo, las fundaciones universitarias de Carlos V y Felipe II no alcanzaron el prestigio ni el rango de las ya existentes, siendo Salamanca la más demandada.

    La falta de una formación universitaria de ciencias matemáticas se remedió en parte por medio de centros especializados como la Academia de Matemáticas creada en Madrid por iniciativa de Felipe II y la Casa de Contratación de Sevilla, donde había cátedra de Cosmografía. . Las Ciencias Naturales recibieron un gran impulso tras el descubrimiento de América, pues fueron numerosos los estudios que se hicieron sobre la flora y la fauna del nuevo continente.

    La literatura popular se expandió a través de la llamada “literatura de cordel”. Se trataba de hojas sueltas que solían venderse en puestos al aire libre y que estaban sujetos por una cuerda. La mayoría se ha perdido, pero en general reproducía adaptaciones de textos eruditos, especialmente de novelas de caballería de las que había un gran consumo.

    Los libros eran caros y pocos podían comprarlos, incluso entre las clases medias era raro encontrar en los inventarios más de una docena de libros. Por ello, las tiradas eran cortas. La mayoría eran de carácter devoto, le seguían los textos literarios y a mucha distancia los de tema histórico, jurídico, geográfico… La literatura científica era prácticamente inexistente.

    La censura eclesiástica se centró en la literatura de corte erasmista, la producción teológica de tendencia mística y las obras referentes a la Biblia, cuya lectura en lengua vulgar quedó prohibida. La Inquisición endureció su postura con el “Índice de libros prohibidos” promulgado por el inquisidor general Valdés en 1559.

    Sin embargo, la literatura de ficción apenas fue afectada, lo que permitió un amplio desarrollo de los libros de caballería. La picaresca, género típicamente español, produjo una corta pero rica producción: El Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, algunas de las novelas ejemplares cervantinas y El buscón de Quevedo. El Quijote es en sí mismo un género.

    La literatura mística también alcanzó amplia difusión: fray Luis de Granada, Santa Teresa, San Juan de la Cruz… El teatro alcanzó altas cimas con Lope de Vega, Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón, Calderón de la Barca… Aparece también la historia nacional con la obra del padre Mariana, Historia General de España, que mantuvo su vigencia hasta casi finales del siglo XIX.

    Sujetos al modelo gremial y al mecenazgo los artistas fueron en buena medida autodidactas. Solo los más favorecidos por la fortuna podía realizar estudios en Italia o dejar una importante herencia a sus hijos, como hizo Pedro Berruguete con su hijo Alonso, el más afamado escultor de su época que introdujo el modelo de Miguel Ángel en sus obras de San Benito de Valladolid, o el coro de la catedral de Toledo.

    En general la cotización de sus obras era baja: los coros de la catedral de Málaga se pagaron a Pedro de Mena a razón de mil reales cada uno, cuando una hogaza de pan costaba entre medio y un real.

    Se dan los últimos coletazos del gótico (Salamanca, Segovia, Sevilla). El renacentismo aparece ya en los palacios de la Calahorra, y Vélez Blanco, los Golfines en Cáceres, Monterrey en Salamanca o el que don Álvaro de Bazán erigió en El Viso, siendo la obra cumbre el palacio de Carlos V en Granada.

    Al comenzar el siglo XVI existían en España dos tendencias espirituales: la mística y la intelectual, ambas críticas con el medievalismo eclesiástico de fuerte matiz supersticioso. El ambiente estaba bien preparado para la acogida de las obras de Erasmo, aunque pronto actuó la Inquisición por las sospechas protestantes que traslucían sus escritos. Antes de finalizar el reinado de Carlos V el erasmismo había sido eliminado, así como el movimiento de los alumbrados. La llegada del inquisidor general Fernando Valdés incrementó la persecución: encausamiento del arzobispo Carranza, impulsó los autos de fe de Valladolid y Sevilla, acabando con el exiguo luteranismo.

    Al finalizar el siglo la huella dejada por los humanistas de principios de siglo estaba medio borrada, mientras crecía la religiosidad popular, que alcanzó en el siglo siguiente un gran desarrollo. No se trata de una religiosidad del pueblo, sino una forma de manifestarse públicamente mediante procesiones, romerías, actos misionales… con actos que rozaban la superstición, como sumergir en agua las sagradas imágenes para obtener lluvia o ahuyentar la langosta con exorcismos, multiplicar las flagelaciones o buscar explicaciones milagrosas a hechos que podían explicarse de manera natural. Y todo ello no solo con la tolerancia sino con la participación de las clases altas y de las autoridades eclesiásticas.

    . A esta actividad se dedicaban tres cuartas partes de la población y estuvo muy condicionada por la demanda americana, hasta que el nuevo continente comenzó a autoabastecerse. A partir de ese momento se inicia un retroceso, agravado por el alza de los precios agrícolas que llegaron a superar a los industriales. La Baja Andalucía fue una excepción, gracias a la pujanza de Sevilla y al cultivo del olivo y de la vid. El trigo quedó perjudicado cuando la fuerte demanda de vino obligó a plantar viñedo por extensas zonas de Andalucía y de La Mancha.

    El cultivo de la tierra era de año y vez, con rendimientos muy bajos, lo que unido al crecimiento demográfico obligaba a roturar continuamente nuevas tierras, pero fueron poco rentables, dada la pobreza de las tierras roturadas. Aunque inferior a la agricultura, la ganadería trashumante, amparada por los privilegios de la Mesta, alcanzaría los tres millones de cabezas; y la ganadería estante llegó a ser incluso superior.

    . Apenas se desarrolló, pese a la plata americana, la abundancia de materias primas, de mano de obra y de mercados. Se explica por la falta de espíritu de empresa y a la preferencia por la actividad comercial, que resultaba más rentable.

    La abundancia de lana favoreció el desarrollo de una industria de paños, localizada en Segovia, Toledo, Barcelona y Valencia. También fueron notables las industrias del cuero, las construcciones navales en el Cantábrico y en el sur, así como las fábricas de armas y las ferrerías del país Vasco.

    Esta incipiente industria favoreció el desarrollo de los gremios medievales, asentados en las ciudades y organizados jerárquicamente. Las diferentes profesiones se agrupaban por calles. Pero estos gremios, forzaron el proteccionismo oficial, temerosos de la competencia extranjera y obstaculizaron el progreso industrial.

    . Alcanzó un importante desarrollo, aunque en manos de comerciantes extranjeros, vascos y judeoconversos, ya que los hidalgos castellanos y andaluces lo despreciaron, contribuyendo al débil desarrollo de la burguesía castellana, que pronto fue desplazada por los comerciantes extranjeros.

    . Los productos castellanos salían por los puertos de Santander, Bilbao y Laredo, procedentes de Valladolid y Burgos. Pero las continuas guerras de Carlos V y Felipe II fueron un contratiempo para este comercio, que recibió el golpe de gracia cuando los comerciantes genoveses (que lo controlaban) prefirieron dedicarse a las finanzas y al tráfico con el oro y la plata.

    En la Corona de Aragón el principal puerto exportador era Valencia. En el sur, Sevilla y Cádiz acapararon el comercio con América. Fue esta zona la que determinó en gran medida el desarrollo económico de las otras dos.

    . Carlos V creó el Consejo de Hacienda en 1523. El peso de los gastos de la política imperialista recayó exclusivamente sobre Castilla, cuyos recursos constituían la garantía de los préstamos que los banqueros hacían en Flandes, Italia y Alemania. Primero predominó la banca alemana de los Fugger y los Welser; después serían genoveses.

    La política económica resultó desastrosa. A lo largo de todo el siglo, los gastos fueron siempre superiores a los ingresos. Felipe II comenzó su reinado con la quiebra de 1557, consecuencia de la deuda que le dejó su padre. Para robustecer la hacienda real, los Austrias crearon nuevos tributos, como el de

    (impuesto indirecto sobre la alimentación), el derecho sobre la sal y la elevación de los impuestos eclesiásticos: bulas y diezmos. Sin embargo no fue suficiente y cuando la situación económica se volvía insostenible, Felipe II recurrió a la

    La progresiva desaparición de la sociedad feudal durante la Baja Edad Media no impidió que se mantuvieran los privilegios al transformarse en sociedad estamental. Distinguimos por tanto dos grupos muy diferenciados:

    . Incluían a la nobleza y al clero. Disfrutaban de numerosos privilegios como la exención de impuestos, el acceso a cargos administrativos, jurídicos, militares y políticos y la preeminencia social en ceremonias y espectáculos. La

    aumentó en un 50% a lo largo del siglo (unos 90.000 en 1600). Además de los privilegios antes enumerados, disfrutaban de aproximadamente la mitad de la renta nacional por el cobro de diezmos. Por debajo de obispos, arzobispos, abades y abadesas había un numeroso clero bajo, identificado con el pueblo, compuesto por el clero regular y secular (párrocos y curas de iglesia)

    fue el grupo más dinámico, especialmente en Castilla durante la primera mitad del siglo y en Cataluña durante la segunda mitad al establecer relaciones comerciales con Italia. Pero se arruinó con el alza de los precios y buscó su salvación tratando de acceder a la nobleza. Las

    El gobierno de Castilla, Navarra y los reinos de la Corona de Aragón siguieron el modelo heredado de los Reyes Católicos. Todos ellos mantuvieron con escasas modificaciones sus instituciones, Cortes y privilegios. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, los reyes de la casa de Austria se hacen sedentarios y se rodearon de una administración profesionalizada y amplia, a la vez que las instituciones se vuelven más complejas. En general los procedimientos de gobierno fueron más lentos al incrementarse la burocracia, en especial con Felipe II, quien supervisaba todo personalmente. Las características del modelo político de los Austrias fueron las siguientes:

    que tenía jurisdicción sobre todos los reinos. Este Consejo asesoraba al soberano en asuntos relevantes de política, especialmente exterior. En la práctica, el rey no lo consultaba con regularidad y, con el tiempo, fue perdiendo sentido. Otros Consejos como los de Inquisición y el de Órdenes Militares siguieron existiendo, mientras que otros desaparecieron como los de Cruzada y de la Santa Hermandad. Durante el reinado de

    , que llegaron a ser figuras clave del modelo de gobierno. Eran los encargados de informar al monarca de las deliberaciones y decisiones de los distintos Consejos, de manera que el rey terminó por despachar sólo con los secretarios. Los más importantes se convirtieron en secretarios de Estado.

    en aquellos territorios en los que el soberano iba a estar ausente durante bastante tiempo. Normalmente se designaba a miembros de la familia real o a súbditos vinculados al reino que se les encomendaba.

    , los Austrias dispusieron de unos ingresos que crecieron notablemente, pero que no cubrían los ingentes gastos, en particular los militares. Estos ingresos procedían de impuestos que pagaba Castilla (especialmente el de la

    ), complementados con las rentas abonadas por las Órdenes Militares y los subsidios votados en Cortes. Otra aportación importante y creciente eran los ingresos provenientes de las Indias que, aunque nunca representaron la quinta parte de las rentas totales, fueron fundamentales para atender a pagos urgentes (en especial los sueldos de la tropa) Se difundió, además, el sistema de

    , llegando a crearse algunos con la única intención de su venta. La diferencia entre los gastos y los ingresos endeudó a la Corona y la llevó a la quiebra en varias ocasiones, por los que tanto Carlos V como Felipe II se vieron obligados a recurrir al crédito y al préstamo. Pero incluso éstos resultaron insuficientes y, en diversas ocasiones (1557, 1560, 1575 y 1596), la monarquía tuvo que declararse en bancarrota, suspendiendo los pagos. En estas situaciones se renegociaba el pago de la deuda con los acreedores, ampliando el plazo para abonarla e incrementando los intereses y las concesiones a los prestamistas, con lo que suponía la hipoteca de la monarquía para el futuro.

    Felipe II heredó de su padre la misma idea de la política internacional: la defensa del catolicismo y de la superioridad del imperio hispánico en Europa. Los ejes de esta política fueron fundamentalmente la

    (Flandes). En ella se mezclaban cuestiones religiosas (la expansión del protestantismo) y políticas (el deseo de la nobleza flamenca de gozar de autonomía política). Felipe II no toleró el protestantismo en sus posesiones ni los deseos autonomistas, enviando al duque de Alba para reprimir la sublevación. Con la ayuda de algunos príncipes protestantes alemanes, de los hugonotes franceses y el apoyo de Inglaterra, los rebeldes, dirigidos por Guillermo de Orange, consiguieron prácticamente independizar una parte del territorio: el norte; mientras que el sur, de mayoría católica se mantuvo fiel a Felipe II. La paz se firmó con el acuerdo de nombrar a Isabel Clara Eugenia, hija del rey español, y a su marido el archiduque Alberto, regentes de los Países Bajos, con el compromiso de que el hijo que tuvieran sería el nuevo rey, y, en caso de no tener descendencia, el territorio volvería a los Austrias españoles.

    , el apoyo dado por Isabel I a los rebeldes flamencos y los actos piratas llevados a cabo contra las flotas de Indias, resultaron decisivos en la ejecución del proyecto de Felipe II de invadir la isla. En 1588 se armó una poderosa armada (la Invencible) que fracasó estrepitosamente en el Canal.

    En la batalla de Alcazarquivir (1580), en una expedición al norte de África, muere el joven rey portugués Sebastián, sucediéndole el anciano cardenal Enrique. Entre los candidatos a la sucesión estaba Felipe II por ser hijo de Isabel de Portugal y nieto del rey Manuel el Afortunado. Sin embargo, el apoyo popular lo tenía don Antonio, el prior de Crato.

    Felipe II vio la gran oportunidad de acrecentar su imperio y comenzó los preparativos del ejército para hacer valer sus derechos por la fuerza de las armas. Situó al duque de Alba en la frontera con un poderoso ejército; mientras el almirante Álvaro de Bazán aprestaba la flota. A la muerte del cardenal Enrique, la campaña de ocupación fue rápida. Felipe II fue reconocido en las Cortes de Tomar (1581) como rey de Portugal. El último núcleo de resistencia, en las Azores, fue eliminado tras la victoria de Álvaro de Bazán en la batalla de la Isla Tercera.

    Este extenso patri-monio estaba for-mado por un con-junto de estados heterogéneos con idiomas, culturas e instituciones dis-tintas. El título de emperador no im-plicaba la unión de sus reinos y pose-siones. Las arcas del emperador se llenaban con ingre-sos procedentes de su propio patrimo-nio, en especial de Castilla.

    Pero Carlos llegó a la Península desconociendo tanto los idiomas como las costumbres o las aspiraciones de los reinos peninsulares y considerándolos como una simple fuente de recursos. Rodeado de consejeros extranjeros (Guillermo de Croy, Adriano de Utrecht) confió a éstos los cargos principales antes de marchar a Alemania para defender sus aspiraciones al trono imperial. Para ello necesitaba dinero y, como las Cortes reunidas en Santiago no se lo concedieron al no aceptar el monarca las peticiones de que prescindiera de los consejeros extranjeros y que no sacara dinero del país, las trasladó a La Coruña donde mediante sobornos y amenazas consiguió lo que se proponía.

    La respuesta de las ciudades con representación en las Cortes no se hizo esperar. Toledo, Burgos, Valladolid, Zamora, Segovia y Ávila se movilizaron y se reunieron en comunidad. Pronto estalló la guerra, llamada de las

    En su proclama solicitaban que prescindiera de los consejeros extranjeros, que acatara la voluntad del reino, limitando su poder, redujera los impuestos, protegiera la industria textil, realizara reformas municipales a favor de los plebeyos y que disminuyera el poder de la nobleza. Tras una serie de pequeños éxitos iniciales en los que la nobleza castellana se abstuvo de intervenir, cuando ésta se vio amenazada por la revuelta se puso del lado real y acabaron con los comuneros en la batalla de Villalar (1521). Los líderes principales Juan Bravo (Segovia), Juan de Padilla (Toledo) y Francisco Maldonado (Salamanca)

    Las interpretaciones varían desde los que consideran que los comuneros fueron unos traidores a su rey, a otros que opinan que defendían las libertades de Castilla. Para unos el movimiento fue exclusivamente de carácter político (Maravall, Menéndez Pidal) y para otros tuvo también un fuerte componente social (Gutierrez Nieto) al reunir a las clases medias de las ciudades (artesanos, profesionales liberales, trabajadores) contra la nobleza y el rey.

    (1519-1523) en Valencia y Mallorca tuvo un carácter más social. El nombre procede de las hermandades armadas creadas con autorización del monarca por los gremios de las ciudades para protegerse de los piratas berberiscos. Desde el principio la revuelta se dirigió contra la nobleza, exigiendo la abolición de la jurisdicción señorial y de los impuestos feudales, a la vez que reivindicaban para los gremios el control de los municipios. La rebelión fue sofocada por tropas reales y señoriales. Al no hacer causa común con la revuelta comunera sus posibilidades de éxito fueron nulas.

    El proceso de incorporación de España a la CEE fue largo. En 1962 se solicitó pero nos fue denegado por no ser España un país democrático. En 1970 se firma con la CEE un acuerdo preferencial, por el cual se intercambiaban ventajas comerciales. Restablecida la democracia y tras las primera elecciones generales se iniciaron las conversaciones para la integración plena que duraron entre 1977 y 1985. Mientras tanto, España era admitida en el Consejo de Europa (1978) y, poco después, el español Marcelino Oreja Aguirre era elegido Secretario General de dicho Consejo. La integración se hizo efectiva el 1 de enero de 1986 y, aunque hubo apresuramiento, en general fue favorable a España, pero también agudizó algunos problemas de nuestra economía, sobre todo en los aspectos agrario, pesquero e industrial. En 1987 entra en vigor el Acta Única cuyos fines eran la intensificación de la cooperación política, la libre circulación de personas, bienes y servicios y la creación de un Sistema Monetario Europeo en el que se integró la peseta en 1989. Finalmente, el 11 de diciembre de 1991 se firmaba en la ciudad holandesa de Maastrich el tratado que dio origen a la Unión Europea, cuyo fin, además de la creación de una moneda única, era formar una federación o confederación entre los diversos países del continente.

    La unión monetaria propuesta en Maastrich exigió la convergencia entre los estados miembros en temas como la deuda y el déficit público, la inflación y los tipos de interés. Los ajustes económicos necesarios fueron: recortes presupuestarios, ajustes salariales y privatización de las empresas públicas.

    , que benefició el intercambio al disminuir los costes del cambio de unas monedas a otras, pero tendió a igualar los precios provocando un aumento de la inflación oculta en los países menos competitivos (España entre ellos) Desde ese momento los tipos de interés nacionales son fijados por el Banco Central Europeo, así como la emisión de moneda circulante, las tasas arancelarias, la tendencia a homogeneizar los impuestos, normas sobre la libre competencia comercial, etc.

    Políticamente, la Unión Europea comienza a funcionar como un solo país, aunque se tropiece con dificultades como las surgidas en la reciente guerra de Irak, cuando España y Gran Bretaña se desmarcaron de las recomendaciones de la UE de no apoyar la guerra.

    La presencia de España en las instituciones europeas depende de las características de las mismas. En el Consejo europeo, el Consejo de ministros o el Tribunal de justicia de la UE la representación es paritaria, mientras que tanto la Comisión Europea como el Parlamento Europeo dependen del número de habitantes de cada país, siendo por tanto proporcional. La Comisión es el auténtico gobierno de la UE; en ella cada país tiene un numero variable de comisarios en función de su población; a España le corresponden 2.

    de escasa o nula efectividad, una cooperación entre la Real Academia Española con las Academias de la Lengua de los diferentes países y de la creación del Instituto de Cultura Hispánica, más tarde llamado Instituto de Cooperación Iberoamericana. El Premio Cervantes, creado para acercar la literatura de todos los pueblos de habla hispánica dio un nuevo impulso, así como la creación de los Fondos de Ayuda al Desarrollo y numerosas ONG muy activas en esa zona del planeta. La presencia española en las Cumbres Iberoamericanas, que desde 1991 reúne anualmente a los jefes de estado o de gobierno de veinte países americanos junto a España y Portugal ha consolidado las relaciones políticas y desde el punto de vista de la inversión económica, España se ha convertido, detrás de EE.UU. en el principal inversor en Iberoamérica.

    España se encuentra vinculada con los países mediterráneos europeos a través de sus socios en la UE (Francia, Italia y Grecia) o de sus aliados militares en la OTAN (los tres citados y Turquía) La presencia en la antigua Yugoeslavia formando parte de las tropas que han contribuido a pacificar la zona ha sido bien recibida.

    Más dificultades encuentra en sus relaciones con las países norteafricanos (con Marruecos fruto de desencuentro son la cuestión de la pesca, la inmigración en pateras y la droga), aunque existe un interés evidente en lograr un entendimiento. Con Marruecos se firmó en 1991 un Tratado de Buena Vecindad y Cooperación que facilitaba las inversiones españolas en ese país a cambio de una mayor fluidez en el tráfico comercial marroquí con destino a los países europeos. Con Marruecos y con Argelia se firmó un acuerdo para la construcción de gaseoducto, terminado en 1996 para el suministro de energía a nuestro país.

    Sin embargo, la creciente presencia del integrismo islámico y las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla son un obstáculo para el perfecto entendimiento. Con respecto al extremo oriental, las buenas relaciones que siempre ha mantenido España con los países árabes sirvió para que en Madrid se celebrar en octubre-noviembre una Conferencia de paz árabe-israelí: paz a cambio de territorios que supuso el reconocimiento de la jurisdicción interna de la Autoridad Palestina sobre Cisjordania y Gaza.

    España patrocinó la Conferencia Euromediterránea (Barcelona, noviembre de 1995) en la que las dos áreas discutieron sobre la creación de un área de libre comercio en la zona, sobre la asistencia social en migraciones, droga, educación y cooperación judicial y se propuso que la UE doblase los préstamos a esta zona para permitir su desarrollo.

    También la presencia de determinadas personalidades españolas en organismos internacionales: Juan Antonio Samaranch fue presidente del Comité Olímpico Internacional; Federico Mayor Zaragoza, secretario general de la UNESCO, Javier Solana fue secretario general de la OTAN y actualmente es Secretario del Consejo Europeo y representante de la política exterior y de seguridad de la UE (mister PESC).

    A pesar de la legalización de los partidos políticos la consolidación del sistema democrático no fue, sin embargo, sencilla. La actuación de la ultraderecha y de la ultraizquierda generó confusión y temor. Los periódicos que apoyaban la apertura del régimen sufrieron sucesos violentos. En diciembre de 1976 el GRAPO secuestró a Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado. En la última semana de enero de 1977 moría un estudiante en una manifestación que pedía la amnistía (23), al día siguiente el GRAPO secuestraba al teniente general Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar (24); ese mismo día moría otro estudiante en una manifestación y por la noche un grupo ultraderechista asesinaba a cinco abogados de CCOO en su despacho de la calle de Atocha en Madrid. El 25 hubo graves incidentes de protesta, el 27 fue jornada de paro, el 28 el GRAPO asesinaba en Madrid a dos policías y un guardia civil y el 29 durante el funeral por la muerte de los anteriores el vicepresidente del gobierno fue duramente increpado por un militar ultraderechista.

    firmados el 25 de octubre por los partidos parlamentarios y centrales sindicales y ratificados en el Congreso dos días después para atajar la grave crisis económica que vivía España y para serenar los ánimos en la calle, tampoco rebajó la tensión social y la actuación de los grupos empeñados en acabar con la apertura del nuevo régimen democrático. En noviembre de 1978 se descubría una conspiración de militares integristas, conocida con el nombre de

    Sin embargo, la tozudez democrática de la que dieron muestras los miembros del gobierno, los de la oposición y el propio pueblo consiguió que a pesar de la crispación provocada se intentase dar muestras de normalidad. El 1 de marzo de 1979 se celebran las primeras elecciones después de la aprobación de la Constitución, con el siguiente resultado:

    Supuso el ascenso o mantenimiento de UCD, PSOE y PCE, el descalabro de AP, el ligero descenso de los partidos nacionalistas tradicionales y la aparición en escena de Herri Batasuna y otros partidos regionalistas como el PSA (Partido Socialista Andaluz), el PAR (Partido Aragonés Regionalista) y la UPC (Unión del Pueblo Canario. La extrema derecha estuvo representada con 1 escaño por UN (Unión Nacional)

    No obstante, el gobierno comenzó el desarrollo legislativo a través de Leyes Orgánicas. Pero, para entonces, UCD formada por un conglomerado de partidos de diversa ideología comenzaba a desmoronarse y a finales de enero de 1981 Suárez presentaba la dimisión. Para sustituirle la UCD propuso a Leopoldo Calvo Sotelo. Cuando, el 23 de febrero de 1981, se estaba procediendo a la votación para la investidura del nuevo Presidente, el Congreso de Diputados fue tomado por fuerzas de la guardia civil al mano del teniente coronel Tejero. Tras largas y tensas horas, el golpe fracasó cuando en la madrugada del día 24 el rey anunciaba a la nación que todo estaba bajo control después de haber instado a los capitanes generales a que no siguieran a los golpistas y se sometieran a la autoridad civil, como demandaba la Constitución.

    Paulatinamente la descomposición de UCD era cada vez más evidente. El Presidente empezaba a no encontrar apoyos dentro del partido y ante la imposibilidad de gobernar convocó elecciones para el 28 de octubre de 1982, que dieron el siguiente resultado:

    Se dijo que la verdadera transición había terminado, puesto que se había producido la sustitución de un gobierno de centro-derecha por otro de centro-izquierda de una forma pacífica y constitucional.

    El cambio fue resultado de la conjunción de una serie de fenómenos electorales como la práctica desaparición de UCD y el debilitamiento interno del PCE. De los primeros muchos se pasaron a votar a AP y un reducido grupo a CDS (Centro Democrático Social, el nuevo partido de Suárez), pero también lo hicieron al PSOE, que también recogió numerosos votos del PCE.

    Con el apoyo de la CEOE y del sindicato UGT el nuevo gobierno optó por una severa política antiinflacionista (devaluación de la peseta, aumento de la presión fiscal, limitación salarial) que produjo efectos contrarios a los deseados: aumento del paro y disminución de las inversiones que a su vez obligaron a una dura reconversión industrial.

    En 1984 terminó una necesaria reforma del Ejército que lo subordinaba al poder civil. Y prosiguió las negociaciones para integrar a España en la CEE. El 12 de junio de 1985 se firmaba el tratado de adhesión en el Palacio Real de Madrid, que entraría en vigor el 1 de enero de 1986.

    En este mismo orden de cosas el 12 de marzo de 1986 fue convocado un referéndum para ratificar la presencia de España en la OTAN, pero la actitud del PSOE había cambiado mostrándose ambiguo en las formas pero partidario en el fondo, pues la salida de la OTAN habría sido mal vista por EE.UU. y por la CEE y además suponía el fin del aislamiento exterior de España. Para convencer al electorado de la conveniencia de votar si al mantenimiento en la estructura de la OTAN hubo de realizar tantos gastos en campaña que tuvo que crear una fuente de ingresos paralela que más tarde saldría a la luz en el llamado

    El PSOE mantuvo la mayoría absoluta a pesar de que disminuyó el número de sus diputados. CP se convirtió en la segunda fuerza y el CDS en la tercera, mientras que los nacionalismos catalán y vasco consolidaban sus posiciones. En 1987 visitan España Miterrand y Chirac (Presidente y jefe de gobierno de Francia) a partir de cuyas visitas la colaboración contra ETA se hace más activa. Para potenciar la lucha antiterrorista y a propuesta del lehendakari Ardanza se firma en Vitoria por todos los partidos vascos, salvo HB, el llamado

    El enfrentamiento con las centrales sindicales debido a la prioridad dada por el gobierno a luchar contra la inflación sobre la creación y estabilidad en el empleo llevaron a la huelga general del 14 de diciembre de 1988. Las tensiones hicieron que de nuevo se adelantaran las elecciones, que fueron convocadas para el 29 de octubre de 1989, con el siguiente resultado:

    El PSOE alcanza el límite de la mayoría absoluta, mientras PP (antigua AP) se consolida como la principal fuerza de la oposición. Las tensiones con los sindicatos continuaron y el ala más a la izquierda del PSOE comenzó a sentirse incómoda con la actitud del gobierno. Alfonso Guerra, el vicepresidente del gobierno dimite por un pintoresco asunto familiar de escasa importancia. El gobierno aguantó hasta el final de la legislatura y convocó elecciones para el 6 de junio de 1993:

    Aunque siguió siendo el partido más votado, el PSOE pierde la mayoría absoluta, por lo que se coaligó con CiU para formar gobierno. El PP se aprovechó de la desaparición del CDS, pero sufrió la desilusión de haber perdido unas elecciones que daba por ganadas. En 1994, las elecciones al Parlamento Europeo dieron al PP su primer triunfo a nivel nacional, que se vio refrendado al año siguiente en las elecciones municipales.

    , que parece ser favoreció las inversiones de un grupo de amigos), FILESA (financiación ilegal del partido), los GAL (guerra sucia contra el terrorismo, próxima al terrorismo de Estado), las escuchas del CESID, así como la retirada del apoyo parlamentario de los nacionalistas que impidió la aprobación de los presupuestos, obligaron a Felipe González a adelantar un año las elecciones.

    Las elecciones dieron el triunfo al PP de José María Aznar aunque no con la mayoría esperada. Hubo por tanto de apoyarse en las minorías nacionalistas a costa de renunciar a muchas de sus propuestas programáticas.

    Las mayores tensiones vinieron de la mano de los partidos nacionalistas que en 1998 firmaban (CiU, PNV, BNG) la declaración de Barcelona en la que se proponía un modelo federal de Estado. Y ese mismo año PNV, EA , IU y HB firman el Pacto de Estella-Lizarra en el que se comprometían a buscar una solución para el problema vasco basado en el derecho a la autodeterminación de un ámbito vasco de decisión y territorialidad. ETA que, según parece había sido la mentora del pacto, declaraba una tregua unilateral, lo que sirvió para que el PNV fuera el partido más votado en las elecciones autonómicas de ese mismo año, seguido por el PP.

    A finales de ese mismo año todos los partidos de la oposición lograron sacar adelante una nueva Ley de Extranjería que prácticamente garantizaba la inmigración ilegal. Y con la legislatura prácticamente acabada se convocaron nuevas elecciones:

    El gobierno modificó la Ley de Extranjería y firmó con el PSOE un pacto antiterrorista por la libertad, dado que ETA había cambiado su estrategia y castigaba duramente a los representantes del PP y PSOE en el País Vasco. En el 2002 se declara ilegales a los partidos políticos que no condenasen el terrorismo. Ante las presiones ejercidas por PP y PSOE, el PNV que gobierna en minoría convoca elecciones anticipadas y, aunque gana no lo hace con la mayoría absoluta. No obstante consigue iniciar el nuevo lehendakari, J.J. Ibarretxe, un proceso independentista bajo el eufemismo de Estado libre asociado de España, lo que supone la transformación del País Vasco sin tener en cuenta la Constitución ni el propio Estatuto de Autonomía, siendo apoyado por las organizaciones sindicales afines al PNV, e IU (del País Vasco). Los partidos constitucionalistas, las organizaciones empresariales y los sindicatos estatales la rechazaron, mientras que IU (estatal) mantenía una actitud ambigua.

    Durante esta segunda legislatura surgen dudosos asuntos como el de Gescartera y se empieza a cuestionar el modelo de privatización realizado. La ministra de educación Pilar del Castillo reforma todos los niveles de la enseñanza a pesar de la protesta en la calle y en las aulas.

    La huelga general del 14 de junio de 2002 contra una reforma del mercado laboral hizo que el gobierno reconsiderase su posición. Ese mismo año se produce una segunda rebaja en el IRPF con efectos a partir del 1 de enero de 2003. Desde mediados de ese año y una vez confirmado que José María Aznar no se presentaría a las nuevas elecciones, se sucede la lucha interna por la sucesión, que ralentiza el programa del gobierno. El líder del PSOE cambia de estrategia con objeto de recuperar el poder el año 2004.

    El inicio de la Transición coincide con los efectos de la crisis del petróleo de 1973. Las dificultades españolas eran tan grandes que se llegó a pensar en 1977 en una vuelta al subdesarrollo. Para paliar esto se inicia un programa de saneamiento y reforma que sirvió de base a los

    • Económico: equilibrar la balanza de pagos (devaluación de la peseta) y reducción de la inflación mediante reformas fiscales, financieras y laborales. Hacia 1979 se produce un impulso económico sostenido y equilibrado.

    Los gobiernos socialistas iniciaron el reajuste: devaluaron la peseta, reconvirtieron los sectores industriales menos competitivos (siderurgia, naval, automoción, textil…) y se frenó la demanda interna para reducir las importaciones. A pesar de ello el crecimiento fue escaso y el desempleo continuó hasta el 16% de la población activa.

    La incorporación de España a la CEE significó el fin del proteccionismo, la permisividad inflacionista y el recurso a la devaluación, coincidiendo con la caída de los precios del petróleo y el crecimiento de los países comunitarios. Hubo que hacerse un nuevo reajuste (regulación de empleo temporal, nuevas reconversiones) para que las empresas tuvieran plantillas equilibradas y menor endeudamiento. Se inicia un ciclo expansivo, creciendo el empleo de forma importante. Entre 1987 y 1989 España asiste a un nuevo boom económico, aunque el desequilibrio entre el aumento de la demanda interna y la baja producción interior elevase el déficit en los dos años siguientes. Este continuó en los años siguientes debido al propio desgaste del gobierno y a su rigidez en mantener la conversión con el dólar y el marco alemán.

    Desde 1996, la política económica seguida por el PP intentó hacer converger nuestra economía con la de la CEE para lograr acceder a la moneda única, lo que se consiguió mediante el reajuste del déficit público a los parámetros determinados por Bruselas (menos del 3%) y una reducción de la inflación que siguió siendo superior a la media europea.

    tres sectores tradicionales: la siderumetalurgia, el textil y la industria agroalimentaria. La resistencia a la liberalización y los conflictos derivados obligaron al Estado a establecer una protección social a costa de un endeudamiento público mayor que el crecimiento económico del país. La estructura económica se deslizó decisivamente hacia el sector secundario y sobre todo el terciario.

    . Para ello se crearon los Fondos de Promoción de Empleo y las Zonas de Urgente Reindustrialización. Las principales acciones fueron: cierre de Altos Hornos del Mediterráneo, remodelación de ENSIDESA, reducción en un 50% del sector naval, creación por Enferma de una nueva planta de abonos, negativa del INI a seguir siendo un hospital de empresas en crisis, creación de la Agencia Industrial del Estado, para atender a las empresas públicas con pérdidas, y de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales para gestionar las que obtenían beneficios.

    Se modernizaron numerosas empresas que de lo contrario hubieran tenido que cerrar, que contribuyó más a modernizar industrias viejas que a crear nuevas, que las mejores industrias, sobre todo las agroalimentarias se vendieron a capital extranjero, que se mantuvieron artificialmente los privilegios de algunas empresas públicas (Telefónica, Endesa, Repsol) e incluso de algunas privadas como Gas Natural; que las PYME’s recibieron ayudas, que las comunidades autónomas y numerosos ayuntamientos se lanzaron a la creación de empresas casi siempre ruinosas. Por tanto, esta primera reconversión tuvo menos éxito de lo esperado.

    A finales de los 80 y comienzos de los 90 hubo otros planes de reconversión que tuvieron tanto éxitos como fracasos. La Unión Europea obligó además a la supresión de los monopolios (CAMPSA, Telefónica, Tabacalera). En 1998 fueron privatizadas Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera en las cuales el gobierno se reservó la

    , es decir, la posibilidad de nombrar a los respectivos presidentes de los consejos de administración, lo que fue una fuente de tensión con la oposición y una cierta limitación a la autonomía empresarial de dichas sociedades.

    también ha sufrido grandes cambios. Primero fue la introducción del IVA en 1986 como consecuencia de la entrada en la CEE; más tarde nuevas regulaciones del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), en 1988 y en 1991; y siempre, los impuestos indirectos. La finalidad fue aumentar los ingresos de la Hacienda Pública y acabar con el fraude. El primero se cumplió efectivamente, pero el segundo aún colea, se estimaba que en 1995 el fraude alcanzaba a 3,3 billones de pesetas. En 1998 y 2002 se produjeron sendas rebajas del IRPF.

    Cuando el PSOE accedió al poder en 1982 ya había renunciado a uno de los puntos tradicionales de su programa: la nacionalización de la Banca. Pronto el nuevo gobierno vio como el Banco de España tuvo que hacerse cargo de la Banca Catalana (con un agujero estimado en 130.000 millones de pesetas). Poco después, en febrero de 1983 procedió a la expropiación de RUMASA. Independientemente de su oportunidad o necesidad, hizo que la Banca viera la necesidad de reconvertirse ante la próxima llegada de grupos bancarios extranjeros.

    En noviembre de 1987 el Banco de Bilbao presentó una OPA contra Banesto, que se resistió impidiendo la operación. Pero mes y medio más tarde, en enero de 1988, los bancos Bilbao y Vizcaya anunciaron el propósito de fusionarse; en mayo el Banco Central y el Español de Crédito aprobaron un proyecto de fusión que no cuajó.

    En 1991 el ejecutivo socialista anunciaba su propósito de crear una gran banco público, denominado Argentaria, mediante la unión de diversos bancos de titularidad estatal (Banco Exterior de España, Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Caja Postal e Instituto de Crédito Oficial) que pasaría a ser el primer grupo bancario del país. De inmediato se produce la fusión del Banco Central con el Banco Hispano (BCH), consolidándose tres grandes grupos bancarios: BBV, Argentaria y BCH, dos medianos, Banesto y Santander y otros más pequeños pero muy saneados como el Popular.

    En febrero de 1992 saltaba el escándalo Ibercorp, banco de pequeñas inversiones que, al parecer, se había dedicado a favorecer a significativas personalidades de la vida pública y económica del país. Los rumores sobre la mala situación del Banesto de Mario Conde hicieron que el Banco de España lo interviniera y poco después comprado por el Banco de Santander.

    Simultáneamente se produjo la reconversión de las cajas de ahorro, permitiendo su expansión fuera de los marcos regionales de cada una de ellas. Tanto La Caixa, la primera de ellas, como Cajamadrid, se expandieron rápidamente por todo el país, mientras otras más pequeñas se fusionaban.

    En el plano puramente social destacaron la disminución de la natalidad, la aprobación de la ley del divorcio, la ya citada corrupción y la cultura del pelotazo, el problema de la droga, la necesaria y aún no terminada reforma del ejército, el paro, la inmigración y la creciente demanda de educación, sanidad, infraestructuras y servicios públicos.

    En el campo educativo, la escolaridad obligatoria pasó de los 14 años a los 16; se eliminó así el desfase entre la edad escolar anterior (14 años) y la edad laboral (16 años) a través de dos leyes, la LODE y la LOGSE. El salto universitario se acortó; si en 1977 el 15% de la población cursaba estudios medios o superiores, en la actualidad es superior al 50%.

    NOTA: Tanto la descripción de los partidos políticos, como los grupos de presión, tienen un carácter explicativo, no integrado en el tema. Se pueden obviar, siempre que se comprenda su función correspondiente.

    • Institucionales: Los poderes debían pasar a las Cortes y al Presidente del Gobierno y el rey no gozaba de los mismos poderes que tuvo Franco, por lo que la monarquía que se restaura está sujeta a las leyes, aunque aún no fuera parlamentaria. Desde este punto de vista, se inaugura un régimen nuevo.

    • Políticas: El rey no quería el continuismo, quería que su acceso al trono significara un cambio radical de régimen, teniendo a su favor la inexistencia de una figura que pudiera recoger el testigo franquista.

    • Exteriores: La caída del salazarismo en Portugal en 1974, las presiones de la Comunidad Europea, de los Estados Unidos, de la Iglesia nacida del Concilio Vaticano II dificultaban el sostenimiento del régimen.

    En principio y confirmado como Presidente del Gobierno continuó Arias Navarro y, aunque se incluyeron en el nuevo gabinete personalidades de claro matiz reformista (Areilza, Fraga, Garrigues Walker…) pronto se vio que el presidente, presionado por el búnker, se inclinaba por un inmovilismo maquillado.

    • Nombrar presidente de las Cortes a una persona partidaria de la reforma y con suficiente prestigio. Don Juan Carlos eligió a su antiguo preceptor, Torcuato Fernández Miranda, que aconsejó al monarca cómo realizar la reforma sin salirse de los cauces legales.

    • Sustituir al Presidente del Gobierno y elegir uno nuevo que pudiera realizar las reformas sin traumas. Fernández Miranda consiguió que el Consejo del Reino presentara una terna preceptiva al rey en la que se incluyese, aunque en último lugar, a Adolfo Suárez, en aquel momento Ministro Secretario General del Movimiento. Elegido éste, intentó el acercamiento a la oposición democrática que se resistió por sus antecedentes políticos franquistas. Tuvo que formar un gobierno de figuras de escasa relevancia, calificado despectivamente por la oposición como un

    • Proceso de discusión en las Cortes de una Ley de Reforma Política que suponía el fin del franquismo. La ley fue aprobada sorprendentemente por una amplia mayoría: 429 a favor, 59 en contra y 13 abstenciones.

    • Aprobar la nueva Ley en referéndum, como exigía la legislación franquista. Y, aunque la oposición pidió la abstención y el búnker franquista el voto en contra, el pueblo sin hacer caso a unos y otros aprobó la Ley en el referéndum celebrado el 15 de diciembre de 1976 por abrumadora mayoría.

    La nueva Ley de Reforma Política obligaba al gobierno a convocar elecciones generales. Pero antes, era preciso legalizar la existencia de partidos políticos y formular las normas por las que habían de regirse tales elecciones. El 10 de febrero de 1977 se publicaba un Decreto-ley, previamente pactado con la oposición, en el que se regulaba el Derecho de Asociación Política. En muy poco tiempo quedaron legalizados o en trámite de hacerlo 150 partidos políticos, entre los cuales no estaba el Partido Comunista de España por su presunta negativa a aceptar la monarquía y la bandera roja y gualda y sobre todo por la oficiosa oposición del ejército.

    El día 23 de marzo se publicaba el Decreto-ley que regulaba las normas electorales. Para el Congreso de Diputados se establecía una representación proporcional corregida (ley d’Hont, para evitar la dispersión del voto y la atomización de las representaciones parlamentarias) en candidaturas provinciales, con listas cerradas. Para el Senado se establecían candidaturas individuales.

    Sólo faltaba convocar las elecciones, pero antes había que legalizar el Partido Comunista y Suárez aprovechó el Sábado Santo que apenas había guarniciones en los cuarteles, para hacerlo. Finalmente, el 15 de abril se convocaban las elecciones generales que habían de celebrarse el 15 de junio. Mientras tanto se suprimieron los tribunales especiales, como el de Orden Público, se legalizó la ikurriña, las centrales sindicales, se concedió una segunda amnistía y se restauraron las Juntas Generales de Vizcaya y Guipúzcoa, así como la Generalidad de Cataluña.

    Las elecciones de 1977 y, posteriormente, las de 1979, confirmaron la consolidación de dos grandes fuerzas políticas mayoritarias a escala nacional: la UCD de Suárez y el PSOE, el mantenimiento de grupos minoritarios a izquierda y derecha: AP de Fraga y el PCE, el resurgimiento del nacionalismo vasco y catalán: CiU y PNV y el fracaso total tanto del franquismo más reaccionario (Fuerza Nueva y Falange), como de los partidos de extrema izquierda (Partido de los Trabajadores de España (PTE), Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y Liga Comunista Revolucionaria (LCR).

    Encabezado por Adolfo Suárez se convirtió en el principal protagonista de la transición democrática. Aglutinaba a diversas tendencias de centro derecha: democristianos, liberales y socialdemócratas. En 1977 presentó un proyecto moderado, alejado de cualquier extremismo político: defensa de la propiedad privada, rechazo a las socializaciones, mantenimiento de la economía de mercado con intervención estatal, reforma del sistema fiscal, voluntad europeísta y reivindicación de los valores propios del humanismo cristiano. Entre sus votantes predominaban las clases medias, los pequeños propietarios agrícolas y las mujeres. En 1981 llegó a superar los 150.000 afiliados, pero nunca consiguió consolidar su unidad interna. Los enfrentamientos internos fueron importantes cuando se plantearon cuestiones de fuerte contenido ideológico, como el ingreso en la OTAN, la ley del divorcio o la necesidad de generalizar el sistema autonómico.

    En 1981 el proceso de descomposición del partido es bien visible. Suárez dimite ese mismo año y forma un año después un nuevo partido: Centro Democrático Social (CDS). Le sustituyó al frente de UCD Leopoldo Calvo Sotelo, que no pudo mantener la unidad. Poco a poco los principales dirigentes fueron pasando a otros partidos: Marcelino Oreja, Rodolfo Martín Villa, Miguel Herrero y Gabriel Cisneros lo hicieron hacia AP, mientras que Fernández Ordoñez ingresaba en el PSOE. En las elecciones de 1982 la UCD perdió 5 millones de votantes, pasando de 168 escaños a tan sólo 11. En febrero de 1983 desapareció.

    de las nacionalidades históricas, reclamaba el aumento de la inversión pública y proponía un incremento de la presión fiscal y de las pensiones de jubilación. Tras el buen resultado obtenido en 1977 se convirtió en el principal grupo de oposición al gobierno.

    Dos años más tarde los socialistas abandonaron el marxismo, al tiempo que su líder, Felipe González, iniciaba la renovación del programa ideológico con la intención de atraer el voto moderado, para poder alcanzar la mayoría y el gobierno. En 1982 contaba con 150.000 afiliados y logra ganar las elecciones gracias a un proyecto de consolidación del sistema democrático, de superación de las desigualdades socioeconómicas, la modernización del país y realización de profundas reformas para mejorar la sanidad, la educación, la administración de justicia y otros servicios públicos.

    En 1996, tras 14 años de gobierno, el PSOE pierde las elecciones y Felipe González abandona la secretaría del partido en junio de 1997. Desde esa fecha el partido ha sido liderado efímeramente por Joaquín Almunia y José Borrell. En junio de 2000 José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido nuevo secretario general tras superar por un estrecho margen al presidente de Castilla-La Mancha, José Bono.

    Creado por antiguos ministros franquistas, pronto el grupo se convulsionó al enfrentarse al nuevo texto constitucional, provocando la salida de algunos de los más significativos y quedando Manuel Fraga como líder indiscutible. Hacia 1979 sus principales señas de identidad eran la afirmación de la economía de mercado, el anticomunismo, el mantenimiento de la unidad de la patria, la defensa de los valores tradicionales, preocupación por la seguridad ciudadana y desconfianza ante el proceso autonómico. Durante los diez años de liderazgo de Fraga, el partido se consolidó como una organización política de derechas, conservadora que aceptaba el juego electoral y las reformas democráticas. En 1982 sube espectacularmente al recoger buena parte de los votos que se escaparon de la UCD, convirtiéndose en el grupo de oposición al PSOE. En 1986, Fraga tras su segundo fracaso electoral consecutivo, presenta la dimisión y, pocos meses después, el partido se refunda para convertirse en el Partido Popular (PP). Tras el paréntesis de Hernández Mancha, en 1989 ocupa la presidencia del partido José María Aznar que hizo girar al nuevo partido hacia el centro.

    Durante los primeros años de la transición, el PCE fue moderando su lenguaje y sus reivindicaciones políticas. Así, en 1977, los comunistas aceptaron la monarquía como forma de Estado y la bandera roja y gualda. Poco después renunciaban a la doctrina leninista al aceptar el sistema democrático de economía de libre mercado, capitalista. Los malos resultados electorales de 1982 (perdieron 1 millón de votos) hizo que se produjeran numerosos enfrentamientos internos que lo debilitaron y forzaron la dimisión de Santiago Carrillo como secretario general, siendo expulsado tres años más tarde, para crear un nuevo partido de escasa repercusión el Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista (PTE-UC).

    (IU), donde se integró el PCE dirigido entonces por Gerardo Iglesias. Entre 1988 y 1998 Julio Anguita se mantuvo al frente del PCE, pero no pudo detener la continua sangría de votantes (de 21 diputados en 1996 pasó a 8 en 2000). Además también ha perdido militancia (de 205.000 afiliados en 1978 ha pasado a menos de 68.000 en la actualidad)

    consejero nacional del movimiento, que se negaba a aceptar la democratización del sistema institucional español, rechazaba la Constitución, exaltaba el recuerdo de la Guerra Civil, confiaba en el triunfo de un golpe de Estado militar involucionista, exaltaba el anticomunismo, anti-europeísmo y antinorteamericanismo, oponiéndose al ingreso en la OTAN y en la CEE.

    Sin embargo apenas consiguió 1 diputado en las elecciones de 1979, desapareciendo prácticamente en las de 1982, forzando la disolución del partido. Refundado en 1986 como Frente Nacional apenas ha tenido repercusión.

    Coalición nacionalista de grupos liberales, conservadores y democristianos liderada por Jordi Pujol, con la colaboración de Miquel Roca y Joseph Durán Lleida. Desde 1979 se impuso como primera fuerza política en Cataluña, centrándose en la obtención de los máximos niveles de autogobierno posibles, aunque nunca haya renunciado a la independencia de Cataluña. Su pragmatismo le llevó a coaligarse con los socialistas y populares entre 1982 y 2000.

    Desde 1979 se ha mantenido como principal grupo político del País Vasco, gobernando desde entonces de forma ininterrumpida el País Vasco. Pese a sus inicios no autodeterministas y dentro de la Constitución, aunque no la votaran, Arzallus impulsó un giro hacia el independentismo dentro del PNV desde los últimos años del último gobierno de Felipe González. En 1998 suscribió un pacto con ETA donde se comprometía a

    con Euskal Herritarrok (Batasuna) con el objetivo de conseguir la plena independencia de Euskal Herría (un territorio que comprende desde el río Adour en Francia, al Ebro, y desde el río Agüera en Cantabria al río Ezka, entre Navarra y Zaragoza). Además, el pacto incluía el compromiso de abandonar los acuerdos con populares y socialistas, alcanzando acuerdos con Batasuna en el País Vasco. Una de las consecuencias de esta nueva táctica peneuvista fue la creación de la llamada

    CCOO (vinculado al PCE) y UGT (al PSOE) se confirman en las organizaciones sindicales hegemó-nicas. Durante los primeros meses de la transición contribuyeron al asentamiento democrático. Posteriormente estrecharon sus contactos para construir un frente unitario y presionar con más fuerza ante empresarios y gobierno. En las elecciones sindicales de 1978 ganó CCOO, mientras que en las de 1982 lo hizo el PSOE. Por su parte, el sindicato anarquista CNY fue incapaz de recobrar durante la transición su enorme poder e influencia pasados.

    En 1977, al amparo de la ley reguladora del derecho de asociación, se crea la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), para defender los intereses colectivos de los patrones ante el gobierno y los sindicatos de trabajadores. Se consolidó con la absorción de la CEPYME (Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa) y de otras asociaciones patronales sectoriales como CONFEMETAL y CEIM, de modo que en 1982 actuaba en representación de más de 1 millón de empresarios de todo el país. Ocasionalmente intervino en las campañas políticas a favor de AP oponiéndose al incremento fiscal y del gasto público realizado por los gobiernos de UCD y PSOE, así como reclamando siempre una mayor flexibilidad de los contratos laborales para disminuir la indemnización por despido.

    Desaparecida la censura y suprimidos los obstáculos a la ley de expresión, tanto la prensa escrita como los medios de radiodifusión experimentaron un proceso de renovación y un fuerte impulso, recuperando el protagonismo y apoyando la transformación política en marcha, difundiendo y defendiendo los valores democráticos. Desapareció la típica prensa franquista (Arriba, El Alcázar y Pueblo) entre 1979 y 1988. Surgió otra nueva acompañando a los tradicionales ABC y La Vanguardia, como El País o Diario 16. Últimamente se han incorporado El Mundo y La Razón, y ha desaparecido tanto Diario 16 como Ya, y algún experimento como El Sol constituyó un auténtico fracaso.

    Adolfo Suárez, al frente de UCD, forma un gobierno que como no tenía mayoría tuvo que apoyarse puntualmente en otros partidos. Aunque formalmente las nuevas Cortes no tenían carácter constituyente, todos sabían que esa debía ser su principal labor. El proyecto fue redactado por una comisión integrada por tres representantes de UCD (Miguel Herrero, José Pedro Pérez Llorca y Gabriel Cisneros), uno del PSOE (Gregorio Peces Barba), uno del PCE (Jordi Solé Turá), otro del CiU (Miquel Roca) y uno de AP (Manuel Fraga). Cada partido renunció a posiciones maximalistas en beneficio del consenso. El resultado fue una Constitución que, si bien no gustaba a todos los grupos políticos si recogía sus más importantes aspiraciones. Aprobada por ambas cámaras, fue sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978 y sancionada por el rey, entró en vigor el 29 de diciembre.

    : derecho a la vida, declarando abolida la pena de muerte, derecho a la integridad física, prohibiendo la tortura y las penas degradantes, derecho a la seguridad, derecho a la educación a la Seguridad Social y libertades religiosa, de expresión, de pensamiento, de reunión y de manifestación.

    desempeña la Jefatura del Estado, su cargo es vitalicio y la Corona es hereditaria. Subordinado a la Constitución con juramento de fidelidad a la misma, representa de forma simbólica y protocolaria al Estado, sanciona las leyes aprobadas en las Cortes y tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Carece de poderes políticos y no participa en la toma de decisiones ni en la elaboración de las leyes.

    suponen el poder legislativo. Constan de dos cámaras: Congreso y Senado y entre sus funciones destacan: elaboración de leyes, control del gobierno para evitar abusos, aprobación de los presupuestos anuales del Estado y la autorización de tratados internacionales. Sus miembros son elegidos por los ciudadanos mayores de 18 años mediante sufragio universal directo y secreto. De las dos cámaras, el Congreso tiene un mayor peso que el Senado, ya que puede aprobar una ley sin la aceptación del Senado y tanto el voto de investidura como las mociones de censura se realizan en esta cámara.

    o Gobierno representa el poder ejecutivo. Lo componen el Presidente, vicepresidentes y ministros. El cargo de ministro es incompatible con el ejercicio de otras actividades económicas o profesionales privadas. El presidente escoge a los ministros, encabeza la acción del gobierno, define las actuaciones prioritarias y es el responsable de coordinar las tareas de los restantes miembros del Consejo de Ministros. Se encarga de la dirección de la política interior, de los asuntos exteriores, de la defensa del Estado y de la administración civil y militar. Elabora los presupuestos anuales del Estado, convoca elecciones, puede suprimir las garantías constitucionales en caso de situación de excepcional emergencia y nombrar altos cargos públicos (secretarías, subsecretarías, direcciones generales, delegados del gobierno…) Puede promulgar normas con rango de ley por delegación previa del parlamento, aprobar decretos-ley en casos de urgente necesidad siempre que estos no afecten a las instituciones básicas del Estado ni a los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. Tiene capacidad para dictar normas y reglamentos con el propósito de desarrollar y aplicar las leyes aprobadas por las Cortes. También posee el derecho de iniciativa legislativa.

    se ocupa de controlar la constitucionalidad de todas las leyes y resuelve los posibles conflictos entre las normativas aprobadas por las instituciones de las Comunidades autónomas y las normativas del Estado. Está formado por 12 miembros (juristas) propuestos por el Congreso (4), por el Senado (4), por el Gobierno (2) y por el Consejo General del Poder Judicial (2).

    En octubre de 1979 fueron aprobados en sendos referéndums regionales los estatutos vasco y catalán acogidos al artículo 151 de la Constitución. Cinco meses después se celebraron elecciones para elegir a los representantes de ambos parlamentos autonómicos, ganados por los partidos nacionalistas. En el País Vasco Carlos Garaicoechea fue investido

    La organización territorial autonómica supuso el fin del rígido centralismo franquista y el reconocimiento de las aspiraciones de autogobierno de los grupos nacionalistas catalán y vasco. La principal consecuencia fue la aparición de múltiples centros de poder en el territorio español, pues el texto constitucional declara que España está integrada por diversas nacionalidades y regiones con capacidad para tomar decisiones políticas.

    y asumen determinadas funciones y competencias, reflejadas en sus respectivos Estatutos de Autonomía. En éstos se especifica su organización y se definen las instituciones de autogobierno: Asamblea legislativa, Consejo de Gobierno, Presidencia de la Comunidad y Tribunal Superior de Justicia. Algunas comunidades han creado además la institución del Defensor del Pueblo comunitario.

    En la Constitución se regulan las materias y competencias tanto del gobierno central como de los autonómicos. El primero se reserva en exclusiva las competencias relacionadas con los asuntos internacionales, las fuerzas armadas, el sistema fiscal y la ordenación general de la economía. Mientras que las autonomías asumen competencias en sanidad, educación, obras públicas, urbanismo, cultura, turismo, carreteras, transportes urbanos, pesca y protección del medio ambiente. Algunas autonomías también han asumido competencias policiales (mosos d’esquadra y ertzaintza)

    Las autonomías disponen de sus propios recursos para gestionarlos libremente ya que se autofinancian mediante los impuestos cedidos por el Estado central, con los recargos sobre impuestos nacionales y con las posibles tasas de nueva creación. En la actualidad existen 17 autonomías y dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) Para salvaguardar el principio de solidaridad, la Constitución establece un Fondo de Compensación económica destinado a corregir e intentar neutralizar los desequilibrios y desigualdades interregionales.

    Las transformaciones económicas y sociales de los años sesenta, junto con la aspiración de los españoles a integrarse en Europa, la penetración progresiva de los modos de vida occidentales, la entrada en la Universidad de nuevas generaciones que no habían vivido la Guerra Civil, la paulatina desvinculación a los ideales que condujeron a la rebelión militar o el rebrote de los nacionalismos fueron modificando la sociedad española hacia una actitud de rechazo del gobierno dictatorial.

    Todos estos elementos de cambio surgieron como consecuencia de la necesaria liberalización del régimen, comenzada a finales de la década de los cincuenta y no hubo forma de minimizarlos por más empeño que puso el régimen en hacerlo. Incluso la Iglesia, que se había identificado con el franquismo durante las primeras décadas del régimen, comenzó a criticar su continuidad en la persona del cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Y, dentro del ejército, se constituyó la UMD (Unión Militar Democrática) que pretendía hacerlo más democrático (en el verano de 1975 fueron detenidos sus principales líderes).

    La Ley de prensa de 1966 permitió la aparición de nuevas revistas, diarios y editoriales que manifestaron una tímida crítica contra el régimen. Así, salió a la luz la obra de artistas y autores hasta entonces prohibidos, incluso de los españoles exiliados.

    en el exilio. Los gobiernos constituidos tras la Guerra Civil, pese al reconocimiento que obtuvieron de algunos países, no consiguieron hacer mella en el franquismo, por lo que, a partir de mediados de los cincuenta, fueron sustituido en su trabajo de oposición por la

    que se produjeron desde 1939. A pesar de ello mantuvieron su pulso con el franquismo en la fase de mayor aislamiento con actos como las huelgas de Cataluña de 1945 y en el País Vasco en 1947, aunque disminuyeron su actividad en la década de los cincuenta.

    conspiraron para derrocar al dictador y hacer retornar la monarquía en la persona del hijo de Alfonso XIII, don Juan de Borbón. En 1943 un grupo nutrido de tenientes generales dirigió una carta a Franco en la que pedían la restauración de la monarquía. En 1945, era el propio don Juan el que hacía público un manifiesto, solicitando a Franco la restauración monárquica en su persona. Pero Franco contrarrestó la actividad de este sector con la Ley de Sucesión y, más tarde, negociando con don Juan que su hijo don Juan Carlos, fuera educado en España bajo su supervisión.

    penetraron por el valle de Arán, se dispersaron por el territorio español y comenzaron una actividad guerrillera que se mantuvo hasta los años cincuenta, momento en que fue disuelto el último maquis.

    significativos: la renuncia a la práctica violenta, la concienciación social y generacional y el desembarco en sectores universitarios y en el seno de los sindicatos franquistas. La actividad más común fue la huelga para solicitar reivindicaciones salariales, destacando la de los tranvías de Barcelona de 1951. El régimen ante esta oposición actuó de dos maneras: endureciendo al represión con la promulgación de la

    , donde se reunieron miembros de la democracia cristiana, monárquicos, algunos republicanos y el PSOE, para pedir la democratización de España. Aquellos procedentes del interior del país fueron detenidos a su regreso, aunque alguno optó por quedarse en el exilio. Franco calificó tal reunión como

    , relacionados con la “Nueva Izquierda” europea. El movimiento estudiantil consiguió que el SEU desapareciera a la vez que se creaba el Sindicato democrático de estudiantes que tuvo un importante protagonismo a finales de los años sesenta.

    , principalmente vasca y catalana. En Euskadi, nace ETA en 1959, como una escisión del PBV, utilizando el terrorismo a partir de 1964. En Cataluña, el nacionalismo adoptó una postura más cultural. En 1971 se creó la

    Tras el escándalo MATESA, Franco apartó del gobierno tanto a los ministros que habían tenido algo que ver con la estafa, como a los que la habían aireado (Fraga, Solís), creándose un gobierno monocolor, con Carrero Blanco en la Vicepresidencia y en la Subsecretaria de la Presidencia. En 1973 será nombrado Presidente del Consejo de Ministros. Pretenderá mantener la continuidad del régimen, rechazando cualquier proyecto reformista que no se atuviera a la Leyes Fundamentales. Pero, para entonces, ni la situación interior (aumento de las protestas, deterioro de las relaciones con la Iglesia) ni la exterior (comienzo de la crisis del petróleo en ese mismo año de 1973) era favorable. Su asesinato, en diciembre de 1973, fue un duro golpe para el sector inmovilista (el búnker). Fue sustituido por

    , que intentó seguir su estela, pero hubo de enfrentarse a dos problemas prácticamente insolubles: el agravamiento de la crisis económica (cierre de empresas, inflación, paro, aumento del déficit) y el incremento de la oposición.

    En 1974, el PCE impulsó la Junta Democrática de España que reclamaba la apertura de un proceso constituyente. Al año siguiente, el PSOE promovía la Plataforma de Convergencia Democrática en la que se incluyeron demócratas cristianos y liberales.

    Para frenar la propaganda de ambas formaciones, que acabarían uniéndose en la llamada Platajunta, Arias Navarro propuso en su programa de febrero de 1974 un cierto aperturismo, constituyéndose comisiones para dar salida al Estatuto de Asociaciones Políticas. Pero apenas se avanzó. Además, tuvo que soportar las presiones internacionales por las últimas ejecuciones del régimen en septiembre de 1975.

    A todo ello se unió el fin de las dictaduras en Grecia y Portugal y, sobre todo, la presión de Marruecos sobre el Sahara español que concluyeron con la movilización de la Marcha Verde de noviembre de 1975 (España acabó cediendo y entregando el Sahara a Marruecos). En este contexto de desmoronamiento del régimen, Franco moría el 20 de noviembre de 1975.

    El triunfo del franquismo supuso el fin de la Edad de Plata de la cultura española. Después de depurar los medios de comunicación y utilizarlos en su provecho como propaganda del régimen, pretendió restablecer la cultura católica y nacional tradicionalista, frente a la liberal y progresista etapa anterior. El pasado imperial se convirtió en la referencia histórica única, la victoria en la Guerra Civil fue objeto de representaciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas para ensalzar el nuevo régimen. Todo lo vanguardista fue rechazado.

    La educación, sobre todo durante la etapa autárquica, fue controlada por la Iglesia, incluida la Universidad, que, al igual que sucedió con los maestros republicanos, fue depurada. La censura eclesiástica se estableció sobre espectáculos, prensa y libros.

    A pesar de todo, a finales de los años cincuenta y, durante los sesenta, el férreo control fue relajándose. Algunos intelectuales como Laín Entralgo, López Aranguren, Julián Marías o Tierno Galván se manifestaron contra los planteamientos culturales de la dictadura. Algunas publicaciones periódicas como

    Durante los años sesenta, la dinámica editorial, favorecida por un cierto grado de aperturismo, permitió la publicación de obras de autores prohibidos hasta entonces como Ramón J. Sender, Max Aub o Antonio Machado. Y una hornada de nuevos autores publicaron obras con un claro signo desmitificador de la Guerra Civil: Miguel Delibes, Buero Vallejo, Torrente Ballester, Camilo José Cela, Blas Otero o Gabriel Celaya.

    En el arte, la arquitectura oficial decae ya en los años cincuenta, cuando penetran las corrientes racionalista y organicistas, coincidiendo con el boom turístico. Fisac abandona el oficialismo para ingresar en el

    y el empleo masivo de hormigón y vidrieras (dominicos de Alcobendas), Sáez de Oiza presenta un estilo más colorista (Torres Blanca, Madrid) o Coderch que introduce el organicismo en España (Torres Trade, Barcelona).

    En 1957, el modelo autárquico y totalitarista estaba agotado. Franco y los dirigentes franquistas eran conscientes de que España debía salir de su aislamiento y buscar un cierto reconocimiento por parte de las democracias occidentales. Ese mismo año se firma el Tratado de Roma que dará paso a la constitución del Mercado Común Europeo, lo que supondría para España un riesgo de marginación por el nuevo ámbito económico y político que se iba a formar. Y ese mismo año, comienza la transformación del régimen franquista, con la constitución de un gobierno que deja fuera a Falange y supone el ascenso de los

    , que no engañó a las democracias parlamentarias europeas, porque a pesar del lavado de cara de las instituciones españolas, el régimen franquista seguía siendo una dictadura que le impedía la integración en el Mercado Común Europeo.

    (1958), que establecía como forma de Estado la monarquía (aún sin rey), que debía ser católica, social y representativa (pero no se aceptaban ni los partidos políticos ni las elecciones libres). Siguió con la

    (1966), última de las Leyes Fundamentales del Movimiento, donde se desarrollaba el concepto de democracia orgánica y se establecía el sufragio restringido para elegir a la tercera parte de los procuradores en Cortes entre los candidatos de la familia, los municipios y el sindicato. En 1967 se aprueba la

    (1969), por la que Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, fue designado sucesor de Franco “a título de rey”, si bien la nueva monarquía debía estar apoyada en el espíritu de la sublevación del 18 de julio y sus principios fundamentales, lejos de la democracia y el parlamentarismo.

    Con el nuevo proceso de institucionalización del régimen, las distintas familias políticas de la primera etapa pierden su antigua influencia. La figura clave en esta transformación va a ser el almirante Carrero Blanco, hombre de confianza de Franco y en quien iba a depositar el proceso de continuación del sistema al nombrarle presidente del gobierno en 1973. Pronto se rodeó de políticos católicos, conservadores y partidarios de la aproximación económica a Europa (López Rodó), pero manteniendo el autoritarismo. Se les denominó

    . Chocaban con otro sector, encabezado por José Solís, que pretendían el incremento de la influencia del Movimiento y la Organización Sindical y que no acababan de ver claro la continuidad monárquica.

    Tras la Guerra Civil el panorama económico español era desalentador. Destruidas alrededor de 250.000 viviendas y gran parte de las carreteras y vías férreas, sin reservas de oro en el Banco de España y sin la posibilidad de obtener créditos en el extranjero debido a la Segunda Guerra Mundial, la actividad industrial había caído en un 30% y la agrícola un 20%. La solución que se tomó fue la

    , intentando valerse única y exclusivamente de los recursos propios del país, ocasionando un gran retroceso en los niveles de bienestar, la caída de la renta per cápita, el retraso industrial y la forzosa emigración de las ciudades al campo en busca de alimentos básicos.

    La década de 1940 fue desastrosa: hambre, malas cosechas, carencia de materias primas (petróleo, abonos, algodón…), restricciones eléctricas, falta de capitales, de tecnología y de ideas para reactivar el comercio y la industria. Se impuso la

    Las dificultades aumentaron a partir de 1945 cuando España quedó aislada internacionalmente, por lo que la autarquía o el autoabastecimiento no fue una opción elegida, sino impuesta desde fuera. En estas condiciones, el

    (INI) que abarcaba empresas básicas en el campo de la electricidad, fertilizantes, astilleros, siderurgia, metalúrgica, automoción. A la vez, se multiplican los monopolios: RENFE, CAMPSA, Tabacalera Española (1943), ENASA (1946).

    Desde 1941 la inflación y los precios suben en torno al 13% anual, mientras la cotización de la peseta cae en picado, negándose el gobierno a su devaluación, perjudicando la exportación de productos españoles, por su escasa competitividad económica.

    Pero esta situación no pareció afectar a grandes empresarios y banqueros como Juan March, Villalonga, Coca, Garnica o Bassagoiti, ni a los grandes bancos que vieron aumentar sus beneficios, al tiempo que la situación económica y laboral de los trabajadores empeoraba.

    supuso la transición del autarquismo al desarrollismo de los sesenta. Se benefició del fin del aislamiento a partir de 1952, que permitió la supresión de la cartilla de racionamiento. La ayuda económica y técnica de los EE.UU. desde 1953 y la integración de España en el comercio internacional facilitaron el aumento de la importación de bienes de consumo y maquinaria, modernizar la agricultura y ampliar los regadíos. Poco a poco, comienza a crearse empleo y el fenómeno de la emigración de la ciudad al campo terminó para darse la situación contraria. En esta década los mayores esfuerzos del INI se destinaron a la metalurgia (ENDESA) y a la automoción (SEAT).

    Paralelamente, se reanudan las relaciones comerciales con los países europeos, recuperándose progresivamente la economía. La consolidación del crecimiento se produce tras la entrada en el gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei (López Rodó, Alberto Ullastres, Navarro Rubio). Ese mismo año de 1957 entra en funcionamiento Televisión española. En 1958, España entra en la OCE (Organización Europea para la Cooperación Económica), el FM)I (Fondo Monetario Internacional) y el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento). Las tentativas por derribar el régimen de Franco se diluyen, consolidándose al dictadura.

    , que pretendían evitar la quiebra de la balanza de pagos y frenar la inflación: concesión de créditos, fomento del comercio exterior, una reforma fiscal para sanear los ingresos de hacienda o la flexibilización de las relaciones laborales. Pero el principal paso se dio en 1959 con el

    . Entre las medidas que proponía se encuentran: reducir el déficit del Estado, ajustando los gastos y aumentando los ingresos a través de la reforma fiscal, limitar los créditos y flexibilizar los tipos de interés, liberalizar el comercio exterior, unificando el cambio monetario (60 pesetas por dólar), apertura a las inversiones exteriores y flexibilidad laboral que relacionaba las subidas salariales con el aumento de la productividad. Estas medidas que ocasionaron en un primer momento una cierta reducción de la actividad económica, consiguieron frenar la inflación y mejorar la balanza de pagos. A medio plazo favorecieron el crecimiento de la producción, las exportaciones, los recursos disponibles y el consumo, base del crecimiento de los años sesenta.

    Inspirándose en el modelo keynesiano de Francia se inicia una planificación indicativa cuyo objetivo era el logro del desarrollo económico, mediante el establecimiento de un programa económico que fijaba unos objetivos trienales o cuatrienales, tanto para las empresas públicas como para las privadas a través de estímulos e incentivos. Se crearon organismos para supervisar esta planificación: La

    se llevó a cabo durante el periodo 1964-1967. Consistía básicamente en promover el desarrollo industrial regional mediante la constitución de cinco polos de desarrollo (La Coruña, Vigo, Valladolid, Zaragoza y Sevilla. Se facilitaron subvenciones a fondo perdido para el establecimiento de empresas y se estableció un programa de inversiones públicas.

    Todas estas medidas liberalizadoras facilitaron la integración en la economía occidental e impulsaron el crecimiento del producto interior bruto (PNB) a un ritmo cercano al 7% anual. Paralelamente, aumentaron la renta per cápita, las inversiones extranjeras, la emigración a los países europeos (la llegada de las divisas de los emigrantes contribuyó a mejorar la economía española) y el turismo favorecieron la transformación socioeconómica de esta década hacia una sociedad de consumo.

    Pero se creció con ciertos desequilibrios territoriales, con una fuerte dependencia exterior por la endeblez del modelo industrial elegido, muy dependiente del petróleo. A esto se suman el elevado coste medioambiental y urbanístico por la prioridad dada al turismo y el intervencionismo estatal que, una vez superado el riesgo de colapso económico, paralizó el proceso de liberalización de la economía.

    Al término de la guerra, España es una nación demográficamente en retroceso. A los muertos habidos por la guerra y las personas que marcharon al exilio, habría que sumar la alta mortandad de la posguerra, la caída de la natalidad y la disminución del número de hombres con respecto al de mujeres. Por ello, durante los años de la posguerra la población se estanca, acentuándose en los primeros años de la década de los cincuenta por la emigración. Hasta la década de los sesenta no se produce un incremento considerable, pasando España de 30,5 millones en 1960 a 35,8 millones en 1975, sin contar con el millón de españoles que emigraron a países europeos principalmente.

    hacia las principales ciudades del País Vasco, litoral mediterráneo, archipiélago balear y canario, Madrid, Zaragoza, Valladolid, Sevilla o Málaga, reduciéndose notablemente el porcentaje de población rural (un 27% en 1980). El éxodo rural trajo asimismo el desequilibrio regional entre un interior que se iba despoblando y un litoral cada vez más poblado.

    Durante las década de los cuarenta y los cincuenta la mayoría de la población activa se dedicaba al sector primario (en torno al 40% en 1960), disminuyendo drásticamente en la década siguiente hasta suponer el 21% en 1975.

    Dentro de los grupos sociales se aprecia un crecimiento notable de las clases medias, un 34,1% en 1950 a un 56% en 1975. Al mismo tiempo se produce un cambio en la estructura familiar, imponiéndose la de tipo nuclear. En esos años que van de 1959 a 1975 España se aproximó al modelo occidental industrializado, impulsado por los medios de comunicación, el turismo, los emigrantes que volvían, los viajes al extranjero. Los valores de la democracia parlamentaria empiezan a ser conocidos y a imponerse sobre las costumbres tradicionales. También se produjo el fenómeno de la progresiva secularización de la sociedad, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965.

    que permitía una mayor representatividad de los obreros. Pero ni las asociaciones políticas ni las obreras fueron legalizadas, teniendo que actuar los sindicatos (CC.OO. fue el más activo) en la clandestinidad.

    , que en los años de la posguerra volvió al sometimiento machista, con la pérdida de todos los derechos conseguidos durante la Segunda República. Como ejemplos de esta actitud social retrógrada cabe citar la prohibición del anticonceptivo, la mujer casada era representada por el marido quien le daba permiso para trabajar fuera de casa, sólo se castigaba el adulterio femenino, prohibió la coeducación e impuso a las mujeres la enseñanza de los trabajos del hogar y de labores, preparándola para el papel clásico de ama de casa. En la década de los setenta todo comenzó a cambiar, se aceptó la coeducación a raíz de la Ley General de Educación que estableció la enseñanza gratuita hasta los 14 años para chicos y chicas y se promulgó una legislación más permisiva para la actividad laboral de las mujeres solteras.

    13.1. TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS. PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. MODERNIZACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.

    La tierra era la principal fuente de riqueza al llegar el final del Antiguo Régimen. Con la llegada del liberalismo surge la propiedad privada y libre. Para ello, los políticos liberales abolieron los señoríos y los derechos jurisdiccionales de la nobleza (pero sin expropiarles sus tierras) y se desvinculó y desamortizó la propiedad de los bienes de la Iglesia y de los municipios.

    Los decretos desamortizadores comienzan con Godoy (1807), siguen con las Cortes de Cádiz (1813) y el Trienio liberal (1821), pero las mayores fueron las de Mendizábal (8 de mayo de 1833) sobre bienes de las órdenes monásticas y de Madoz (1 de mayo de 1855) sobre bienes del clero secular, municipales o comunales. Los objetivos eran paliar la situación de la Hacienda pública, atraer partidarios liberales e impulsar la reforma agraria. Las propiedades del clero y de los municipios fueron declaradas bienes nacionales y vendidas en pública subasta, subdivididas en lotes, y tasadas para su compra en títulos de deuda pública o en metálico.

    • Los efectos sobre la propiedad fueron diversos: allí donde existían oligarquías rurales, la desamortización aumentó la concentración, consolidándose el modelo latifundista, pero en Castilla la Vieja y León, las pequeñas propiedades se triplicaron, creciendo el minifundismo, mientras que en Levante la propiedad enfitéutica se consolidó.

    Sin embargo, en general, no hubo una redistribución de la tierra, concentrándose en pocas manos, accediendo a ella, especialmente la burguesía. Fue posiblemente una de las causas del atraso agrícola y del fracaso de la revolución industrial.

    La producción agrícola se basó en la trilogía mediterránea (cereales, olivo y vid). La expansión agrícola se produjo por el desarrollo de cultivos especializados dedicados a la exportación: vino, aceite, cítricos y carne de vacuno. La vid se vio favorecida por la filoxera francesa, el tratado preferencial con este país en 1882 y los nuevos enlaces ferroviarios.

    que sustituyeron los cultivos tradicionales de cereales por viñedos, frutales, plantas industriales (tabaco, remolacha, lino), productos hortícolas que pasaron del 19% de superficie cultivada en 1860 al 25% en 1893, y tubérculos (patata). Las huertas de Valencia, Murcia, Cataluña y valle del Ebro se dedicaron al consumo urbano y a la exportación.

    Los cereales se vieron afectados por las importaciones masivas a partir de 1880, provocando la caída de la producción de zonas tradicionales de Castilla y Extremadura, debiéndose recurrir en 1887 al proteccionismo, extendido en 1891 a todos los productos agrícolas, incluido el aceite, aumentando la superficie cultivada ente 1887 y 1900. Sin embargo, con esta política proteccionista, el campo se resistía al cambio y mantuvo una baja productividad, por debajo de la europea en un 30 0 40%. En 1900, el sector agrario representaba el 40% del calor del producto nacional y ocupaba al 70% de la población activa.

    En el ámbito del sector secundario (la industria), España vio como la revolución que se había iniciado en Gran Bretaña y se extendía a otras zonas de la Europa occidental, sólo afectaba de forma muy localizada as Cataluña y País Vasco.

    De carácter económico: la escasez de carbón de alta calidad (antracita, hulla), y de materias primas, deficiente red de comunicaciones, atraso tecnológico agravado por la falta de capital nacional y dependencia energética exterior, insuficiencia de mercado interior, excesivo proteccionismo, poca mentalidad empresarial.

    A pesar de todo, entre 1830 y 1910 hubo un crecimiento de un 80% de la renta per cápita. Diferente fue la evolución en el periodo 1914-1931. El retorno de capitales de Cuba y América, las inversiones extranjeras y la neutralidad española durante la guerra, generaron grandes beneficios en la banca, aumentaron las exportaciones de minerales, creció notablemente la industria textil y se aceleraron las industrias siderúrgica, química, eléctrica y cementera. Con la dictadura de Primo de Rivera la inversión estatal impulsa las obras públicas en ferrocarriles, carreteras, obras hidráulicas. Son años en los que la industria de bienes de equipo supera a la de bienes de consumo, incluso se desarrolla la industria ligera, como la automovilística (Hispano-Suiza).

    : La incipiente industria catalana se frenó como consecuencia de la Guerra de Independencia, la pérdida del mercado americano y las guerras carlistas. A partir de 1830 se inicia el despegue de la industria algodonera gracias a la mecanización (en 1833 se instala la primera máquina de vapor), el aumento de la demanda interior, la existencia de una burguesía emprendedora y la legislación proteccionista. Durante la fase de mayor expansión (1840-1868) se concentró geográficamente en torno a Barcelona, atrayendo otros sectores textiles como el lanero (de tradición castellana) y el sedero (antes en Valencia y Murcia). Se abarataron los costes mediante el empleo de mujeres y niños. La Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) redujo la llegada de algodón y la crisis de subsistencias de 1867-1868 supuso el fin del periodo de mayor crecimiento económico.

    Entre 1870 y 1880 el crecimiento fue menor pues el mercado interior estaba saturado. No obstante la producción se mantuvo por las medidas proteccionistas y por la exclusiva del mercado cubano. La pérdida de las colonias trajo consigo una segunda crisis a la industria textil catalana, que no se recobrará hasta la segunda década del siglo XX gracias a la neutralidad española durante la Gran Guerra.

    : El primer intento de instala una moderna siderurgia en España fue en Málaga, con el fin de explotar los yacimientos de hierro de Marbella y Ojen. En 1832 funcionan los primeros altos hornos de la Concepción (Marbella) y la Constancia (Málaga). Peor la escasez de coque hizo que entraran en decadencia hacia 1860.

    El segundo intento tuvo como escenario Asturias, que contaba con las cuencas carboníferas de Mieres y langreo. En 1848 se funda un alto horno en Mieres y en 1857 otro en La Felguera, A partir de 1868 desplaza a la siderurgia andaluza.

    Hasta la última década del siglo XIX no se impone la siderurgia vasca gracias a la abundancia de hierro, al coque inglés y al capital vasco. Desde 1848 funcionaba el alto horno de Balueta. En 1860 la empresa Ybarra y Cía instaló otro en Baracaldo. A partir de 1880, la concentración de grandes compañías y la modernización de la industria puso al País Vasco a la cabeza de la siderurgia española, acaparando el 83% de la producción.

    : A partir de 1868 y la promulgación de la Ley de Bases sobre Minas, la entrada de capital extranjero impulsó la explotación del subsuelo español: cobre (Tiotinto), plomo (Linares), mercurio (Almadén), plata (Jaén), carbón (Asturias, León), hierro (País Vasco, Málaga), zinc (Asturias). España se convirtió en un importante exportador de minerales (a finales del siglo XIX era el mayor exportador de hierro de Europa).

    : El desarrollo siderúrgico permitió el crecimiento de la industria mecánica y metalúrgica de transformación. Primero en Cataluña con la fundación de “Maquinaria Terrestre y Marítima” en 1858, aunque con limitaciones por depender de la siderurgia vizcaína. El País Vasco se convirtió en el centro principal (Astilleros del Nervión, 1888), Compañía Euskalduna de construcción y reparación de buques, 1900, Sociedad española de Construcción naval, 1909), gracias a la política proteccionista de los distintos gobiernos.

    La industria química irá de la mano de la textil (colorantes), de la producción de abonos y explosivos. La eléctrica, para el alumbrado público. Las industrias alimentarias se desarrollaron al amparo del crecimiento de la demanda interna: harinera (Valladolid, Santander), vinícola (Rioja, Jerez, Requena-Utiel), pasera (Alicante), aceitunera, azucarera (Granada), conservas de pescado (Vigo) y de corcho (Cataluña).

    La construcción de carreteras emprendida a partir de 1840 y revitalizada con el Plan General de Carreteras de 1886, aumentó las vías nacionales de 17.000 Km a más de 36.000 Km a finales de siglo. Importante fue la mejora de puertos para la navegación marítima, así como la introducción del vapor.

    de 1855 para que las líneas tendidas pasasen de 475 Km construidos hasta ese año a los más de 11.000 Km de comienzos del siglo XX. El impulso partió del Estado, aunque el capital, la tecnología y la iniciativa fueron extranjeras (franceses principalmente).

    El nacionalsindicalismo como soporte ideológico inspirado en la doctrina falangista. A esto se unió el anticomunismo (que le favoreció durante el desarrollo de la Guerra fría), el antiparlamentarismo, el antiliberalismo y algunos rasgos fascistas como símbolos, uniformes, saludos y la existencia de organizaciones paralelas como la Sección Femenina, el Frente de Juventudes o la Organización Juvenil Española (OJE).

    profundamente católicas, representantes del orden y el respecto a los valores tradicionales de España. Ni la clase obrera ni las clases medias urbanas se identificaron nunca con la dictadura, aunque el temor a la represión supuso la carencia de una oposición visible.

    , encargada de legitimar el régimen ante la opinión católica internacional. A cambio, sobre todo después de la firma del Concordato con la Santa Sede en 1953, obtuvo importantes concesiones como la educación o la presencia del estamento eclesiástico en las altas instituciones del régimen. Sin embargo el apoyo de la Iglesia no fue monolítico. Hubo serias discrepancias con el catolicismo catalán y vasco y, a partir del Concilio Vaticano II, una parte de la jerarquía eclesiástica y del clero comenzó a distanciarse progresivamente de Franco.

    . Muy activa durante los primeros años del régimen se encargó de actividades de propaganda y adoctrinamiento de la población. A partir de 1958 se impuso la denominación “Movimiento Nacional” que desplazó al anterior de “FET y de las JONS”.

    , de enero de 1938, Franco concentró todo el poder en sus manos: legislativo, ejecutivo (Jefatura del Estado, del gobierno y del partido único), delegando en los jueces la aplicación de las leyes que él mismo había promulgado.

    como consecuencia de las victoria iniciales del Eje. Su abierta simpatía por Alemania e Italia le hizo enviar la División Azul para combatir en el frente oriental contra la Unión Soviética entre 1941 y 1945. Cuando comienza el declive del Eje, el franquismo vuelve a declararse neutral, intentando acercarse a los que serían vencedores mediante una serie de leyes que pretendían mostrar una imagen más representativa. En 1942 se promulga la

    , que establecía la formación de Cortes (se reunirían por primera vez el 17 de marzo de 1943) elegidas en parte por Franco y en parte mediante sufragio indirecto, estando representados de esta manera la familia, el municipio y los sindicatos. Su función era refrendar las propuestas legislativas del dictador. El sistema recibió la denominación de “Democracia Orgánica”.

    Al término de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura franquista queda aislada internacionalmente, tanto diplomática (se marchan los embajadores extranjeros excepto el argentino y España no es admitida en la recién creada ONU en 1946), como económicamente (Francia cierra las fronteras). Para atajar este grave problema, Franco tomó algunas medidas para intentar borrar la imagen fascista de su régimen: suprimió el saludo con el brazo en alto y promulgó la

    de 1947, por la que España se convertía en reino, pero declaraba a Franco Jefe del Estado a perpetuidad y quedaba perpetuado para designar sucesor a título de rey. Se creaban dos nuevas instituciones que debían regular la transición: El “Consejo de Regencia” y el “Consejo del Reino”. En 1948 consiguió que el nieto de Alfonso XIII, el futuro príncipe Juan Carlos, se educara en España bajo su tutela.

    El comienzo de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética dio un valor político importante al anticomunismo del régimen franquista, siendo la posición estratégica de España de alto interés militar. En 1949, la banca estadounidense concedió a España un importante préstamo y en 1950 la ONU anuló el aislamiento diplomático, regresando los embajadores extranjeros. En 1952, España era admitida en la UNESCO y en 1953 Estados Unidos firmaba con el gobierno español el Pacto de Madrid, por el que se creaban bases militares estadounidenses en España a cambio de ayuda militar y económica. Ese mismo año, El Vaticano firmó con el régimen franquista un Concordato. Finalmente, en 1955, España era admitida en la ONU como miembro de pleno derecho, con lo que se rompía definitivamente el aislamiento internacional, a la vez que se consolidaba el poder de Franco.

    Para evitar la represión muchos republicanos emigraron (más o menos en torno a medio millón). En Francia fueron internados en campos de concentración, corriendo diversa suerte al producirse la conquista nazi. Muchos regresaron a España, otros ingresaron en la resistencia francesa contra los alemanes (unos 15.000 acabaron en campos de concentración nazis) y un contingente numeroso (en torno a 200.000 emigraron a Sudamérica. En México, el socialista Indalecio Prieto con los recursos que pudo sacar de España, ayudó a muchos refugiados y pudo financiar un

    Un grupo numeroso de comunistas españolas acabó en Rusia, donde reorganizaron el partido. A la muerte en extrañas circunstancias del secretario general, José Díaz, le sucedió al frente del PCE Dolores Ibarruri, La Pasionaria.

    En ella se enfrentaban el fascismo, la democracia y el comunismo. Ya en el mes de noviembre de 1936 fue un motivo de inestabilidad internacional al alinearse diversos países con uno u otro bando. La República contó con el apoyo directo de la Unión Soviética, Francia y las Brigadas Internacionales (organizadas por Rusia, aunque no todos sus integrantes eran comunistas, las unión su marcado sentimiento antifascista). El bando franquista contó con apoyos más decididos de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. Los países católicos tendieron a apoyar a Franco como consecuencia de la política anterreligiosa de los gobiernos republicanos.

    que, en teoría, propició la marginación de los países europeos del conflicto, pero sus recomendaciones sólo fueron seguidas por Gran Bretaña. Estados Unidos mantuvo la neutralidad a través del

    y luego efectivo del material de guerra. Sin embargo, la compañía TEXACO proporcionó al general Franco las tres cuartas partes de su petróleo. En el resto del continente americano, México apoyó con entusiasmo a la República, mientras que otros países sudamericanos apoyaron a Franco, aunque no fuera más que diplomáticamente.

    Sus mayores inconvenientes procedían de su dependencia del gobierno francés (si era de izquierdas colaboraba, si no, ponía obstáculos) y, sobre todo, la exigencia del pago de la ayuda de manera inmediata y poco generosa. La ayuda francesa fue muy intermitente y, por tanto, la República hubo de acudir a otras fuentes de aprovisionamiento, fundamentalmente a la Unión Soviética, que proporcionaron material de guerra moderno como tanques, aviones e instructores para los mismos. A cambio, los rusos exigieron una contrapartida económica inmediata, recibiendo la autorización de Largo Caballero para trasladar a Rusia una parte del oro depositado en el Banco de España. Formando parte de las Brigadas Internacionales llegaron a España unos 40.000 brigadistas, a los que hubo que armar, adiestrar, vestir y alimentar, pero que ayudaron decisivamente a detener el avance franquista sobre Madrid.

    . Como contrapartida, los alemanes crearon compañías industriales cuya misión fue entrar en el capital de sociedades mineras españolas. Además, el general Franco también contó con la ayuda de voluntarios portugueses e irlandeses y de unos 70.000 combatientes marroquíes.

    La ayuda recibida puede explicar determinados acontecimientos de la guerra, como el paso del Estrecho en aviones Junkers alemanes o la batalla del Ebro propiciada por la llegada de material bélico ruso. En cuanto a su volumen, es posible que fuera semejante en cada bando: el número de aviones recibidos fue casi el mismo, y el valor del oro entregado a Rusia viene a coincidir con el montante de la ayuda italoalemana. Pero, sin duda, la ayuda exterior fue decisiva en los momentos cruciales de la guerra favorable a los sublevados, decantando decisivamente la victoria final del lado franquista.

    Los vencidos fueron humillados, marginados, sancionados económicamente, expulsados de sus empleos y encarcelados. En 1940 había 18.000 mujeres y 240.000 hombres en las cárceles franquistas, de los que 7.800 ya habían sido juzgados sin garantías legales y condenados a muerte por tribunales militares. Se calcula que 48.000 personas

    fueron fusilados durante la posguerra. En 1943, la cifra de prisioneros todavía superaba los 100.000, mientras que 25.000 cumplían penas de trabajos forzados en la reparación de caminos y canales o bien en la construcción de edificios públicos (los Nuevos Ministerios) o monumentos (el Valle de los Caídos). En 1946 la cifra de presos políticos descendió hasta los 15.000.

    Paralelamente se inició una depuración del sector público. Así, miles de excombatientes republicanos acusados de ateísmo o de pertenencia a la masonería fueron multados, castigados con la expropiación de sus bienes y despedidos de sus empleos en cualquiera de los sectores de la administración pública o del funcionariado (burocracia, ejército, policía, profesorado, judicatura) Los puestos que dejaron vacantes pasaron a ser ocupados por los vencedores. La depuración también alcanzó a otros grupos profesionales como periodistas, abogados o médicos. Más de 300.000 españoles fueron investigados, el 75% de los profesores universitarios sancionados y miles de maestros de escuela inhabilitados definitivamente y suspendidos de empleo y sueldo.

    Muchos de los vencidos también perdieron sus propiedades (pisos, tiendas, fincas) que fueron incautadas y subastadas por las autoridades franquistas. De las sanciones y confiscaciones no se libraron ni siquiera los muertos, ya que algunos destacados republicanos como Manuel Azaña o Blas Infante fueron multados póstumamente con elevadas cantidades de dinero que debían pagar sus parientes más próximos.

    Fue sin duda su consecuencia más duradera. Un nuevo modelo político, inspirado en la Dictadura de Primo de Rivera, dominó la vida política española hasta la muerte del dictador en 1975. Con él volvió la influencia de la Iglesia, las oligarquías terratenientes y financieras y el sometimiento de la población a una situación de autarquía que se endureció al final de la IIª Guerra Mundial, cuando el régimen dictatorial franquista se convirtió en una isla tras el triunfo de las democracias.

    Fue plural y desorganizada. El cerebro fue el general Emilio Mola. Estaban con él, el general Goded, el general Queipo de Llano y el general Cabanellas. La participación de Franco no estuvo clara hasta el final. También estuvieron algunos diputados de la CEDA, como Ramón Serrano Súñer o el conde de Mayalde. El principal líder de esta agrupación, Gil Robles, no fue consultado, aunque prestaría apoyo económico con los fondos electorales de su partido.

    Se inició en Marruecos el día 17 de julio, adelantándose a la fecha prevista. Dos días más tarde asumió el mando el general Franco, que se había sublevado en Canarias y trasladado a Marruecos a bordo del Dragon Rapide, un avión británico alquilado por conspiradores monárquicos. A partir del 18 de julio la sublevación se extendió a la península, dependiendo su éxito de la preparación y el número de conjurados.

    En Navarra, sublevada por Mola, y en Castilla, regiones católicas y conservadoras por excelencia, el levantamiento triunfó fácilmente. En Aragón, la sublevación venció en las capitales de provincia por la intervención del general Cabanellas. Algo parecido ocurrió en Oviedo gracias a la hábil maniobra del general Aranda. Pero el resto de Asturias se mantuvo republicano. En Galicia el éxito fue rápido a pesar de la oposición de las organizaciones obreras de las capitales.

    En Andalucía sorprendió la maniobra de Queipo de Llano que ocupó Sevilla. En Cádiz, Granada y Córdoba, las guarniciones militares estuvieron en precario ante la fuerte resistencia obrera. Algo similar ocurrió en Extremadura, aunque Cáceres se sublevó.

    En Castilla la Nueva y Cataluña la suerte de los sublevados dependió de las dos grandes capitales. En Madrid se abortó pronto el golpe y en Barcelona las tropas de Goded fueron pronto neutralizadas por las fuerzas de orden público y las organizaciones obreras.

    El País Vasco se escindió. Vizcaya y Guipúzcoa se opusieron al golpe, mientras Álava se sublevaba. En Baleares se levantaron Mallorca e Ibiza, pero no Menoría. En Valencia los sublevados dudaron mucho y pronto fueron neutralizados. También quedaron grupos de sublevados asediados por los republicanos: el Alcázar de Toledo y el santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén.

    España quedó dividida en dos, debido al fracaso del pronunciamiento. En un principio las fuerzas estaban bastante equilibradas. Si los sublevados contaban con el ejército de África, el mejor preparado, la flota se mantuvo republicana, así como la aviación. Además, el gobierno disponía de las capitales más importantes, la industria catalana y vasca y las reservas de oro del Banco de España.

    Los acontecimientos se precipitaron en los días siguientes. Casares Quiroga trató de mantener la legalidad con sus propias fuerzas e impidió el reparto de armas a los obreros. Tras su dimisión, Azaña intentó formar gobierno con Martínez Barrio que trató de evitar la guerra civil proponiendo una negociación que ni Mola ni Largo Caballero aceptaron. Por fin, el 19 de julio se formó un nuevo gobierno, presidido por Giral, que procedió al reparto de armas.

    Entre julio y noviembre de 1936 los límites de cada una de las dos Españas no fueron precisos. La lucha adoptó la forma de enfrentamientos entre agrupaciones, no habiendo un frente estable. En este periodo la superioridad de los sublevados fue manifiesta: tras el paso del estrecho de Gibraltar por el ejército de África de Franco, la Andalucía occidental pasó a sus manos, y luego, siguiendo la ruta extremeña, se dirigió hacia Madrid, en cuyos arrabales se detuvo. En el norte, la toma de Irún aisló la zona norte de las fuerzas republicanas.

    Los éxitos de la República fueron menores. Su avance desde Cataluña hacia las capitales aragonesas fue pronto detenido y la expedición dirigida desde Barcelona a las Baleares fracasó, por lo que las islas fueron una base importante para el bloqueo de la costa mediterránea y, más adelante, para el bombardeo de Barcelona por las tropas franquistas.

    A finales de noviembre de 1936 se produce un giro, no sólo por la cada vez mayor ayuda extranjera, sino por el proceso creciente de militarización de la población. En Madrid, los generales Miaja y Rojo crean las milicias populares mientras el gobierno se traslada a Valencia.

    Franco se planteó aislar Madrid ordenando atacar en dirección hacia la carretera de La Coruña, hacia el Jarama y por Guadalajara. Estas tres batallas acabaron estabilizando el frente en torno a la capital ante la imposibilidad de los sublevados, pese a la ayuda italiana, de conseguir sus objetivos. Entonces Franco decidió concentrar sus esfuerzos en el norte.

    1937 resultó el año crucial de la contienda. Para ocupar Vizcaya se empleó lo más granado del ejército franquista y el combate adquirió formas de crueldad superiores a lo habitual. La aviación alemana de la Legión Cóndor realizó bombardeos sobre poblaciones civiles que no eran objetivos militares, como Durango y Guernica, experimentando para su posterior actuación en la Guerra mundial.

    La ocupación de Santander fue un paseo militar protagonizado por los italianos. Por el contrario, Asturias resistió con firmeza, pero también cayó debido a su aislamiento. Cuando terminó la guerra civil, quedaron grupos guerrilleros (maquis) que mantuvieron la lucha hasta la final de la Segunda Guerra Mundial.

    Durante el verano de 1937 las fuerzas republicanas lanzaron tres ofensivas para distraer a las tropas de Franco en Segovia y La Granja (junio), Brunete (julio) y Belchite (agosto), pero fracasaron por la falta de coordinación y porque el ejército republicano no estaba preparado para mantener en profundidad una gran ofensiva. Por otro lado, si Belchite y Brunete se hubiesen producido a la vez habrían frenado la caída del Norte.

    Después de tomar Asturias, Franco había pensado avanzar sobre Madrid desde Guadalajara, pero el ejército, para evitar el ataque, decidió llevar a cabo una ofensiva de diversión en Teruel, única capital de provincia conquistada por los republicanos. Inmediatamente, Franco se lanzó a una contraofensiva de desgaste, transcurrida bajo durísimas condiciones climáticas. Tras la pérdida de Teruel el frente republicano se derrumbó y Franco llega al Mediterráneo. En menos de dos semanas avanzaron 120 km y llegaron a Vinaroz para proseguir el avance hacia Valencia, quedando detenidas en el Maestrazgo.

    Estabilizado el frente, de nuevo el ejército republicano tomó la iniciativa, cruzando el Ebro, frente a Gandesa. Franco, sabiendo que se enfrentaba a lo mejor del ejército adversario apostó por una batalla frontal de desgaste. Tras tres meses y medio de lucha y siete ofensivas sucesivas, el ejército republicano hubo de retroceder a sus posiciones de origen.

    La batalla del Ebro acabó por decidir la guerra. Tras su victoria en el Ebro, Franco ocupó Cataluña en febrero de 1939 sin encontrar resistencia. Para muchos republicanos, la caída de Cataluña significaba el fin de la guerra. El propio Presidente de la República, Azaña, exiliado en Francia, presentó su dimisión en ese momento. Algo más de medio millón de personas cruzaron la frontera francesa hacia el exilio. Muchos no regresarían.

    Tras la dimisión de Azaña el ambiente de derrota era manifiesto, como lo era la creciente impopularidad del gobierno Negrín y de sus principales colaboradores, los comunistas. Los mandos militares coincidían en dar por perdida la guerra: en febrero Menoría se rendía y Negrín, reunido con sus principales mandos militares, descubrió que la mayoría quería entablar negociaciones con Franco. Pero Negrín todavía confiaba en mantener la guerra para conseguir mejores condiciones de rendición o para enlazar con la eventual guerra mundial que se anunciaba.

    A fines de febrero y comienzos de marzo se precipitó la crisis de la República con el reconocimiento del general Franco por parte de Francia y Gran Bretaña. En la segunda quincena de marzo, el coronel Casado y Julián Besteiro iniciaron las conversaciones para intentar negociar el final de la guerra con Franco, pero este exigió la rendición incondicional y el 1 de abril pudo anunciar la completa victoria de sus tropas.

    Los aspectos que motivaron las divergencias entre los integrantes del Frente Popular fueron precisamente los relativos a la revolución socio-económica y a la constitución del Ejército. Las posturas extremas fueron las representadas por el Partido Comunista y los anarquistas. En líneas generales, los partidos burgueses se aproximaron a los comunistas, mientras que los socialistas, muy divididos, en realidad no elaboraron un programa propio y tendieron a enzarzarse en disputas internas.

    Los comunistas defendieron una postura opuesta a la mantenida durante la Segunda República: si antes había sido maximalista, revolucionaria y casi insurreccionalista, ahora parecía no apreciar las oportunidades de revolución que les brindaba la situación. A lo sumo, defendían la necesidad del control obrero y de una serie de reformas que hubieran podido ser llevadas a cabo en una república democrática. En cambio, su insistencia en los problemas militares era abrumadora: todo debía ser sacrificado a la victoria en la guerra. Con ello, logró la adhesión de pequeños propietarios temerosos de la revolución y de los cuadros militares indignados con la ineficacia de las milicias populares.

    En cambio, los anarquistas pensaban que la sublevación había creado las circunstancias objetivas para el estallido de la revolución. Guerra y revolución tenían que ser dos procesos paralelos. Y así se dio la paradoja de que, enemigos del Estado, hubieron de participar en el poder, primero en Cataluña y luego en toda España. En la polémica triunfaron las tesis comunistas aunque a un alto coste.

    Con Largo Caballero como jefe de gobierno a partir de septiembre de 1936, los anarquistas accedieron al consejo de ministros. Sin embargo, la política que siguió fue bastante menos revolucionaria de lo esperado. De hecho, se negó a la unificación del PSOE con el PCE, impulsó la militarización y siguió una línea independiente. Lo que dificultó su gestión fueron los roces de los anarquistas con el resto de grupos políticos. En mayo de 1937 se produjo un conflicto en Barcelona entre la Generalitat y los anarquistas que degeneró en una lucha confusa, cuyo balance fue de 400 a 500 muertos y provocó la caída de Largo Caballero.

    en los que condensó su programa moderado. Se centró sobre todo en el esfuerzo militar, pero acabaron apareciendo sus defectos como gobernante: bohemio, desordenado, cayendo en el mismo personalismo que su antecesor. Acusado de estar dominado por los comunistas

    La sublevación se justificó como un acto preventivo frente a una revolución inminente, aunque en realidad ocurrió lo contrario: la sublevación provocó la revolución social en el bando republicano. En cambio, en su inicio, el levantamiento no fue antirrepublicano, proclamándose republicanos en las primeras proclamas tanto Cabanellas, como Queipo de Llano o Franco.

    Desde el principio se sintió la necesidad de un mando único. Sanjurjo pudiera haber sido el líder indiscutible, pero murió en accidente de aviación en Portugal el mismo 18 de julio. A finales de este mes se estableció una

    presidida por Cabanellas, que pronto se reveló insuficiente. Generales monárquicos y africanistas exigieron el poder único para Franco una vez que Mola falleciera en otro accidente de aviación. Finalmente

    Sin embargo, subsistían problemas de carácter político, especialmente con los partidos más extremistas: los monárquicos alfonsinos, los carlistas y los falangistas. En la primavera de 1937 surgieron conflictos solucionados en abril del mismo año y que supusieron el bloqueo de Falange tras los sucesos de Salamanca y que se cerraron con el

    Muerto José Antonio Primo de Rivera en Alicante, no había líder político capaz de hacerle sombra. Junto a Franco, la figura más destacada del régimen durante esta primera etapa fue su cuñado Ramón Serrano Suñer, procedente de la CEDA, que a lo largo de la guerra llegó a diluirse. Como ideólogo del movimiento, sus propósitos, descritos por él mismo, fueron construir un Estado a base del

    Aparte de propiciar una posición reaccionaria en materias educativas y religiosas, el régimen distó mucho de configurarse de una manera clara durante la guerra civil. El único texto constitucional aprobado fue un

    , que no pasaba de ser una declaración de principios de carácter social. Cuando, a comienzos de 1938, se produjo la formación de un gobierno, su composición heterogénea demostró la pluralidad de componentes que existía en el bando sublevado.

    Partidarios de mantener el modelo socioeconómico de la Restauración; se apoyaban en las viejas instituciones para mantener el orden y los valores tradicionales, y no estaban dispuestas a aceptar las autonomías. En las elecciones de 1931 no obtuvieron

    Imitaban la ideología de Mussolini: partidarios de gobiernos autoritarios, con un partido único, sin elecciones ni parlamento. Proponían el intervencionismo estatal, la nacionalización de la banca y resucitar añejos ideales imperialistas: Dos grupos

    Los partidarios de los Borbones se agrupaban en Renovación Española, liderada por José Calvo Sotelo; y los carlistas lo hacían en Comunión Tradicionalista (tenían como pretendiente a D. Javier), liderada por Fal Conde

    La CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) llegó a ser el partido más representativo. Aparece a finales de 1933 como resultado de la fusión de la Acción Popular del periodista, luego cardenal, Ángel Herrera Oria, y otros grupos como la Derecha Regional Valenciana, de Luis Lucia.

    Su líder más reconocido fue Jose Mª Gil Robles, autoritario y próximo al fascismo (asistió al acto de la subida al poder de Hitler en Alemania) Organización católica, se opuso sistemáticamente a las reformas de las izquierdas.

    se daban 3 tendencias: la derecha, representada por la Lliga Regionalista de Cambó; el centro, en el que se situaban Acció Catalana Republicana y los cristianos demócratas de Unió Democrática de Catalunya; y la izquierda, polarizada alrededor de Esquerra Republicana de Catalunya (Maciá y Companys), el partido más votado.

    A las 7 de la mañana del 14 de abril, la República era proclamada en Eibar, luego sucesivamente se haría en Valencia, Sevilla, Oviedo y Zaragoza. Al tiempo, Romanones recomendaba al rey la salida del país y tras la aceptación de éste, Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil, se ponía las órdenes del Gobierno provisional republicano. Al atardecer, cuando ya Lluis Companys había proclamado la República en Barcelona, los miembros del Comité llegaban a la Puerta del Sol, donde tomaron posesión del gobierno del país y proclamaron la República. A las 9 Alfonso XIII salía con dirección a Cartagena, donde embarcaría en la madrugada rumbo a Marsella; su familia lo haría al día siguiente.

    . Por ello, rechazaron el modelo revolucionario y eligieron el reformista, intentando modernizar el país por la vía democrática y legal. Emprendió una amplia labor legislativa encaminada a abordar los problemas más urgentes, utilizando como vía el Decreto, mientras se preparaba la convocatoria a elecciones. Las principales medidas fueron:

    , para tratar conflictos en el campo, implantación de la jornada de 8 horas, establecimiento de salarios mínimos y decreto de laboreo forzoso, que obligaba a los propietarios a poner en cultivo las tierras aptas para ello. Las medidas cayeron como una bomba entre los terratenientes.

    : se inicia un proceso para aprobar en Cataluña y el País Vasco su Estatuto de Autonomía, teniendo más éxito el catalán (con un 90% de votos afirmativos en consulta popular del 2 de agosto) que el vasco, este por su excesivo tinte religioso y conservador, por lo que fue paralizado.

    Pronto comenzó la radicalización de conflictos y huelgas, paralela a la actitud contraria de patronos y propietarios. Desde finales de abril hay huelgas en cadena en Sevilla, San Sebastián, Asturias y Barcelona. El 6 de junio, la CNT lanza una huelga en Telefónica, retando al gobierno provisional, aunque en el congreso cenetista del 10 del mismo mes triunfarían las tesis moderadas.

    Sin embargo, el conflicto que ensombreció el inicio de la República fue el enfrentamiento con la Iglesia, iniciado a través de varios pastorales y de las protestas de los obispos, reunidos en Toledo el 9 de mayo, y pese a los intentos de negociación de Alcalá Zamora y Miguel Maura. Los días 11 y 12 se producen la

    . Después del intento de asaltar la sede de ABC, grupos exaltados vieron renacer el viejo anticlerica-lismo y quemaron el convento de los jesuitas situado a espaldas de la Gran Vía, extendiéndose posteriormente a otros conventos de Madrid, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Murcia y otras ciudades. Pese a los esfuerzos del gobierno, ardieron un centenar de edificios y el nuevo régimen quedó desacreditado ante las clases propietarias, que encontraron en la

    En este contexto se desarrolló la campaña electoral, celebrándose el 28 de junio las elecciones a Cortes Constituyentes. Votaron unos 4,5 millones de electores, el 70% del censo, que dieron la mayoría a la conjunción republicano-socialista. El 14 de julio se constituyeron las Cortes, siendo elegido Presidente, Julián Besteiro. El 28 se ratificaba la confianza en el mismo gobierno provisional y al día siguiente se formo la comisión constitucional, encabezada por Jiménez de Asúa, que presentó un proyecto de Constitución el 27 de agosto. Iniciándose la discusión del articulado el 16 de septiembre. Pronto se vio que los artículos más polémicos iban a ser los referidos a los estatutos de autonomía y los que abordaban la cuestión religiosa. Al final se acordó sobre éstos:

    En su conjunto es una Constitución progresista, inspirada en los modelos más avanzados de la época (en especial la alemana de Weimar). Sin embargo, por la cuestión religiosa, fue rechazada frontalmente por la Iglesia y los partidos de derecha.

    El 15 de diciembre se forma el primer gobierno constitucional republicano con Azaña como jefe de Gobierno y el mismo grupo ministerial a excepción de Lerroux. En seguida se pusieron en marcha un conjunto de medidas para modernizar el país, en medio de una situación inestable de huelgas, manifestaciones y levanta-mientos obreros y campesinos; y desde la derecha mediante el

    continuó. El gobierno adoptó un modelo basado en la escuela única, pública, obligatoria y gratuita y emprendió un ambicioso programa de construcción de escuelas y de creación de plazas de maestro. Pero

    que hubiera modificado los planes de estudio. Las medidas más significativas fueron la eliminación de la religión católica como asignatura y la prohibición del ejercicio de la enseñanza a las Congregaciones religiosas. Fue uno de los principales conten-ciosos con la derecha.

    . Se recortó drásticamente el presupuesto y se redujeron las plantillas. Intentó reorganizar el sistema de acceso, dando primacía a los estudios. Pero su reforma fracasó porque fue incapaz de mejorar la capacidad técnica del Ejército, que continuó en estado precario y provocó el rechazo de buena parte de la oficialidad.

    . Era la pieza clave. Ya en mayo de 1931 se constituyó la primera comisión encarga-da de elaborar el proyecto. Se trataba de asentar a campesinos en aquellos latifundios no cultivados o excesiva-mente grandes, causa del reparto injusto de la tierra. Se dudaba entre expropiar o asentar a los campesinos sin tocar el derecho de propiedad. Pronto fue el símbolo de la modernización del país y de la resistencia de las clases dominantes. Se presentaron y rechazaron hasta 4 proyectos. Finalmente, el presentado en marzo de 1932 por Marcelino Domingo fue aprobado, gracias al impacto del intento de golpe de Estado del 10 de agosto, que reunió el voto de todos los republicanos de la Cámara. La

    , al que se dotaba de 50 millones de pesetas anuales para indemnizaciones. Pero su aplicación fue un fracaso. A finales de 1934 sólo 12.000 familias habían sido asentadas. La lentitud y la oposición continua-da de los propietarios exasperó al campesinado que se refugió en posiciones anarquistas y comunistas, Princ.-palmente en Andalucía y Extremadura.

    Atrapado entre las movilizaciones obreras y campesinas impulsadas por los sindicatos anarquistas y el Partido Comunista y la intransigencia de patronos y terratenientes el gobierno ante el temor de perder el control del país contribuyó con sus medidas a aumentar la escalada de violencia.

    Ya en enero de 1932 se producen enfrentamientos consecutivos en Castillblanco, Arrendó y el Alto Llobregat, entre jornaleros, mineros anarquistas y la Guardia Civil y el Ejército, ocasionando una docena de muertos y decenas de heridos. Entre febrero y septiembre y paralelamente al crecimiento de la conflictividad, tiene lugar la expulsión de los jesuitas y la discusión en las Cortes de los proyectos de Ley agraria y del Estatuto de Autonomía para Cataluña. Este último en especial supuso la formación de una opinión contraria dentro del Ejército por el temor al separatismo y el comienzo de las primeras conspiraciones (Poded, Varela, Sanjurjo)

    En esta situación y pese a la excelente cosecha el verano transcurre con fuerte tensión política, que alcanzará su cumbre el 10 de agosto con el intento de golpe de Estado del general Sanjurjo, que fracasó en su intento de dar a la República un giro a la derecha.

    , un golpe mortal para el gobierno. Allí, miembros de la Guardia Civil masacraron a un grupo de anarquistas: 6 muertos y 12 vecinos posteriormente ejecutados. El escándalo en la prensa fue enorme. Las Cortes abrieron una investigación que dictaminaron la responsabilidad del Director General de Seguridad que tuvo que dimitir, así como el capitán Rojas que mandaba el retén de guardias civiles y que fue encarcelado. Desde ese momento el socialismo empezó a plantearse abandonar el gobierno. A este suceso siguió la discusión de la

    En los meses que van hasta septiembre se produce una polarización de las fuerzas políticas. Mientras el PSOE se plantea la salida del gobierno y la radicalización de la lucha contra la derecha, acercándose al PCE y a la CNT, en la derecha se consolidad los partidos, fundándose la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas) que integrará a toda la derecha católica, dirigida por Gil Robles. Otros grupos se situarán todavía más a la derecha como los monárquicos de

    Tras un verano tenso, en septiembre se desencadena la crisis del gobierno, cuando sus candidatos al Tribunal de Garantías Constitucionales fueron derrotados. El día 8 Alcalá Zamora inicia consultas para nombrar nuevo jefe de gobierno; tras fallidos intentos con Besteiro, Prieto y Lerroux, fue el lugarteniente de éste, Martínez Barrio, quien formó gobierno en octubre con el acuerdo de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.

    Durante la campaña electoral la izquierda se dividió, mientras que la derecha se unió y su victoria fue clara, 227 escaños frente a 101. Las causas de la victoria fueron básicamente el desgaste del gobierno, la unidad de la derecha, la división de las izquierdas, el voto femenino mayoritariamente de derechas y la amplia abstención de las zonas de predominio obreros, por la petición de abstención propuesta por la CNT.

    A los pocos días de la victoria de la derecha, la CNT desencadenó una insurrección armada, que causó 89 muertos y 163 heridos, siendo encarcelados 700 insurgentes y cerrados los locales y periódicos anarquistas.

    El 18 de diciembre Lerroux forma un gobierno de radicales con el apoyo parlamentario de la CEDA. La gestión de los primeros nueve meses fue difícil y conflictiva, en parte por la poca unión del propio gobierno y, en parte, por la presión cedista. Sus principales

    . Mientras la izquierda obrera se radicaliza: el PSOE, liderado por Prieto y Largo Caballero, impone la preparación de una revolución en el caso de que la CEDA llegue al gobierno y se hacen con el control de UGT. Las

    Ante la serie de medidas adoptadas contra la reforma agraria, la UGT convoca una huelga general de campesinos, que duró 12 días y se extendió por 38 provincias, que acabó en fracaso por la dura represión del gobierno: 13 muertos y 7.000 detenidos, cierre de las Casas del Pueblo y periódicos socialistas. El movimiento campesino tardó meses en recuperarse.

    El clima de violencia y de tensión política generó una situación explosiva que llevó a los dirigentes obreros a preparar una insurrección armada ante el temor de que la CEDA entrase en el gobierno. El 4 de octubre entran en él 3 cedistas. Esa misma tarde los dirigentes socialistas dan la orden de huelga. El día 5 el paro es general en todas las ciudades, pero no en el campo.

    . Todos los obreros están en armas, organizados y preparados. En 2 días controlan los principales núcleos urbanos y conquistan, enfrentándose al Ejército, la propia capital. Pero el movimiento fracasó en Madrid, cuando el gobierno ordenó el acuartelamiento de las tropas y la detención de los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Cataluña, su presidente Companys mantuvo la esperanza de triunfo hasta que el general Goded ordenó el bombardeo de la Generalitat.

    Hacia el día 12 la insurrección estaba sofocada en todas partes menos en Asturias. Pero la intervención del ejército fue aquí decisiva. Francisco Franco, con plenos poderes, entregó el mando de las operaciones al general López Ochoa que el día 19 conseguía la rendición de los obreros. El balance fue brutal: 1.051 muertos y el doble de heridos entre los insurrectos y 284 muertos y 900 heridos entre las fuerzas del orden y el ejército. Además, 30.000 detenidos. Tras esto, izquierdas y derechas se ven abocadas al enfrentamiento que cristalizará en la formación de las dos grandes coaliciones que se enfrentarán en las elecciones de febrero de 1936.

    • El enfrentamiento ante las represalias por la revolución de octubre entre los partidarios de llevarla hasta el fin, ejecuciones incluidas y quienes reclamaban una amnistía. A finales de marzo, Lerroux firmó los indultos de los principales dirigentes de la insurrección, provocando el abandono del gobierno por los cedistas, aunque más tarde volverían a entrar, con Gil Robles en Guerra.

    , formado por sectores monárquicos y oligárquicos, encabezado por Calvo Sotelo, Goicoechea y Alba, y con personajes como Maeztu, Saínz Rodríguez o Rodezno, de ideología ultraconservadora. Defendían un estado autoritario y corporativo, similar al fascista. Será la alternativa a la CEDA porque Falange es un partido con escasa repercusión popular. A lo largo del año tanto Calvo Sotelo como Gil Robles contactan con diversos generales para prever la posibilidad de un golpe de Estado.

    • El acercamiento entre todas las fuerzas de la izquierda, burguesa y obrera. Exigen amnistía y reclaman la disolución de las Cortes y nuevas elecciones. Azaña se convertirá en el líder. Mientras el PSOE impone la línea dura y favorable al entendimiento con los comunistas.

    La situación del gobierno era muy inestable al tener que verse arropado por el extremismo de la CEDA y la actitud de Alcalá Zamora, cada vez más crítico con el gobierno por su alejamiento de la Constitución. El nombramiento de Franco como jefe del Estado Mayor y a Banjul, Goded y Mola, proclives al golpe de Estado, en los principales mandos del ejército, fue también una fuente de recelos de la izquierda y del propio Presidente de la República.

    (autorización de los principales altos cargos radicales, a cambio de sobornos, a un fabricante holandés, Strauss, para introducir en los casinos españoles una máquina de juego), que hunde a Lerroux. Después de varios intentos de gobiernos de concentración, el 30 de diciembre, Portela Valladares, formó un gobierno con el compromiso de Alcalá Zamora de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.

    basado en un programa mínimo, de orientación más bien de izquierda republicana burguesa: poner en marcha las reformas del primer bienio, decretar una amnistía y anular todas las represalias por la revolución de octubre y restablecer las garantías constitucionales. Al pacto se unieron Izquierda Republicana, Unión Republicana, el PSOE, el PCE y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de tendencia trotskista) La CNT no entró, pero no pidió la abstención.

    La otra gran coalición se formó en la derecha, entre el Bloque Nacional y la CEDA, aunque esta última llegó a acuerdos parciales en algunas circunscripciones con radicales y partidos republicanos, lo que provocó confusión al presentarse dos candidaturas de derecha en muchas provincias. Tampoco tuvo un programa firme y coherente, tan sólo les unía el rechazo a la revolución, al marxismo y la amenaza de la victoria del Frente Popular. Tanto Falange como el PNV se mantuvieron al margen de la coalición de derechas.

    Las elecciones se celebraron sorprendentemente con bastante orden. El 72% acudió a votar. La izquierda triunfó en las grandes ciudades, en las provincias del sur y en la periferia, mientras que las derechas se impusieron en el norte y en el interior. La victoria de las izquierdas fue notable: 263 escaños frente a 210.

    En los días siguientes, sin esperar a una segunda amnistía ni a la proclamación de los resultados, se abrieron las cárceles. El 19, Portela Valladares dimitió, siendo sustituido por Azaña, que formó un gobierno con republicanos de izquierda, sin el PSOE..

    Rápidamente se puso en marcha de forma acelerada su programa: amplia amnistía, reposición en el puesto de los funcionarios expulsados tras octubre de 1934 y comenzó a restablecer la legislación del primer bienio. También alejó de Madrid a los generales sospechosos de conspiración: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona.

    Los sindicatos agrarios comenzaron a ocupar fincas y a ponerlas en explotación. El 20 de marzo, un decreto autorizaba al IRA a expropiar cualquier finca, reteniendo el propietario la propiedad hasta que se resolviera la indemnización. La resistencia de los terratenientes provocó el enfrentamiento entre campesinos y guardia civil. Desde febrero al 17 de julio se expropiaron más de medio millón de hectáreas y se asentó a 108.000 familias.

    Pero el gobierno se encontraba entre dos frentes, entre una derecha que inicia la conspiración que llevó al levantamiento militar de julio y una izquierda obrera radicalizada que no le apoyó en ningún momento. Poco a poco se perdió el control de las calles, produciéndose algaradas, provocaciones y asesinatos.

    Nada más constituirse las Cortes y tras amplio debate Alcalá Zamora fue destituido pues había disuelto las Cortes en dos ocasiones y las nuevas estimaron improcedentes la disolución de la anterior. La decisión respondió, al parecer, a un acuerdo entre Azaña y Prieto para asumir respectivamente la presidencia y la jefatura del gobierno, resucitándose la coalición republicano-socialista del primer bienio.

    Azaña fue elegido Presidente de la República, pero Prieto no consiguió formar gobierno al no contar con la aprobación de su partido, al imponerse las tesis radicales de Largo Caballero sobre las centristas de colaboración con la izquierda burguesa que proponía Prieto. Azaña optó entonces por encargar formar gobierno a Casares Quiroga, que los hizo con miembros de Izquierda Republicana y Unión Republicana.

    • El restablecimiento de la legislación progresista del primer bienio y la tramitación de los Estatutos de Autonomía vaso y gallego. El primero tuvo que esperar a octubre, con la guerra iniciada, a ser aprobado y, el segundo, se aprobará en junio tras plebiscito.

    • Enfrentamientos entre grupos radicales que no pudo atajar el gobierno. El 16 de junio en áspero debate parlamentario, Gil Robles da las siguientes cifras: 269 homicidios, 1.287 heridos, 170 iglesias quemadas, 133 huelgas generales y 216 parciales en cuatro meses, acusando al gobierno de ser el responsable único. Pero las cifras son exageradas. En el mismo debate se produce un enfrentamiento entre Calvo Sotelo, que insinúa la posibilidad de un golpe militar y Casares Quiroga le responde que,

    • La conspiración militar, que ya venía desde diciembre de 1934 con los primeros contactos entre Fanjul, Varela y Gil Robles. Pero desde el mismo momento de las elecciones la derecha llega a la conclusión de que sólo un golpe militar puede ser capaz de acabar con la inminente revolución socialista. Se unieron los principales líderes políticos de la derecha (Gil Robles, Calvo Sotelo, Goicoechea, Saín Rodríguez, que negoció con Mussolini la ayuda material y económica para el golpe; el carlista Fal Conde, y el mismo Jose Antonio Primo de Rivera, detenido en Alicante por tenencia ilícita de armas), los representantes de la oligarquía económica (Gamazo, Juan March) y los generales antirrepublicanos (Mola, Varela, Goded, Banjul, Franco y Saliquet). Un primer intento para el 20 de abril fracaso y, entonces, Mola, toma el mando de la conspiración bajo el nombre de

    El golpe se acelera a raíz del asesinato el 12 de julio de un oficial de la guardia de asalto, el teniente Castillo, que fue respondido de madrugada por sus compañeros con el asesinato y secuestro del José Calvo Sotelo. Al parecer este hecho es el que decide a Franco a participar en la sublevación, que se inicia el 17 de julio por la tarde en Marruecos ante la inoperancia de un gobierno que siguió creyendo durante muchas horas que se trataba de un intento limitado y condenado al fracaso. Dos días después, la guerra civil era un hecho.

    , derivada del desastre de Annual. La derrota provoca dos movimientos de oposición; por un lado el ejército que pide un cambio de rumbo político y más medios para vengar la afrenta producida por Abd-el-Krim, y por otro la opinión pública contraria a la guerra que exige responsabilidades. Ante la negativa a aumentar el presupuesto, los militares, especialmente los africanistas se suman al golpe.

    La tramitación del expediente Picasso dio lugar a fuertes enfrentamientos en las Cortes y en el estamento militar, pues las responsabilidades se extendían al Alto Comisario de Marruecos, el general Berenguer y al propio rey. La disolución de las Juntad de Defensa en 1922 contribuyó a soliviantar los cuarteles.

    . El clima se agravó especialmente tras el asesinato de Eduardo Dato en 1921, a manos de tres anarquistas por haber impulsado la ley de fugas desde el gobierno. Ante tal situación los sectores oligárquicos apoyaron el golpe.

    Divididos, incapaces de conseguir gobiernos estables, consiguieron el desprestigio del sistema parlamentario. Republicanos, regionalistas y, sobre todo, socialistas, obtuvieron un importante éxito electoral en la primavera de 1923 con la promesa de terminar con la guerra de Marruecos. Tal ascenso era una seria amenaza para el modelo político-social de la Restauración.

    Desengañada del régimen y exasperada por la ineptitud para atajar el problema del caciquismo, el alza de precios y la cuestión marroquí, se manifestaba a través de la prensa, tanto de izquierdas como de derechas. La posibilidad de un hombre fuerte que pusiera orden comenzó a ganar adeptos.

    de Mussolini, mientras que en Centroeuropa predominaban los gobiernos autoritarios, al tiempo que retrocedían las democracias. El propio Primo de Rivera se declarará partidario del fascismo, viajando con Alfonso XIII a Roma en 1924.

    La conspiración se va fraguando a lo largo de los meses que transcurren entre las elecciones de primavera y el mes de septiembre. Desde junio, los principales generales llegan al acuerdo de organizar el golpe, instaurar un gobierno fuerte y evitar la desunión del Ejército. En los primeros días de septiembre acuerdan que sea Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, quien lo dirija. Este redacta su

    y el día 12 se subleva. El golpe triunfa gracias al silencio de Alfonso XIII, quien, tras retrasar su regreso a Madrid desde San Sebastián, acaba, en la mañana del día 14, encargando al golpista la jefatura de gobierno.

    El nuevo régimen se presentó al país como un proyecto regeneracionista que quería corregir los defectos del sistema político, acabar con el caciquismo, pero manteniéndose fieles al modelo de la Restauración.

    Pero ya las primeras medidas tomadas nos advierten que se quiere implantar una Dictadura en la que el Ejército monopolizará el poder. El día 15 el rey nombra a Primo de Rivera ministro único y este forma, a título consultivo, un Directorio militar, cuyas primeras medidas fueron:

    Hasta el mes de diciembre actúa como gobierno provisional, pero a partir de enero de 1924 se toman una serie de medidas para institucionalizar el régimen militar, que se prolongará hasta diciembre de 1925.

    No obstante, la oligarquía de terratenientes e industriales siguió controlando la vida económica y social, aprovechándose del orden social para incrementar su fortuna en medio de la ola de prosperidad que caracterizó a los primeros años veinte.

    Sustituye al anterior en diciembre de 1925, con sólo un militar en Gobernación. Destacaban en este primer gabinete, Calvo Sotelo en Hacienda, el conde de Guadalhorce en Fomento y Eduardo Aunós en Trabajo. Supuso la vuelta del ejército a los cuarteles. Propuso la formación de una

    ya en 1926, pero no convocada hasta el año siguiente. Constituida por 400 miembros elegidos como representación orgánica de municipios, provincias, Iglesia, Ejército, sectores de la cultura, intereses económicos… mediante un proceso electoral de sufragio restringido y corporativo. Se le encargó la misión de elaborar el equivalente a una nueva Constitución.

    El proyecto de texto se presentó en 1929 y no satisfizo a nadie. Promulgaba un Estado no democrático, sin soberanía nacional ni división de poderes, con una Cámara única, la mitad de cuyos miembros era nombrado por la Corona, y en el que se otorgaba al rey amplios poderes ejecutivos y legislativos. Pero la Asamblea resultó un fracaso. La Unión Patriótica no llegó a arraigar. En 1929 estaba claro que ni la Asamblea ni el partido sobrevivirían al dictador.

    La industria española creció y también lo hizo la agricultura, aunque en menor grado, coincidiendo con una escasa conflictividad basada en la estabilidad del empleo y el sostenimiento de los salarios. La dictadura aprovechó para realizar una política de intervención económica de carácter paternalista que no permitió hacer los cambios estructurales necesarios y no se tradujo en un auténtico desarrollo. Su realización más importante fue la política de inversiones en

    A partir de 1927, la incapacidad del régimen para renovarse, junto a la irritación de los grupos de oposición por el inmovilismo y el desgaste de la Monarquía, hace revivir las movilizaciones y precipitan su final.

    La descomposición de la dictadura es ya evidente desde mediados de 1928, y aunque la propia enfermedad del dictador contribuyera a ello, lo cierto es que la incapacidad para encontrar una salida al régimen acabó por hundirla. En febrero de 1928 se produce un intento de sublevación militar. Desde marzo se suceden las manifestaciones universitarias organizadas por la FUE (Federación Universitaria Escolar), respondiendo el gobierno con el cierre de la Universidad de Madrid y la detención del líder estudiantil, Sbert. En respuesta, Ortega, Sánchez Román, Jiménez de Asúa y Menéndez Pidal abandonan sus cátedras.

    En otoño, los disturbios crecen al sumarse las huelgas obreras provocadas por el hundimiento de la peseta, la crisis financiera y la inflación. Los propios empresarios criticaron abiertamente la política gubernamental. Primo de Rivera, enfermo y presionado hace un último intento ante el rey, presentando un nuevo proyecto de Asamblea Única y régimen autoritario. El rey aplaza su respuesta y el 27 de enero de 1930, en medio de preparativos de conspiración militar (Goded y Ramón Franco), el dictador presenta su dimisión. Tas hacer un nuevo

    Alfonso XIII encarga formar gobierno a su Jefe de la Casa Militar, el general Berenguer. Su objetivo era preparar la vuelta al régimen constitucional, pero pronto se vio su imposibilidad. Poco hábil y falto de apoyos, su ministro, Argüelles, cometió el error de reducir el gasto público, paralizando las obras públicas justo cuando empezaban a sentirse los efectos del

    . Se organiza un Comité Revolucionario, encabezado por Alcalá Zamora, encargado de contactar con los militares y los partidos obreros para organizar un levantamiento. El socialismo se une al Pacto en octubre y poco más tarde lo hará la CNT. Los acontecimientos se precipitan. Se prepara el golpe para el 15 de diciembre, dirigido por Queipo de Llano y Ramón Franco. El día 12, ante el temor a que se descubra, los capitanes Fermín Galán y García Hernández se sublevan en Jaca, pero serán reducidos y ejecutados. Al día siguiente la mayor parte del Comité Revolucionario es detenido y encarcelado, mientras el resto pasa a la clandestinidad. Pese a ello, los conjurados lo intentan el 15 en Cuatro Vientos, pero faltos de apoyo, huyen a Portugal en avión

    No obstante, el paro, la inflación y la tensión social empujan a la opinión pública hacia la oposición. En febrero, varios intelectuales, como Ortega y Pérez de Ayala, publican un manifiesto en defensa de la República, respondiendo el gobierno reinstaurando la censura.

    En ese mismo mes Berenguer hace un intento por convocar elecciones, pero sólo los más conservadores estaban dispuestos a participar. Ante ello, dimite el 14 de febrero. Alfonso XIII, tras el fracasado intento de Sánchez Guerra por incorporar a un posible gobierno a los miembros del Comité Revolucionario, encarga formar gobierno al almirante

    , que improvisó uno de circunstancias que se limitó a convocar elecciones municipales para el día 12 de abril. En las semanas siguientes, el juicio contra los sublevados en Cuatro Vientos y contra el Comité Revolucionario, se convirtió en un auténtico mitin republicano y los acusados salieron en libertad ante el escándalo de la prensa monárquica.

    Las elecciones del 12 de abril se realizaron sin incidentes porque nadie esperaba un cambio radical. Sin embargo, aunque la mayoría de los concejales resultaron monárquicos, los republicanos fueron elegidos en prácticamente la totalidad de las capitales de provincia y en las ciudades importantes, donde las elecciones fueron más limpias. Como reconoció el propio Aznar el día

    coincide con la llegada al trono de Alfonso XIII en 1902 (16 años) Inteligente, espontáneo y atractivo, pero algo superficial y aficionado a la intriga política hay que reconocerle su buena voluntad por ser rey de una nación que acababa de sufrir la crisis de 1898.

    La escasa preparación política que tuvo durante su educación y las prerrogativas reales que le concedía la Constitución, le llevó a nombrar y cesar jefes de gobierno en sus primeros años de reinado, provocando cierta inestabilidad política hasta 1907. Tal actuación produjo la acuñación del término

    A partir de 1907 comenzó a consultar a todos los jefes de partido en las crisis políticas y tendió a someterse a las sugerencias de los presidentes del Consejo de Ministros, con lo que permitió una interpretación más liberal de la Constitución; aunque, dado el enorme poder que ésta le había atribuido y el fraudulento sistema electoral, cada vez que deponía a un jefe de gobierno era criticado por considerarse su conducta fruto de la inexperiencia, mientras que, el que ganaba su confianza y accedía a dicho cargo, solía pensar que lo hacía por sus propios medios. De ahí la mala imagen que tuvo en determinados momentos de su reinado.

    , jefe del partido Conservador. Austero y moralista intentó apelar a las masas neutras del país para introducir cambios en la vida pública. Sin embargo, su actuación contradictoria le llevó a abandonar el ejecutivo un año más tarde y a dejar la presidencia del partido Conservador unos meses después. Los conservadores quedaron tras él divididos entre los que apoyaban a Raimundo Fernández Villaverde, ministro de Hacienda, y los seguidores de

    El partido liberal-progresista, por su parte, había quedado huérfano tras la muerte de Sagasta en 1903 y se decidió por la rotación al frente del partido y del gobierno al que accedieron momentáneamente los liberales tras la caída de Maura. El primero fue Eugenio

    , que presentó un programa de reformas, pero que tampoco logró el incondicional apoyo del partido liberal. Además, a los problemas anteriores, se le sumó el enfrentamiento con los conservadores porque quiso restringir la presencia en la sociedad de las órdenes religiosas. Tras su caída, se sucedieron una serie de gobiernos liberales de muy poca duración y sin programa coherente, lo que facilitó la vuelta de los conservadores al poder.

    La situación de inestabilidad social existente en Barcelona motivada por la confluencia del movimiento catalanista y la agitación social obrera, estalló cuando el gobierno decidió enviar a reservistas catalanes casados para sofocar un incidente habido en Marruecos, cerca de Melilla. En 1906, en virtud del Tratado de Algeciras, Marruecos había quedado dividido en dos zonas coloniales entre Francia (la mayor parte) y España (el norte). Ello obligó a España a iniciar la colonización con la oposición de los marroquíes.

    Durante el embarque de las tropas se produjeron enfrentamientos y protestas canalizados y dirigidos por los políticos de izquierdas. Entre el 25 de julio y el 1 de agosto Barcelona vivió jornadas de desórdenes. La revuelta fue reprimida con gran dureza. El gobernador civil dimitió ante los excesos militares y del ministro de la Gobernación. De la Cierva aisló Cataluña porque decía que el movimiento, en el fondo, era catalanista. Los radicales de Lerroux y los anarquistas fueron culpados sin razón, pues la revuelta careció de contenidos políticos y objetivos concretos, aunque en una semana se quemaron 63 edificios y murieron más de 100 personas.

    Fueron arrestadas más de 1.000 personas y hubo condenas a muerte, aunque sólo fueran ejecutadas 5, siendo Francisco Ferrer Guardia la persona más conocida, por ser el creador de escuelas anarquistas en Barcelona y convertido desde entonces en un mito.

    Después de la durísima represión, los liberales exigieron la salida de Maura, aceptada por el rey en octubre de 1909 sin que éste hubiera presentado la dimisión. Le sucedió durante unos meses Segismundo Moret, incapaz de hacer frente a los acontecimientos y enfrentado no sólo a los conservadores sino a su propio partido liberal.

    En febrero de 1910, José Canalejas sustituye a Moret. Estadista de gran talla y de sólida formación intelectual, inició el regeneracionismo desde el punto de vista liberal. Su figura liberal de izquierdas nunca fue bien acogida por el rey y tuvo que enfrentarse a problemas, sobre todo de orden público, pero supo superarlos con autoridad, tranquilizando a las clases conservadoras.

    Tras su muerte, el regeneracionismo entró en crisis, así como los propios partidos dinásticos que comenzaron su fragmentación, lo que supuso la existencia de gobiernos inestables presididos por los sucesivos líderes del liberalismo (Romanotes, García Prieto, Santiago Alba), sin que ninguno consiguiera cohesión o programa.

    Sucesor de Maura al frente del partido Conservador accedió a la jefatura de gobierno en octubre de 1913. Contó con la oposición de los liberales y del maurismo conservador desde el primer momento. Eludió el enfrentamiento en las Cortes al mantenerlas cerradas durante 18 meses de los 25 que duró su mandato. Su medida más importante fue la aprobación por decreto, en diciembre de 1913, de las

    , solución que no satisfizo ni a la Lliga Catalana ni a Cambó, que solicitaba una legislación económica que Dato no pensaba conceder. Su gobierno cayó cuando en las Cortes la oposición solicitó al gobierno una legislativa destinada a solucionar los graves problemas económicos.

    Jefe de los liberales, sucedió a Dato e intentó reconstruir el partido que tanto daño había sufrido al morir Canalejas. Con Santiago Alba en Hacienda, propuso un amplio programa de reformas económicas, que iban desde las fiscales al desarrollo de la industria, mediante un presupuesto extraordinario que se destinaría en un alto porcentaje a la instrucción pública, riegos y construcción de carreteras.

    Pieza imprescindible era la implantación de una contribución sobre los beneficios extraordinarios producidos por la Primera Guerra Mundial, en la que España se mostró neutral; que no salió adelante por la oposición de los sectores conservadores. El fracaso de Alba coincidió con las maniobras de Romanones en política exterior que finalmente provocaron su caída.

    La guerra alteró el mercado mundial. Las principales potencias pasaron a ser beligerantes y de exportadoras a importadoras de los países neutrales, como España. Como consecuencia, los precios de las materias primas, productos industriales básicos, mineros e incluso alimenticios subieron de manera vertiginosa. En España se reactivó la economía produciendo un mayor desequilibrio entre empresarios y obreros. Valga como ejemplo: entre 1914 y 1920 (tomando como base 100 para el año 1913), los salarios nominales subieron hasta un índice 179,3; los beneficios empresariales hasta 214 y los precios hasta 227,6. Al tiempo se crearon 3.486 sociedades anónimas (entre ellas el Banco Central, el Urquijo, la Babcock and Wilcox, la Transmediterrá-nea de Navegación…)

    Esta desigualdad entre salarios y beneficios favoreció el crecimiento y la implantación de las organizaciones obreras. La UGT pasará en menos de 3 años de menos de 100.000 afiliados a 240.000; el PSOE, de 15.000 a más de 50.000 y la CNT llegará a tener 650.000 afiliados en 1919.

    Esta situación de precrisis se produce cuando el desnivel entre los beneficios empresariales y los salarios resultaba escandaloso. PSOE y UGT iniciaron la preparación de una huelga general, como paso previo a una revolución democrática que pasaba por la convocatoria de Cortes Constituyentes por un gobierno provisional representativo, que supliese a la Corona.

    La huelga comenzó el 13 de agosto, con seguimiento total en Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Oviedo y cuenca minera asturiana, zonas industriales de Cataluña y País Valenciano, minas de Linares, Peñarroya, Riotinto, Cartagena, León, Palencia y numerosas capitales de provincia. Fue menos seguida en ferrocarriles, pese a que su origen inmediato fue la amenaza de huelga ferroviaria votada por el sindicato ugetista del ramo.

    Según Tuñón de Lara la huelga fue medio provocada por el propio gobierno, sabedor de que el proyecto revolucionario estaba aún inmadura y que el desorden subsiguiente sería utilizada por el gobierno para presentarse como paladín del orden social amenazado.

    En su sometimiento fue utilizado el ejército (pese a las quejas de las Juntas). El saldo fue de casi un centenar de huelguistas muertos y centenares de heridos. Se detuvieron a unas 2.000 personas, entre ellas el comité de huelga (Besteiro, Largo Caballero, Anguiano y Saborit) a quienes un consejo de guerra condenó a cadena perpetua.

    La crisis se reactivó cuando en marzo de 1918 Alfonso XIII encontró serias dificultades para encontrar gobierno. En octubre de 1917, las Juntas militares habían hecho caer a Dato y en plena celebración de la II Asamblea de Parlamentarios, el rey consiguió que la Lliga de Cambó se descolgase y participase en el Gobierno central. Esta colaboración haría perder a la Lliga su hegemonía en el nacionalismo catalán.

    , pronto se vio superado por la primera huelga general de funcionarios de Correos y Telégrafos, mientras el ejército amenazaba con intervenir. Las elecciones del 24 de febrero resultaron más limpias que de costumbre, en las que por primera vez se constituye el grupo parlamentario socialista (6 escaños). En la noche del 20 al 21 de marzo, el rey formó un gobierno de unión nacional presidido por Maura, pero no duró mucho. Llegaban las primeras noticias de la revolución bolchevique que dividieron a todos los partidos socialistas de Europa, impidiendo que en España se presentara una alternativa de poder.

    La situación de desorden y desconcierto era total por la escasa organización de las fuerzas opositoras al régimen. El sistema político de la Restauración hacía aguas por todos lados. A la solicitud de autonomía en el País Vasco y Cataluña, el aumento de las huelgas y crecimiento de las organizaciones obreras, la violencia obrera y patronal y la difícil convivencia entre los partidos políticos tradicionales y el ascenso de los partidos obreros, se sumó el recrudecimiento de la guerra de Marruecos.

    Finalmente, un hecho vino a actuar de acelerador para que la crisis desembocase en la ruptura del sistema constitucional: la derrota militar de Annual, de julio de 1921, que costó 14.000 bajas en el ejército y que en brevísimos días causara el desplome de toda la zona oriental del Protectorado marroquí. Maura, nombrado jefe de gobierno, fue impotente para desbloquear la investigación del general Picasso por lo sucedido. Sánchez Guerra, que lo sustituyó tuvo la energía suficiente para procesar al general Berenguer y destituir a los generales Martínez Anido y Arlegui de sus puestos policiales en Barcelona. Pero no pudo resistir el escándalo de las responsabilidades, que alcanzaban en última instancia al propio rey y cayó durante el debate en las Cortes, en diciembre de 1922.

    liberal, que abarcaba desde los romanonistas hasta los reformistas, pero carente de medios para dominar la situación (se encontraba entre dos posiciones muy agresivas: el ejército, la Iglesia y los conservadores por un lado, y los extremistas de izquierdas, por otro), vio como el 1 de septiembre dimitían tres ministros por disentir de la nueva ofensiva en Marruecos que el gobierno había decidido. El sistema se derrumbaba y ya por entonces estaba en marcha el golpe de Estado de Primo de Rivera que se haría efectivo el 23 de septiembre de 1923.

    Por el Tratado de Valençay (11.XII.1813) Napoleón devuelve a Fernando VII la corona española, pero no tuvo prisa en volver a un país regido por la Constitución liberal de 1812, totalmente opuesta a sus convicciones absolutistas.

    Entrará en España el 22 de marzo de 1814, aclamado por el pueblo, apoyado en el triunfo de las naciones absolutistas sobre la Francia revolucionaria, el golpe de Estado del general Elío y el Manifiesto de los Persas. El 4 de mayo promulga en Valencia un Real Decreto que disuelve las Cortes, declara nula su legislación, abole la Constitución y restaura el absolutismo (Consejos, Inquisición, régimen señorial, devolución de los bienes desamortizados al clero, retorno de los privilegios de la Mesta).

    El día 10 de mayo entra en Madrid, al tiempo que se detiene a los principales representantes del liberalismo, respaldado por el sector conservador del ejército, la Iglesia y buena parte del campesinado.

    Por otro lado, cuando se estaba dirimiendo el futuro de Europa en el Congreso de Viena (1815), Fernando VII se mostró particularmente desinteresado, quedando España marginada de las negociaciones, no obteniendo ningún reconocimiento de su lucha contra Napoleón.

    Con una economía depauperada por la guerra y prácticamente cortado el tráfico comercial con América, Fernando mantuvo los privilegios estamentales y se negó a emprender cualquier reforma económica, suscitando malestar entre los campesinos y las clases urbanas, así como el rechazo de un amplio sector militar que había soportado el esfuerzo de la guerra, por la negativa a integrar en el ejército a los jefes guerrilleros, el retraso en la paga, la paralización de los ascensos y, sobre todo, por el envío de tropas a América.

    Su principal objetivo estaba en perseguir a los enemigos del absolutismo. Más de 12.000 “afrancesados” tuvieron que exiliarse y los liberales hubieron de pasarse a la clandestinidad, formando sociedades secretas liberales, como la masonería. Su única salida fue el pronunciamiento

    Uno de estos pronunciamientos, el promovido por el teniente coronel Riego entre las tropas que iban a embarcar en Cádiz rumbo a América, tuvo éxito. A primeros de marzo de 1820, después de intentar levantar Andalucía con poca fortuna, de forma espontánea se sumaron al pronunciamiento La Coruña, Zaragoza y Barcelona.

    Fernando VII reacciona con el decreto del 3 de marzo, enumerando una serie de reformas poco concretas. Ante la falta de apoyos, el 8 de mayo en nuevo decreto, promete jurar la Constitución y en el manifiesto del día 10 expresa:

    . Se constituye una Junta que convoca Cortes ante las que el rey jura la Constitución de 1812 en julio, aunque desde el principio hizo todo lo que estuvo en su mano por obstaculizar el funcionamiento constitucional.

    El periodo se va a caracterizar por una importante inestabilidad social y política, caracterizada por: la escisión liberal entre moderados (partidarios de un gobierno autoritario, sufragio censitario, libertad limitada de prensa, propiedad privada y orden social, surgidos de la burguesía de negocios y diputados procedentes del exilio) y radicales (cámara única, control parlamentario, sufragio universal, libertad de prensa, encarnados en sectores populares, abogados jóvenes, intelectuales y militares exaltados, la mayoría de las Cortes), el involucionismo del rey, la presión de la calle y la contradicción constitucional al tener un rey absolutista la capacidad de nombrar a los ministros.

    Aún así elaboraron una importante labor legislativa, que intentaban desmantelar el Antiguo Régimen: fortalecimiento del propietario en perjuicio del campesino, obligación del clero a jurar la Constitución, secularización de la enseñanza, planificación de una reforma de la Hacienda, iniciada con la devaluación y recorte de los gastos, se rebajó el diezmo a la mitad y se creó la Contribución Territorial Única y Directa que iba a entrar en vigor en 1823.

    Mientras tanto, alentados por las conspiraciones del rey y animados por la grave crisis económica surgieron movimientos de protesta contra el gobierno liberal. La contrarrevolución realista se concretará en la aparición de partidas de campesinos, antesala del carlismo, en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña y en la creación de una Regencia Suprema de España en Urgel, con la intención de formar un gobierno absolutista alternativo al liberal de Madrid. El fracaso de esta Regencia hizo evidente que la única salida del rey era solicitar la intervención de las potencias absolutistas. Reunidas estas potencias en el Congreso de Verona en 1822 acordaron liberar al rey español. El 7 de abril de 1823 un ejército francés, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luis”, conquistó con facilidad el país. El 1 de octubre del mismo año puso fin al último foco de resistencia en Cádiz y repuso como monarca absoluto a Fernando VII.

    El mismo día en que fue liberado, Fernando VII promulga un decreto, declarando nula la legislación del Trienio. De inmediato, comienza una represión terrible contra los liberales: se procesó a todos sus líderes (1.094 juicios, 435 presos, 132 ejecuciones, entre ellas las del propio Riego), fueron depurados todos los funcionarios y profesores de tendencia liberal, se establecieron Juntas de Fe que censuraron las publicaciones y se creó el Voluntariado Realista que llevó a cabo un ajuste de cuentas que afectó en última instancia a unas 800.000 personas.

    No obstante, hubo algunos cambios. En noviembre de 1823 se crea el Consejo de Ministros, se controlan los gastos y se introduce el presupuesto para racionalizar la Hacienda. La Inquisición siguió abolida, se alejó a los absolutistas radicales y se incorporó a ministros más próximos al liberalismo como Cea Bermúdez o López Ballesteros. Con estas actuaciones el Absolutismo español se divide, produciéndose levantamientos a favor de Don Carlos, el hermano del rey.

    En medio de la total atonía económica lo más destacado fue la labor de López Ballesteros en Hacienda, que frenó el gasto público, consiguiendo un cierto equilibrio presupuestario, aunque no consiguió que los privilegiados contribuyeran.

    El nacimiento de la futura Isabel II en 1830 motiva la publicación de la Pragmática que anula la Ley Salica, que impedía reinar a una mujer. Cuando el rey muere en 1833, las Cortes proclaman heredera a la princesa Isabel. El pretexto dinástico para una guerra civil y dinástica estaba creado.

    Varios factores influyeron: la difusión del pensamiento ilustrado y la propaganda liberal, junto con el éxito de los revolucionarios estadounidenses; el desencanto de los criollos (12% de la población) marginados por el gobierno español al ser excluidos de los cargos de la administración colonial, la ruptura de las comunicaciones con la Península y las repercusiones de la invasión napoleónica en España, que provocó un vacío de autoridad en las colonias, creando los criollos sus propios órganos de gobierno.

    En 1810 se dan los primeros gritos independentistas, como el de Hidalgo en Méjico. La Junta de Buenos Aires niego la legitimidad de la Regencia y lo mismo hace la de Caracas más tarde. Pero la restauración en el trono de Fernando VII frena la expansión del movimiento separatista y, en 1815, la sublevación parece vencida. Sólo en la zona de La Plata el independentismo continúa activo,

    Desde Argentina, dando un golpe por sorpresa, San Martín cruza los Andes y conquista Chile, permitiendo la reactivación del movimiento separatista en el norte, ahora dirigido por Bolívar, quien consigue imponer su proyecto de la Gran Colombia, tras la victoria de Boyacá y el Congreso de Angostura de 1819. En Méjico, los criollos ponen en práctica el Plan de Iguala de 1821 que pone fin a la dictadura militar de Iturbide. La Conferencia de Guayaquil de 1822 entre Bolívar y San Martín decide sus áreas de influencia respectivas, que aceleran la liberación del espacio colombiano-venezolano. Tras las victorias de Carabobo y Pichincha sólo queda Perú sujeto a España. En 1825, tras la victoria de Ayacucho, Sucre lo libera, independizándose así toda la América hispana a excepción de Cuba y Puerto Rico.

    Entre las consecuencias: la fragmentación política de la América hispana una vez fracasado el intento de Bolívar de crear unos Estados Unidos de América del Sur (De los 8 estados iniciales se pasará a 16 veinte años después tras guerras y disputas por cuestiones fronterizas), la pérdida para España de los recursos coloniales, la supresión de la esclavitud en los nuevos países independientes y un legado de desigualdades y dominio criollo, frecuentes conflictos civiles y experiencias dictatoriales, el predominio político de los altos mandos militares y la dependencia económica de británicos y estadounidenses.

    La celebración de las elecciones en situación de guerra, favoreció que se reunieran el 24 de octubre de 1810 unas Cortes con preponderancia de elementos burgueses procedentes de las ciudades comerciales del litoral (solo había 9 nobles y 3 obispos). Pronto se formaron dos grupos enfrentados:

    La mayoría liberal defendió en las Cortes dos objetivos fundamentales: realizar reformas que acabaran con las estructuras del Antiguo Régimen y aprobar una Constitución que cambiara el régimen político del país, rechazando el absolutismo y la monarquía de origen divino, tal y como se recoge en el primer decreto elaborado a instancias del sacerdote liberal Diego Muñoz Torrero.

    Aprobada el 19 de marzo de 1812 y popularmente conocida como “La Pepa” se convirtió en la primera Constitución liberal de la historia. Fue elaborada principalmente por los diputados Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero y Evaristo Pérez de Castro.

    El poder legislativo recae en una Cortes unicamerales; los diputados son elegidos mediante sufragio universal e indirecto en 4º grado, incluyéndose los ciudadanos de las colonias americanas.

    Ante las noticias procedentes de París, Carlos IV y su ministro Floridablanca, toman una serie de medidas para evitar el contagio revolucionario: cierre de las fronteras y estricta censura de prensa.

    Destituido Floridablanca y, más tarde, su sustituto Aranda, por no involucrar a España en una guerra contra la Francia revolucionaria, Carlos IV nombra al favorito de la Corte, Manuel Godoy, como primer ministro en 1792. La ejecución de Luis XIII en enero de 1793 acelera la intervención de España en una coalición internacional contra la Convención francesa. La derrota militar española fue rápida y concluyente, firmándose en 1795 la Paz de Basilea, por la que España cede la parte española de la isla de Santo Domingo y unas ventajas comerciales

    En 1796, Godoy se alia con Francia contra Inglaterra, que amenazaba las posesiones españolas en América (Tratado de San Ildefonso, 19 de agosto). El resultado no pudo ser más desastroso: derrota del cabo de San Vicente, pérdida de la isla de Trinidad y corte del tráfico comercial con América.

    Tras un paréntesis de neutralidad protagonizado por una serie de ministros ilustrados como Saavedra-Jovellanos y Urquijo-Cayetano Soler, se firma con Napoleón el Segundo Tratado de San Ildefonso en 1800. Un año después vuelve Godoy. España invade Portugal, ocupando Olivenza (Guerra de las Naranjas (febrero-marzo 1801), recupera Menorca, pero sufre, junto a la armada francesa, la estrepitosa derrota de trafalgar (1805).

    Para entonces, la figura de Godoy era muy criticada. Tras el fracaso de la Conspiración del Cuarto del Príncipe (El Escorial), los acontecimientos se precipitan. Godoy se da cuenta de las verdaderas intenciones de Napoleón de ocupar España y decide el traslado de la familia real a América, pero el 19 de marzo de 1808 estalla un motín popular, organizado por los cortesanos partidarios de Fernando VII, apoyados por la nobleza, temerosa de perder sus privilegios ante la llegada de Napoleón, y el clero soliviantado por el inicio de las desamortizaciones eclesiásticas. Godoy es depuesto y, más tarde, Carlos IV abdica en su hijo Fernando VII. El nuevo rey hace su entrada en Madrid el 24 de marzo de 1808 cuando las tropas francesas ya están en la Península.

    Con mucha habilidad, Napoleón consigue atraer a Bayona a la familia real el 20 de abril y allí consigue que Fernando VII devuelva el trono a su padre Carlos IV y renuncie al título de Príncipe de Asturias. Posteriormente, Carlos IV abdicará a favor de José Bonaparte, que, hasta entonces, había sido rey de Nápoles.

    de la guerra, cuyo hito principal es la victoria del general Castaños sobre el general Dupont en Bailén el 19 de julio de 1808. A comienzos de agosto, el mariscal Junot solo controla el territorio al norte del Ebro. Ante la falta de autoridades en todas las provincias surgen Juntas Provinciales de Gobierno que asumen la soberanía del reino y constituyen en Madrid la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, presidida por el viejo Floridablanca.

    En noviembre Napoleón cruza los Pirineos con unos 250.000 hombres, ocupa Vitoria, derrota al ejército español en Somosierra y el 4 de diciembre entra en Madrid. Mientras, el ejército inglés de Monroe es obligado a reembarcar en La Coruña. Cuando en enero regresa a Francia comienza la

    de la guerra con la ocupación sistemática del territorio español, a excepción de Cádiz, protegida por la armada británica. En este periodo de clara superioridad francesa tienen lugar dos hechos decisivos: la acción de las guerrillas como la de Espoz y Mina, el cura Merino o el Empecinado, y la llegada del ejército inglés de Wellington, que libera Portugal tras derrotar a Massena y Marmont en Fuentes de Oñoro y Ciudad Rodrigo.

    de la guerra. Wellington inicia una ofensiva general y derrota a Marmont en Los Arapiles. El fracaso francés en Rusia, le impulsa a continuar y derrotar a José Bonaparte en Vitoria. Una nueva victoria en San marcial, cerca de San Sebastián, pone fin a la guerra. Las últimas tropas francesas abandonan Cataluña el 4 de junio de 1814, cuando ya Napoleón, por el Tratado de Valençay (diciembre de 1813), había devuelto a Fernando VII el trono de España.

    De forma paralela, las Juntas Provinciales, que habían asumido la soberanía española, delegan en la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino el gobierno en nombre del rey ausente. Esta actuó con firmeza, firmando un Tratado de alianza con Inglaterra, creando una contribución extraordinaria de guerra y reorganizando el ejército.

    Reunió a todos los Consejos del Reino en un solo, el Consejo y Tribunal Supremo de España e Indias. De él dependía un gobierno a cuyo frente estuvo Martín garay, pero pronto se vio la necesidad de crear un órgano centralizado y así surgió la regencia, presidida por el general Castaños, quien convocó Cortes en Cádiz, ante las que dimitió por no sentirse suficientemente apoyado. De esta manera, el sector conservador daba paso al más liberal-revolucionario de lass Cortes de Cádiz.

    La cultura española del siglo XIX se caracteriza por la influencia de las corrientes culturales europeas, por la difícil convivencia entre tradición y progreso, por el elevado analfabetismo y el escaso interés por la cultura y la ciencia.

    como modelo de pensamiento. Se trataba de un sistema filosófico formulado por los alemanes Christian Krause y Heinrich Ahrens, e introducida en España por el profesor Julián Sanz del Río hacia 1874. Pronto se formará un grupo en el que se encontraban Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío, Canalejas, Fernando de Castro, Rafael Altamira, Salmerón y Azcárate. Su ideología se basaba en la primacía de la razón, la defensa de la libertad de conciencia, el culto a las ciencias experimentales, liberalismo y tolerancia, moral austera, importancia de la disciplina y del cumplimiento del deber individual, optimismo en la naturaleza humana, anticlericalismo y espiritualismo de carácter místico-panteísta que condujo a buscar la presencia de Dios en la naturaleza, la más auténtica manifestación divina.

    Pensaban también que la falta de libertad había impedido el desarrollo de la ciencia en España, culpando a la intolerancia católica y a la Inquisición el haber deformado a los españoles hasta convertir nuestro país en un cuerpo enfermo, sufriendo por esto duros ataques del clero.

    Propugnaban la incorporación de las mujeres a la enseñanza, la europeización del país, la reforma de las costumbres y la confianza en la acción educativa y pedagógica para superar la ignorancia.

    La principal obra del krausismo fue la creación en 1876 de la “Institución Libre de Enseñanza” en Madrid, a la que se añadió en 1907 la “Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas”.

    impulsó la incorporación de los modernos métodos científicos al estudio de los fenómenos sociales, dejando de lado las especulaciones metafísicas del pasado. Fueron aplicados a los estudios sociológicos (Azcárate), antropológicos (Antoniio Machado Álvarez) e historiográficos (Altamira).

    también penetró entonces. En 1877 Darwin fue nombrado profesor numerario de la Institución Libre de Enseñanza, siendo González Linares el encargado de difundir sus teorías, provocando numerosos ataques de la Iglesia.

    Tras el Sexenio Democrático, un periodo en el que había existido una amplia libertad de cátedra, la Restauración significó el establecimiento de una rígida censura contra cualquier manifestación antimonárquica o contra el dogma católico. Esto hizo que algunos catedráticos fundaran la Institución Libre de Enseñanza, con una pedagogía de vanguardia.

    Fuera de este islote, se mantuvo la enseñanza tradicional, basada en métodos anticuados y poco críticos y sometida a la vigilancia estricta de la Iglesia católica. Más de 50,000 religiosos y religiosas se dedicaban a la enseñanza, sobre todo en Primaria, donde apenas intervenía el Estado.

    Esta situación del sistema educativo provocó un gran atraso en el desarrollo científico y la investigación., manteniéndose una mentalidad atrasada y tradicional en las clases dirigentes del país.

    Fue uno de los principales vehículos de expresión y creación de estados de opinión y de difusión de las corrientes culturales europeas. A través de la prensa se dieron a conocer las obras de los principales escritores e intelectuales y, sobre todo, los acontecimientos más destacados de la época.

    Ya tuvo una resonante importancia durante el Trienio Liberal, llegándose a publicar más de medio centenar de periódicos. Sin embargo, es a partir de los años 30 cuando la prensa adquiere una dimensión nacional. En la época isabelina destacan diarios como “La Época”, “La Iberia”, “El Clamor Público” o “La Democracia”, a través de los cuales se difunde el liberalismo.

    Desde los años 60, la madurez y el pluralismo de la prensa española se manifiesta en la aparición de un nuevo tipo de periódicos de información general, como “El Imparcial” o “La Correspondencia de España” y de nuevas publicaciones de prensa especializada y de revistas ilustradas como “La Ilustración Española y Americana” de 1869.

    aparecerá hacia 1834, influido por la obra de Victor Hugo, siendo sus principales representantes Larra, Martínez de la Rosa y José de Espronceda. Tendrá también un componente regional como ocurre con la Renaixença catalana.

    fue más rica y variada. El neoclasicismo dio pasó a los románticos Alenza y Lucas. El realismo tiene en Madrazo, Martí y Ansina a sus principales representantes con escenas de la vida cotidiana. Hacia mediados de siglo se impone el academicismo de tipo histórico, destacando Eduardo Rosales, Gisbert, Pradilla y Mariano Fortuny.

    periodo el realismo se impone en su vertiente naturalista, destacando Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas “Clarín”, Valera, Blasco Ibáñez o Pardo Bazán que nos muestran una España urbana y rural desde un punto de vista crítico.

    El arte de finales del siglo XIX tiene en el arquitecto catalán Antonio Gaudí el máximo exponente de la arquitectura modernista. En pintura destaca Casas, Rusiñol, Nonell, Zuloaga y un joven Picasso. También se puede hablar de un arte de exaltación del regionalismo en autores como Pinazo y Sorolla (Valencia), Romero de Torres (Andalucía) o Zubiarte y Arteta (País Vasco)

    Las causas fueron la persistencia de epidemias como el cólera (episodios de 1853, 1865 y 1885) o la gripe (1890), la tuberculosis o las crisis de subsistencia. Hasta el siglo XIX, las tasas de mortalidad no bajan (14

    También tuvo una notable influencia la emigración, especialmente la transoceánica (entre 1875 y 1915 salieron 1,5 millones de personas hacia Cuba, Argentina, Brasil o Argelia. Salieron principalmente de Galicia, Asturias, Cantabria, Canarias y el Levante, donde las posibilidades de mejora en el empleo y en los salarios eran muy escasas.

    El 70% de la población vive en núcleos de menos de 10.000 habitantes y sólo un 9% en ciudades de más de 100.000. Durante las dos últimas décadas del siglo XIX surge el éxodo rural gracias a la atracción de las zonas industriales de Cataluña y el País Vasco, y al crecimiento de la capital, Madrid. Para ese periodo se habían producido ya las grandes transformaciones urbanísticas de las grandes ciudades: derribo de murallas y ensanches, como el plan Cerdá en Barcelona, el barrio de Salamanca y la Ciudad Lineal en Madrid y el Ensanche de Valencia.

    En cuanto a la distribución regional, se advierte el aumento del peso demográfico de la periferia con relación a las regiones interiores que si en 1787 representaban el 47,5% del total nacional, en 1910 había bajado al 30%.

    Tanto en Europa, como en España, la vieja nobleza y la nueva burguesía se integraron, constituyendo ambas la elite del poder y del dinero durante el siglo XIX. Por este motivo, el paso de la sociedad estamental a la sociedad de clases fue lento y desigual.

    que mantuvo la propiedad pese a la abolición del régimen señorial y la desvinculación de los mayorazgos, siguió viviendo de sus rentas no contribuyendo al desarrollo industrial y financiero. También siguió en los círculos de poder por su presencia en el Senado, en la Iglesia y en el Ejército. A su lado, surgió una nueva nobleza procedente de la alta burguesía y de los altos cargos de la administración y el Ejército.

    estaba integrada por grandes propietarios rurales y urbanos, hombres de negocio, especuladores y comerciantes. Se trata de un burgués enriquecido con la compra de las propiedades desamortizadas. Vive de las rentas de la tierra, de los préstamos al Estado, de la especulación en Bolsa, en los ferrocarriles y, sobre todo, de la especulación inmobiliaria. Sólo a finales de siglo surge en Asturias, Cataluña y País Vasco una burguesía empresarial.

    las forman medianos y pequeños comerciantes, miembros de profesiones liberales, funcionarios y pequeños propietarios urbanos. Su máxima aspiración es ser propietarios, aburguesarse y ennoblecerse. Es un grupo poco articulado y poco numeroso.

    : integradas por artesanos y trabajadores asalariados (tenderos, servicio doméstico, unos 800.000). Movilizados social y políticamente, cuando hay carestía de alimentos, contra los consumos y las quintas. El

    constituía la población más numerosa: pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. La disolución de los señoríos no altero del todo la estructura de la propiedad. Las desamortizaciones no solo no beneficiaron a los campesinos, sino que empeoraron sus condiciones de vida, privándoles del disfrute de los bienes comunales. En amplias zonas de España, la reforma agraria liberal significó para el campesino la pérdida de los derechos sobre una tierra que llevaban siglos cultivando.

    Jornaleros y criados rurales formaban el grupo más numeroso de la sociedad española del siglo XIX, especialmente al sur del Tajo. Esto explica la típica respuesta social, sobre todo del campesinado andaluz durante la segunda mitad del siglo XIX. Se produjeron sublevaciones armadas cuyo objetivo era la ocupación de tierras, impulsados por demócratas y republicanos, partidarios de la reforma social.

    disminuyó drásticamente de número por las desamortizaciones, la supresión del diezmo y de casi todas las órdenes religiosas (se cerraron más de 2000 conventos). Mantuvo parte de su influencia social a través del púlpito y las confesiones. Retuvo el control de la educación y siguió administrando la mayoría de los centros de beneficencia. Fue, en general, hostil a los cambios, rechazando la democracia, el liberalismo, el socialismo, el positivismo, el evolucionismo, el racionalismo e incluso las ciencias experimentales.

    Se inicia por el insuficiente incremento de los salarios (un 30% frente al 70% de los precios), al fin de las limitaciones impuestas al derecho de asociación y a la pésima calidad de vida. Sin embargo, todavía a finales de siglo no existe un sindicalismo fuerte. En 1890 comienza a celebrarse el 1º de mayo (jornada instituida en 1889 por la IIª Internacional para conmemorar los muertos de Chicago por pedir una jornada laboral de 8 horas en 1886).

    En Cataluña y Levante se habían producido, durante la primera mitad del siglo XIX, protestas por la introducción de las máquinas (Barcelona, Alcoy) y las injusticias laborales, y se habían organizado algunas sociedades de socorro mutuo. Sin embargo, hasta el periodo del Sexenio y el aumento de libertades individuales y colectivas no llegarán a España los efectos de la creación en 1864 de la AIT o Iª Internacional, formándose la Sección española de la AIT por el impulso del anarquista italiano Giuseppe Fanelli. De ahí, la influencia del anarquismo en Cataluña y Andalucía desde el primer momento. Paul Lafargue, yerno de Marx, propagó el marxismo, creando en Madrid un pequeño grupo, germen del PSOE.

    se organiza en 1881 a partir de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), que un año después contaba con 65.000 afiliados. En 1883 se vio perjudicada por el asunto de la Mano Negra y la represión posterior. Entre sus líderes destacan Anselmo Lorenzo, Fermín Saavedra e Ignacio Clariá. Es difícil conocer su fuerza social dado su abstencionismo electoral y el sistema de organización en pequeñas células. Hubo dos tendencias, la anarcosindicalista, dentro de la legalidad y la anarco-comunista, de contenido terrorista. Entre sus propuestas estaban el rechazo radical de cualquier poder superior del Estado y sus instituciones, el igualitarismo, el fin del dinero, la renuncia a la participación política, el rechazo a la religión y a la Iglesia y la educación popular.

    se inicia en torno a un grupo de impresores madrileños que crearon en 1879 el PSOE y en 1885 la UGT en Barcelona, siendo su líder, Pablo Iglesias. Entre sus propuestas destacan la completa liberación del proletariado, la destrucción del capitalismo, la defensa de la revolución, la socialización de la propiedad privada, el anticlericalismo, el antimilitarismo y la oposición al terrorismo como medio para alcanzar el poder. En las elecciones de 1901, el PSOE obtuvo 4.500 votos en Madrid y 25.000 en toda España. En 19902, la UGT tenía 30.000 afiliados.

    Desde 1868, las insurrecciones cubanas estuvieron motivadas por la conciencia independentista de los isleños. Cuba y Flipinas estaban sometidas al poder centralista de España, no tenían autonomía administrativa, ni derechos políticos de representación y estaban sometidas económicamente. La Paz de Zanjón de 1878 había dejado unas promesas sin cumplir, porque los españolistas de la isla, que se habían unido en el Partido Constitucional, se opusieron a todo tipo de cambio. Únicamente se plasmó la abolición restringida de la esclavitud el 13 de febrero de 1889. En este contexto se produjo la “guerra chiquita” de 1879-1880, siendo sometidos los rebeldes de Antonio Maceo por las tropas del general polavieja.

    Hubo algunos intentos posteriores de conceder reformas a la isla, como el de Antonio Maura, ministro de Ultramar en 1893, pero no fueron aprobados por la intransigencia de los españolistas, los industriales catalanes y los propietarios agrícolas castellanos, que veían perjudicados sus interese económicos.

    • El desarrollo industrial y demográfico de los Estados Unidos trajo consigo un expansionismo colonial a partir de 1872 (Hawai). Cuba se presentaba como un gran mercado importador y exportador. El control de la isla suponía tener en su poder al principal productor de azúcar y tabaco de América. Estados Unidos propuso una salida económica mediante la compra de la isla, pero los gobiernos de la Restauración no aceptaron.

    • La falta de apoyos internacionales de España, debido a la política de neutralidad impulsada por los gobiernos de la Restauración. Esto favoreció la intervención estadounidense en un contexto de crisis coloniales en los que las potencias midieron sus fuerzas (Fashoda, bóxer, Boers, mapa rossa, guerra Japón-Rusia)

    Los líderes cubanos fueron el poeta José Martí que en 1892 había fundado en partido Revolucionario Cubano, Máximo Gómez y Antonio Maceo. La sublevación filipina la dirigió José Rizal desde 1896.

    Los cubanos se levantaron al grito de Baire de 24 de febrero de 1895 emitido por José Martí: “Viva Cuba libre”. Pronto dominaron la parte oriental de la isla, utilizando la guerra de guerrillas. Se encargo de acabar con la rebelión el general Martínez Campos, que intentó repetir la política de apaciguamiento que tanto éxito le había dado durante la primera guerra de 1868-1878. Su fracaso supuso la extensión de la rebelión a toda la isla.

    . Cánovas envió al general Weyler en sustitución de Martínez Campos, que emprendió una dura acción represiva, concentrando a la población civil, que ayudaba a los rebeldes y aislando a las guerrillas. La eficacia de su labor hizo que Cánovas proyectase aplicar una serie de reformas administrativas que pretendían atraerse a los sublevados y calmar las tensiones con Estados Unidos.

    Muerto Cánovas, le sucedió Sagasta que emprendió una política apaciguadora con el relevo del general Weyler por el general Blanco más dialogador, a la vez que concedía la autonomía completa de la isla: igualdad de derechos, sufragio universal y gobierno propio. Pero ya era tarde, la ayuda estadounidense a los rebeldes motivada por la presión de las compañías azucareras y la manipulación de la opinión pública por la prensa amarilla, impidió la marcha atrás. Por otro lado, en Filipinas, la firma del Pacto de Biacnabató a finales de 1897, encauzaba el problema de la insurrección filipina.

    En 1896 había sido elegido McKinley presidente de los Estados Unidos, partidario de la intervención en Cuba, apoyado por la opinión pública, los ideólogos del imperialismo y los intereses de las compañías azucareras.

    El pretexto para la intervención fue el hundimiento del Maine en la bahía de la Habana el 15 de febrero de 1898, causando 254 muertos. Pese a las protestas españolas, Estados Unidos atribuyó a España la responsabilidad del suceso. Washington propuso la compra de la isla por 300 millones de dólares, pero ante la negativa dio un ultimátum a España el 18 de abril y el 21 comenzaba la guerra.

    En Filipinas, tras tres años de guerra contra los rebeldes, la situación parecía dominada gracias a la labor del general Polavieja y de su sustituto Fernando Primo de Rivera. En la primavera de 1898, la flota de Estados Unidos, anclada en Hong Kong, se dirige a Filipinas. El 1 de mayo la flota española es destruida en Cavite y el 14 de agosto cae Manila sin oponer resistencia, cuando ya se había firmado el armisticio.

    En Cuba, el 3 de julio la flota del almirante Cervera es destruida por la escuadra del almirante Sampson y el 17 se rendía Santiago de Cuba. A finales de julio las tropas estadounidenses desembarcaban en Puerto Rico.

    Por el Tratado de París de 10 de diciembre de 1898 España renuncia a Cuba y cede a Estados Unidos las islas Filipinas y Puerto Rico y la isla de Guam en el archipiélago de Las Marianas a cambio de 20 millones de dólares.

    En el ámbito económico, tampoco existieron graves consecuencias salvo la caída del textil catalán y la pérdida de mercados. La Bolsa se estabilizó al conocerse la derrota de la flota española en Cuba y en los 3 o 4 años siguientes, la economía española experimentó un crecimiento notable. Se crearon 22 bancos, importantes empresas industriales y se produjeron fusiones bancarias. Se crean ahora empresas como Altos Hornos de Vizcaya, Papelera española, general Electric, Azucarera Española o cros de Química. Los ahorros en los bancos pasaron de 230 millones de pesetas en 1897 a 400 millones en 1905, debido principalmente a la repatriación de capitales cubanos.

    Peores sin duda fueron la pérdidas humanas: unos 120.000 muertos (la mitad, soldados españoles) y los efectos psicológicos y morales causados por el regreso de los soldados heridos, en lamentables condiciones. Para buena parte de la población la guerra de Cuba había supuesto un sacrificio inútil, adquiriéndose la conciencia de la debilidad española en el concierto internacional.

    Paralelamente hubo una gran preocupación nacional por el sentimiento de desastre que desembocó en una corriente de pesimismo político e intelectual que originó un debate sobre España, tanto por los hombres de la generación del 98 o los regeneracionistas como Costa, Lucas Mallada o Macia Picavea.

    Los movimientos huelguísticos, al carecer de fuerza social fueron desoídos por la Regente y por el gobierno conservador de Silvela. Pero fue la primera gran advertencia al régimen de la Restauración.

    Los políticos, en especial los conservadores, fueron sensibles al desastre. El manifiesto del general Polavieja expone con gran claridad los objetivos de este regeneracionismo desde el poder. En 1989, Silvela formó un gobierno de coalición con Polavieja y los catalanes (Duran y Bas) con la intención de minimizar la corrupción, hacer más eficaz la administración, más limpias las elecciones y un proyecto económico basado en la reforma de la Hacienda del ministro Villaverde para reducir el déficit y afrontar los gastos de la guerra colonial. Consiguió una larga épocade superávit (hasta 1908) y estabilidad monetaria. Al tiempo, el ministro Dato sacaba adelante una ley que regulaba el trabajo de mujeres y niños (1900) y otra sobre accidentes de trabajo.

    El gobierno liberal de Sagasta que siguió al de Silvela ahondó en estas reformas al legislar el derecho de huelga en 1902 y en hacer más laica al sociedad española, reformando el Concordato con el Vaticano, haciendo que la religión no fuera obligatoria en el bachillerato.

    Sin embargo, la mayoría de estos proyectos se estrellaron en las Cortes cuando eran discutidos. Había muchos intereses enfrentados de la oligarquía, muchas facciones dentro de los partidos que impidieron regenerar el sistema político ideado por Cánovas.

    Tras el golpe de Pavía y la disolución de las Cortes republicanas, en enero de 1874 se estableció un régimen militar bajo la presidencia del general Serrano, sin un programa concreto. Durante el Sexenio Democrático se habían ido reorganizando las clases conservadoras en torno a la figura de Alfonso, el hijo de la destronada Isabel II. El líder de este grupo, Antonio Cánovas del Castillo, logró un consenso entre conservadores y progresistas para restaurar la monarquía borbónica de forma pacífica. Primero convenció a Isabel II para que abdicara a favor de su hijo Alfonso (1870) y luego se preocupó por la formación del que habría de ser el futuro rey, inscribiéndole en diversas escuelas militares británicas.

    (redactado por Cánovas) en el que prometía una monarquía abierta, constitucional y democrática. Sin embargo, el 29 de diciembre de ese mismo año, los generales Martínez Campo y Jovellar se pronuncian en Sagunto (Detrás del pronunciamiento estuvieron los intereses cubanos, tanto los militares como los económicos que se habían visto perjudicados durante el sexenio por la concesión de autonomía a la isla y por la difusión de las ideas antiesclavistas

    (1875-1931) caracterizado por la vuelta del liberalismo doctrinario con la burguesía conservadora y latifundista en el poder, la estabilidad y el orden político al desaparecer los graves problemas existentes (se pone fin a la guerra carlista en 1876 por la paz de Somorrostro, y a la guerra cubana en 1878 por la Paz de Zanjón) y todo ello bajo el amparo de una Constitución como la de 1876 y un sistema político, como el canovista, que sancionaba el principio del turno pacífico de partidos en el gobierno.

    Para ello era necesario, según Cánovas, que la monarquía recuperase el prestigio perdido, haciéndola desempeñar un mayor protagonismo en la vida pública; la vuelta del ejército a los cuarteles (fue importante la educación militar de Alfonso XII para terminar con la intromisión de los militares en la vida política), el consenso político de los partidos progresista y moderado tradicionales (bipartidismo) y la aceptación por estos del turnismo pacífico, inspirado en el modelo británico.

    Confirmado por Alfonso XII como jefe de gobierno, Cánovas se dispuso a elaborar una nueva Constitución que terminara con el radicalismo del Sexenio. Fue preparada por una Asamblea de Notables, encabezada por Alonso Martínez, y discutida por una comisión de 19 miembros, controlada por el partido conservador de Cánovas. Elegida por sufragio universal unas nuevas Cortes Constituyentes en enero de 1876, con mayoría conservadora (330 diputados sobre un total de 391). El texto fue aprobad sin grandes modificaciones. Se basaba en el principio canovista de que la Corona y las Cortes eran anteriores a la Constitución, siendo el rey la pieza clave del sistema. Sus características fueron las siguientes:

    , de elección popular (1 diputado por cada 50.000 habitantes). El modelo electoral que se aprobó posteriormente fue el censitario (ley de 1878(, hasta 1890 los liberales de Sagasta no introdujeron el sufragio universal.

    • La Corona se reserva la sanción y la promulgación de las leyes, así como el mando supremo de las fuerzas armadas. Puede vetar las leyes por una legislatura y disolver las Cámaras, pero debe convocar elecciones antes de 3 meses. Nombra al ejecutivo, que debe responder ante las Cortes, pero como el rey no es responsable, en la práctica el gobierno no surgirá de la mayoría parlamentaria sino de la voluntad real, quien convocará elecciones para conseguir una mayoría de su gusto.

    • Se incluye una amplia declaración de derechos individuales, pero se pospone su desarrollo a Leyes Orgánicas posteriores, que tendieron a su restricción, pero también daban la posibilidad de incluir otros lo que hizo que, en el plano legal, a finales de siglo eran similares a los del resto de Europa.

    , después de la batalla de Montejurra por Primo de Rivera y la ocupación de Estella, la capital del carlismo. La Paz de Somorrostro, firmada en marzo de 1876, supondrá la abolición de lo que quedaba de los fueros vascos: la exención de armas y la contribución a los gastos del Estado, mediante un “concierto económico”. En cuanto a la

    (1868-1878) se acabó cuando pudieron enviarse a la isla 70.000 soldados al mando del general Martínez Campos, cuya actitud conciliadora se plasmó en la firma de la Paz de Zanjón por la que se otorgaba a la isla las mismas condiciones políticas, orgánicas y administrativas que ya tenía Puerto Rico, tales como autonomía para sus ayuntamientos, derechos políticos y representación en Cortes, así como la abolición de la esclavitud y la revisión de los derechos arancelarios. Pero tales condiciones tardaron en aplicarse, por lo que el problema cubano siguió en estado latente.

    También promulgaron leyes de carácter represivo y de control de las libertades (imprenta, reunión, asociación), limitación de los derechos (sufragio censitario, Ley Electoral, no libertad de cátedra) y legislación centralizadora (abolición de fueros vascos, ley municipal).

    Forman parte del sistema político creado por Cánovas: bipartidismo y turno de partidos sometidos a la voluntad del rey. Para ello necesitaba controlar el proceso electoral que mantuviera de forma constante a la oligarquía financiera, industrial o agrícola en el poder en todos los ámbitos (local, provincial o estatal) y pudieran imponer sus intereses.

    eran jefes locales de un partido que manipulaba el aparato administrativo del Estado en provecho propio y de su clientela, de forma que dominaba un área electoral determinada. La relación entre el cacique y sus partidarios era de carácter clientelar, mediante un intercambio de bienes y servicios, en el que se incluían favores personales. Las clientelas eran indiferentes a la ideología política. Aseguraban el voto al cacique a cambio de favores o recomendaciones: librar a un hijo del servicio militar, evitar pagos de contribución o conseguir un empleo en un organismo público.

    mediante el sistema caciquil se realizaba en un ambiente de desmovilización general del electorado, mayoritariamente rural y analfabeto que desconfiaba de la democracia y confiaba más en los líderes locales de los que esperaba obtener el favor como compensación a su voto. De esta manera el mecanismo electoral no configuraba las Cortes, sino que era el gobierno quien configuraba al electorado. El rey designaba al Presidente del Gobierno, que proponía a los ministros que, a su vez, recibían el decreto de disolución de las Cortes. Desde el gobierno se manipulaban las elecciones formándose las mayorías necesarias mediante métodos como el del

    , que dependía de Gobernación. El ministro de turno colocaba a los diputados cuneros o personas no naturales de la circunscripción electoral en la que era elegido. Un 25% eran candidatos naturales, al presentarse por su provincia de origen y elegidos a través de la organización local del partido.

    Económicas: caída del textil catalán por la falta de algodón (Guerra de Secesión en Estados Unidos), hundimiento del ferrocarril por la poca rentabilidad de las líneas, caída de la Bolsa y crisis de subsistencia en los años 1866 y 1867.

    El pronunciamiento militar de la marina anclada en Cádiz, el 17 de septiembre, irá acompañado por la constitución de Juntas revolucionarias, encargadas de promover la movilización popular, cuyo brazo armado, los Voluntarios de la libertad fueron muy activos en las capitales de provincia.

    El día 29 las fuerzas gubernamentales son derrotadas en el puente de Alcolea (Córdoba). La reina que estaba de veraneo en San Sebastián, emprende la huida a Francia. El 3 de octubre entra Serrano en Madrid y la Junta Provincial le otorga los poderes para que forme gobierno provisional. Pronto la dualidad de poder entre las Juntas revolucionarias y los militares sublevados (Prim, Serrano, Topete, Ros de Olano) se decanta a favor de estos últimos. El nuevo gobierno provisional decretó la disolución de las Juntas y el desarme de los Voluntarios, aunque en Málaga y Sevilla tuvo que intervenir el ejército para acabar con su actividad. A continuación se designaron nuevos ayuntamientos y diputaciones para asegurar el orden. Y se emprendieron una serie de medidas encaminadas a legitimar su poder y estabilizar el país: reconocimiento del sufragio universal, la libertad de imprenta, reunión y asociación, además de la supresión del impuesto de consumos, sustituido por una tributación personal, pero no eliminó las quintas debido al levantamiento cubano en octubre de 1868 (Manuel de Céspedes: “Grito de Yara”).

    A comienzos de noviembre, la normalidad institucional es completa y el gobierno convoca elecciones a Cortes Constituyentes para enero mediante sufragio universal, desarrolladas en medio de la polémica sobre la forma del Estado, entre monárquicos y republicanos. Con una limpieza inusual (votaron 4 millones de electores) las elecciones dieron el triunfo al bloque monárquico, que obtuvo 236 escaños, por 85 los republicanos y 20 los carlistas, el resto sin definir.

    • División radical de poderes. El legislativo asume en exclusiva la capacidad de promulgar leyes. No obstante el monarca mantiene entre sus atribuciones el nombramiento de los ministros y la potestad de disolver las Cortes.

    • La cuestión más polémica fue el reconocimiento de la libertad de cultos, aunque no llegó a decretar la separación total entre Iglesia y Estado, que seguía obligado a sostener al culto y el clero católicos.

    Serrano será elegido como Regente y Prim, jefe de gobierno. De 1868 a 1870 serán promulgadas leyes cuyo objetivo es afianzar el nuevo régimen político: Ley de Orden Público, Ley Electoral, Código Penal, Ley Orgánica del Poder Judicial, Ley de Enjuiciamiento criminal, Ley provincial y municipal, Ley sobre matrimonio civil.

    En un ambiente de crisis económica y de inestabilidad social, agravada por la guerra de Cuba y la actividad republicana y anarquista, Prim emprende la tarea de buscar rey. Descartados el duque de Montpensier, la casa de Portugal, los Hohenzollern alemanes (motivó la guerra franco-prusiana) y las casas reales escandinavas, la elección recayó en el príncipe Amadeo de Saboya, con 191 votos a favor y 101 en contra Y 19 papeletas en blanco.

    No fue fácil para el nuevo rey el desempeño de su cargo, sobre todo tras el asesinato de su principal valedor, el general Prim. A pesar de su buena voluntad y el respeto hacia las formas democráticas, a su inexperiencia se unía el desconocimiento de España y los escasos apoyos con los que contaba. Pronto tuvo que hacer frente a dos graves problemas: la agudización de la guerra de Cuba y el estallido de la Tercera Guerra Carlista (pese a la derrota carlista de Oroquieta y la firma del Convenio de Amorebieta, la guerra continuó activa en Cataluña, Navarra y País Vasco).

    La inestabilidad política, provocada por la muerte de Prim, se refleja en la formación durante el periodo de 6 gobiernos y la convocatoria de 2 elecciones generales. La ruptura de la coalición que hizo la revolución en constitucionalistas (Sagasta) y radicales (Ruiz Zorrilla)

    A comienzos de 1873 la situación política y social es insostenible. A las desafecciones parlamentarias de republicanos, monárquicos alfonsinos y carlistas se unió el problema cubano, la guerra carlista y las alteraciones sociales. Amadeo I sin apoyos y con la hostilidad del clero y de la aristocracia, solo esperaba el momento adecuado para abdicar. El pretexto en si fue intrascendente: la negativa de los sargentos de artillería a obedecer al jefe nombrado por el ministerio de defensa, dio lugar a una conspiración en la que se aliaron militares y conservadores. El rey propuso la formación de un gobierno de conciliación entre Ruiz Zorrilla y Serrano, pero, ante la negativa del primero, decidió abdicar.

    El nuevo régimen político carecía de una amplia base social, aunque recibió el apoyo de la pequeña burguesía y los trabajadores en función de la satisfacción de sus demandas, tenía en contra a las clases con poder: alta burguesía, clero, mandos militares. Si a esto unimos la división dentro del republicanismo entre federales y unitarios, se explica su corta duración y la fuerte inestabilidad económica, social y política que se produjo. En el exterior, solo Suiza y Estados Unidos reconocieron al nuevo régimen.

    En estos diez meses se sucedieron 4 Presidentes: Estanislao Figueras, Pi y Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Su tarea era realmente complicada pues debían de consolidar la República (elaboración de una

    Pi y Margall, que había sucedido a Figueras, tras la dimisión de éste en plena elaboración del proyecto constitucional, no supo hacer frente a la insurrección cantonalista y es sustituido por Nicolás Salmerón que da un giro hacia posiciones más conservadoras al dar plenos poderes al ejército para mantener el orden. Dimitirá cuando se niega a firmas dos penas de muerte el 5 de septiembre. Le seguirá Emilio Castelar, con quien se refuerza la autoridad, obteniendo plenos poderes de las Cortes. Recaudará una contribución forzosa y obtendrá créditos del extranjero. A finales de diciembre el avance carlista se había frenado y el cantón de Cartagena estaba a punto de caer.

    El 2 de enero de 1874 el gobierno fue derrotado en una moción de confianza. Cuando se estaba votando un nuevo gobierno, Pavía, el capitán general de Madrid da un golpe de Estado y termina con la experiencia democrática de la República, aunque formalmente el régimen se prolongó hasta diciembre (interinidad de Serrano) cuando se produce la Restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII.

    A finales de 1843 se declara la mayoría de edad de Isabel II (con 13 años), quien desde el principio demostró una inclinación hacia los moderados, optando los progresistas por el retraimiento (no participando en las consultas electorales) o el pronunciamiento apoyado por insurrecciones populares.

    • La supresión de la Milicia Nacional y la Ley de Ayuntamientos, por la cual los alcaldes son nombrados por la Administración. El objetivo era acabar con los principales soportes de los progresistas (1845)

    • La creación en 1844 de la Guardia Civil, un cuerpo armado de estructura militar, encargado del mantenimiento del orden en las zonas rurales y la defensa de la propiedad contra los movimientos de campesinos y jornaleros.

    • El nuevo sistema fiscal de 1845, elaborado por el ministro Alejandro Mon, más eficaz y moderno que puso fin al sistema impositivo del Antiguo Régimen. Establece dos tipos de impuestos, los directos (actividades industriales u comerciales, contribución territorial, el 25% de los ingresos) y los indirectos (tarifas aduaneras, transmisión de bienes y consumos).

    A finales de la década de los cuarenta, coincidiendo con las revoluciones europeas de 1848, se producen diversas alteraciones sociales, que Narváez reprimió con dureza. Dos años antes, en 1846, los carlistas vuelven a levantar partidas al mando del general Cabrera. El movimiento, limitado a la zona pirenaica, terminó por desaparecer en 1849.

    En 1851 dimite Narváez debido a la crisis financiera y a su enfrentamiento con la camarilla real. Le sustituyen Bravo Murillo y Sartorius, con los que se produce la quiebra del poder de los moderados, afectados por su gobierno autoritario por decreto, sin control de las Cortes y por los escándalos de corrupción, relacionados con la concesión de licencias para a construcción del ferrocarril.

    A principios de 1854 la situación es insostenible para los moderados, la crisis económica y social, la debilidad de los moderados y los deseos de cambiar el gobierno, motivan el pronunciamiento del general Leopoldo O’Donell, causando un enfrentamiento incierto con las tropas gubernamentales en Vicálvaro (la Vicalvarada). La necesidad de contar con más apoyos obligó a O’Donell a hacer público el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas. En él se recogían reformas en profundidad como la reinstauración de la Milicia Nacional, la ampliación del derecho de voto, ley de imprenta, convocatoria de Cortes y mayor descentralización. Al movimiento se unen progresistas y demócratas que habían formado Juntas de Salvación en las ciudades. Ante la incierta situación, Isabel II llama a Espartero a formar un gobierno con progresistas y moderados. Así, lo que den un principio era una petición de cambio de gobierno, se convirtió en una revolución política

    Con O’Donell en guerra, el nuevo gobierno de Espartero se fijó dos objetivos fundamentales: la redacción de una nueva Constitución y la puesta en marcha de un conjunto de medidas económicas que modernizaran el país.

    recogía los principios del ideario progresista: soberanía nacional, limitación del poder del monarca, reforzamiento de las Cortes, ampliación de derechos y libertades y tolerancia religiosa. Diputados y senadores serán elegidos por una masa electoral más amplia.

    Entre las medidas económicas, destaca la Ley de desamortización de Pascual Madoz, que pone en venta los bienes de propios y comunes municipales más otra serie de medidas que perseguían la expansión del capitalismo en España: Leyes de ferrocarriles de 1855, de crédito y banca y de sociedades anónimas.

    Pero la inestabilidad continúa agravada por un nuevo levantamiento carlista (1855-1856), la crisis agraria de 1855 con la consiguiente subida de los precios, y las medidas librecambistas de Espartero que provocaron el descenso de la producción textil y las primeras huelgas generales del movimiento obrero. O’Donell sustituye a Espartero a mediados de 1856, restableciendo el orden con una dura represión del movimiento obrero y la disolución de la Milicia Nacional. También frenó las reformas progresistas y restableció la Constitución de 1845, acabando con la revolución que él mismo había contribuido a iniciar.

    Desavenencias entre O’Donell e Isabel II devolvieron el gobierno a los moderados con Narváez al frente. Lo más destacado fue la promulgación de la Ley Moyano (1857) de Instrucción Pública que hacía obligatoria la enseñanza entre los 6 y los 9 años. Mientras, en torno a O’Donell se constituía un grupo político que reunía a los políticos situados más a la izquierda de los moderados y más a la derecha de los progresistas. Entre moderados y unionistas se produjo una alternancia en el poder durante los últimos años del reinado de Isabel II.

    La dura represión llevada a cabo por Narváez para atajar las alteraciones sociales causadas por la crisis agraria de 1857 devolvió el poder a O’Donell. Son años de estabilidad social gracias a la prosperidad económica que vive Europa, lo que motiva una importante construcción ferroviaria y el impulso de la industria gracias a la entrada de capital extranjero. Pero lo más destacable fue su actuación exterior en la idea de recuperar el prestigio internacional y apoyado en la alianza con la Francia de Luis Napoleón III: intervenciones en Cochinchina (1858), Marruecos (1859-1869), donde se consiguió la cesión de Ifni y el afianzamiento de Ceuta y Melillla, Santo Domingo (anexionado a petición de los dominicanos entre 1861 y 1854), Méjico (1862) y Perú (1863). Un nuevo enfrentamiento entre O’Donell y la reina hará caer el gobierno de la Unión Liberal.

    El regreso de Narváez supone no solo la quiebra del moderantismo implantado en 1845, también el descrédito de la corona. Fue incapaz de de integrar en el sistema político a las diferentes tendencias políticas y sociales. Se producen dos hechos significativos: La

    de 1865, motivada por la destitución de dos catedráticos de la universidad por haber criticado a la reina y la subsiguiente revuelta estudiantil que provocó 12 muertos y 200 detenidos. Se produce así el distanciamiento entre los intelectuales y el moderantismo. En junio de 1866 se produce la sublevación del

    Coincide en el tiempo con la Primera Guerra Carlista. Fallecido su marido y siendo menor de edad (tres años) su hija Isabel (la futura Isabel II), María Cristina de Nápoles asume la Regencia, apoyada en los liberales, pese a que sus ideas eran absolutistas.

    , jefe de gobierno a la muerte de Fernando VII, continuó una política basada en el reformismo ilustrado. Su principal medida fue la división provincial (49 provincias), obra del ministro Javier de Burgos a finales de 1833, pretendiendo centralizar y unificar un territorio antes estructurado en jurisdicciones señoriales, eclesiásticas y reales. Pero la medida fue insuficiente para los liberales y María Cristina se vio obligada a nombrar como jefe de gobierno a

    Establecimiento de unas Cortes bicamerales, formadas por una Cámara de los Próceres, integrada por los Grandes de España, arzobispos y otros designados por la Regente con carácter vitalicio, y la Cámara de Procuradores, elegida por sufragio censitario restringido: sólo podían elegir varones mayores de 30 años con una renta superior a 12.000 reales anuales, unas 16.000 personas.

    Las funciones de las Cortes eran muy limitadas, consistentes principalmente en asesorar a la Corona. Cualquier ley, además de la aprobación de las Cámaras necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto). El monarca retenía la capacidad de convocar y suspender las Cortes a su antojo.

    Las reformas de Martínez de la Rosa provocaron el descontento, tanto de los sectores reaccionarios, como los de las que las consideraban insuficientes. Este hecho, junto a la guerra contra los carlistas y la epidemia de cólera explican la división de los liberales en moderados y radicales o progresistas y los disturbios populares que se produjeron en el país: quema de conventos, asesinatos de frailes acusados de inmovilismo absolutista e incendio de fábricas como la de Bonaplata en Barcelona (una de las primeras manifestaciones del movimiento obrero).

    En el verano de 1835 surgen Juntas en las principales ciudades del país, exigiendo la convocatoria de Cortes constituyentes, libertad de prensa, aumento de la milicia urbana, desamortización eclesiástica y exclaustración del clero regular. Ante esta situación, la Regente nombra como jefe de gobierno a

    de los bienes del clero para sufragar los gastos de la guerra (rebajó en un 40% la deuda pública). Además, reorganizó el ejército, creó las diputaciones provinciales, suprimió la Inquisición y los gremios, las pruebas de nobleza y la Mesta y una ley electoral que ampliaba el derecho al voto.

    Pero las revueltas no terminaron. En 1836 un grupo de suboficiales se sublevó en La Granja, forzando a la Regente a suspender el Estatuto Real y restablecer la Constitución de 1812. La Regente nombra entonces como jefe de gobierno a José María Calatrava, quien nombró a Mendizábal como ministro de Hacienda para continuar su labor de acabar con los restos del Antiguo Régimen. Convocará elecciones a Cortes Constituyentes, que serán elegidas a finales de 1836. Durante el debate del nuevo texto constituyente se enfrentarán las dos tendencias del liberalismo, la

    • Cortes bicamerales: los diputados del Congreso son elegidos por voto directo y sufragio censitario, aumentando el número de votantes hasta los 260.000. Los miembros del Senado son designados por el rey entre los elegidos por los electores.

    Las nuevas Cortes promulgaron una serie de leyes entre las que se encuentran: la disolución del régimen señorial y los mayorazgos, la abolición del diezmo eclesiástico, la continuación de la desamortización, alcaldes y concejales serán elegidos por los vecinos y los ayuntamientos controlarán la Milicia nacional.

    Tras la victoria de los moderados en las elecciones de 1838 se suceden varios gobiernos de corta duración. En 1840, el gobierno moderado trata de frenar las reformas proponiendo la devolución de los bienes al clero, la restauración del diezmo, la limitación de la Milicia Nacional y una nueva Ley de Ayuntamientos. Esta última ley que preveía la designación de alcaldes por la Administración será el motivo para que se constituyan Juntas revolucionarias progresistas en ciudades y pueblos. El general Espartero asume las demandas de las Juntas y obliga a María Cristina a abandonar la regencia y ser nombrado Regente, tras un breve periodo de interinidad.

    se inicia una práctica común en España hasta 1875: el control del poder político por parte de los militares. Su forma de gobierno autoritaria sirvió para reprimir con dureza los pronunciamientos moderados de Urbizondo, Diego de León y Montes de Oca y provocar el descontento de los progresistas al resultar marginados.

    En 1842, tras la firma del tratado de libre comercio con Gran Bretaña, se produce la revuelta de Barcelona, en la que confluyen los perjuicios que el acuerdo ocasionaba a la industria textil, a la burguesía manufacturera y a los obreros. La represión fue desmedida, incluyendo el bombardeo de la ciudad condal. Su actuación le hicieron perder notables apoyos, formándose una alianza en su contra en la que se integraron moderados y progresistas que en el verano de 1843 realizarán un pronunciamiento militar que forzará la salida de Espartero de la regencia y pondrá al frente del país al general Narváez.

    Al no tener hijos, el heredero de Fernando VII era su hermano, el infante don Carlos. Viudo de su tercera esposa, contrae nuevo matrimonio con María Cristina de Nápoles. En marzo de 1830, estando la reina embarazada, Fernando VII hizo pública una Pragmática Sanción por la que abolía la Ley Sálica y se volvía al régimen de las Partidas, que permitía reinar a las mujeres. En octubre nace la futura Isabel II. Las protestas de los realistas, favorables al infante don Carlos, hicieron que Fernando VII, enfermo y presionado firmara un decreto derogando la Pragmática Sanción. Pero su recuperación y el apoyo de reformistas y liberales moderados, propiciaron la anulación del Decreto y el cambio de Ministerio. El nuevo, presidido por Cea Bermúdez destituyó a todos los elementos proclives a don Carlos y se acercó a los liberales, concediendo una amnistía. En septiembre de 1833 moría Fernando VII, mientras don Carlos, autoexiliado en Portugal, se negaba a reconocer a Isabel como reina, iniciándose así el conflicto carlista.

    El levantamiento de las partidas carlistas dio comienzo a una guerra civil que enfrentó a carlistas e isabelinos o cristinos (liberales), cada uno de ellos representando a dos sectores de la sociedad española con intereses ideológicos, políticos y económicos opuestos.

    agrupaban a las altas jerarquías del ejército, la Iglesia y el Estado, la burguesía de negocios y las clases medias urbanas que componías el núcleo del sector liberal, tanto moderado como radical.

    integraron a todos aquellos que sentían amenazados sus intereses tradicionales, como la nobleza rural, parte del bajo clero, oficiales reaccionarios, pequeños propietarios de Navarra y buena parte del campesinado influido por los sermones de sus párrocos, para los que el liberalismo suponía un aumento de impuestos y la pérdida de sus derechos tradicionales. Tenía fuerte presencia en el País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo castellonense. Su programa ideológico podía sintetizarse en el lema “Dios, patria, fueros y rey”, siendo sus principios ideológicos: la defensa del Antiguo Régimen, el integrismo religioso opuesto a las desamortizaciones, el mantenimiento de los fueros vaso y navarro, la oposición a cualquier reforma y al capitalismo industrial.

    La larga duración del conflicto fue en parte consecuencia de la debilidad del Estado, la crisis económica de los años treinta del siglo XIX y las dificultades del ejército liberal para sofocar los primeros levantamientos.

    a) 1833-1835. Dividido el ejército carlista en dos grupos: el del norte al mando de Zumalacárregui y el de levante comandado por Cabrera; su objetivo fundamental era conquistar una gran ciudad para convertirla en su capital, pero fracasaron y fue la población de Estella la elegida. Durante este periodo apenas hubo combates en la mitad sur peninsular. La muerte de Zumalacárregui en el sitio de Bilbao pone fin a esta etapa, al quedarse el ejército carlista sin el general que unifico todos sus esfuerzos.

    b) 1836-1837. Tras su éxito en la liberación de Bilbao, el general espartero se pone al mando del ejército liberal. Para aliviar la presión en el norte y atraerse a otras regiones a su causa, los carlistas emprendieron campañas por toda la Península. El general Guergué llegó hasta Cádiz, Zaritiegui ocupó Segovia y el propio don Carlos se presentó ante Madrid, pero sus intentos fracasaron porque apenas consiguieron apoyos en el centro y sur peninsular.

    , favorable a un pacto con los isabelinos. Fue el general Maroto quien inició las negociaciones sin contar con don Carlos, llegando incluso a detener y fusilar como traidores a varios generales ultras como Guergue, Uriz y Carmona. En 1839 se produce el

    , entre los generales Maroto y Espartero, que pone fin a la guerra, aunque algunos cientos de combatientes carlistas continuaron una guerra de guerrillas en Aragón y Cataluña, hasta 1840. Don Carlos, por fin, abandona España y se exilia en Francia.

    Los países gobernados por monarcas absolutistas como Rusia, Austria, Prusia y Nápoles no reconocieron los derechos de Isabel, pero solo apoyaron moral e ideológicamente al bando carlista. Por su parte, el Vaticano, se mantuvo neutral.

    Los gobiernos liberales de Francia, gran Bretaña y Portugal ayudaron a los isabelinos, diplomática, financiera y moralmente. Además, facilitaron armamento y enviaron cuerpos armados, como la Legión Inglesa (11.000 voluntarios) que, al igual que los procedentes de Francia, resultaron poco competentes. En cambio, fue de más ayuda la Legión Portuguesa. El apoyo diplomático se concretó en la firma del Tratado de la Cuádruple Alianza entre Francia, Gran Bretaña, Portugal y la España Isabelina de 1834.

    El Abrazo o Convenio de Vergara fue en realidad un compromiso firmado entre Maroto y Espartero en la búsqueda de la reconciliación entre ambos bandos y el deseo de reintegrar a los derrotados carlistas en el nuevo orden liberal. Los isabelinos reconocieron los grados de los oficiales y mandos que habían servido en el ejército carlista.

    Al mismo tiempo, contenía una vaga promesa de mantenimiento de los privilegios forales de cascos y navarros. Sin embargo, en 1841, se aprobarán varias leyes que eliminaban las aduanas de Navarra, así como sus privilegios fiscales, sus exenciones militares y sus instituciones de autogobierno. A cambio, obtuvieron un sistema fiscal beneficioso, consistente en el pago de un cupo contributivo único anual a la hacienda estatal de reducida cuantía.

    Ese mismo año, las tres provincias vascas perdieron parte de sus viejos y tradicionales privilegios forales, como las Aduanas y las Juntas; asimismo, fue derogado el denominado “pase foral”, un antiguo derecho de las instituciones jurídicas y municipales a “obedecer pero no cumplir” las disposiciones y órdenes del gobierno central. No obstante, la población vasca conservó su exclusión del servicio militar obligatorio. En 1846 se produce un segundo recorte con la introducción de los denominados “Conciertos económicos, por medio de los cuales se calculaba la contribución anual de los ciudadanos vascos a los gastos generales del Estado. La cantidad era pactada entre los representantes de las diputaciones forales de las tres provincias y el gobierno estatal, resultando ventajoso para la población vasca.

    La derrota carlista supuso el final definitivo del Absolutismo, además de un descalabro humano y económico enorme, que contribuyó a retrasar aún más el cambio económico en el norte. También significó el comienzo del protagonismo de los militares en la vida política española.

    (1846-1849), también llamada “Guerra dels matiners (madrugadores)”. El pretexto fue la fracasada boda entre Isabel II y el hijo de don Carlos. Se desarrolló solo en Cataluña y fue su principal artífice el general Cabrera. No tuvo consecuencias. Posteriormente hubo otras sublevaciones carlistas: 1855, la Ortegada en Cataluña; 1860, el fracasado intento de pronunciamiento de Carlos VI en San Carlos de la Rápita.

    (1872-1876) fue dirigida contra Amadeo I y la Primera República. De nuevo se alzaron Cataluña, navarra y el País Vasco, pero la restauración borbónica acabó con todas sus esperanzas de éxito. En febrero de 1876, el pretendiente Carlos VII cruzó definitivamente la frontera rumbo a Francia.

    Art. 1.- El Capitán General D. Baldomero Espartero recomendará con interés al gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.

    Art. 2.- Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes y oficiales, y demás individuos dependientes del ejército del mando del Teniente General D. Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de continuar sirviendo defendiendo

    Art. 3.- Los que adopten el primer caso de continuar sirviendo, tendrán colocación en los cuerpos del ejército, ya de efectivos, ya de supernumerarios según el orden que ocupen en la escala de inspecciones a cuya arma correspondan.

    Art. 7.- Si las divisiones de Navarra y Álava se presentasen en la misma forma que las divisiones Castellana, Vizcaína y Guipuzcoana, disfrutarán de las concesiones que se expresan en los artículos precedentes.

    Art. 8.- Se pondrán a disposición del Capitán General D. Baldomero Espartero, los parques de artillería, maestranzas, depósitos de armas, de vestuario y víveres, que estén bajo la dominación del Teniente General D. Rafael Maroto.

    (1841-1843) Su último acto político fue no aceptar el ofrecimiento de Prim de proclamarse rey de España, en el caso de que las Cortes le otorgasen sus votos; (2) 1785-1847 Militar de trayectoria similar a la de Espartero, firmó con éste el Convenio de Vergara, integrándose posteriormente en el Ejército liberal con el cargo de Capitán General, llegando a ser ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina.






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